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Palabras de Su Majestad el Rey al Rey de Nepal Birendra Bir Bikram Shah Deva y al pueblo nepalí

Nepal(Katmandú), 22.11.1987

M

ajestades, supone una gratísima satisfacción para la Reina y para mí poder corresponder con nuestra presencia hoy en Nepal a la visita, que recordamos siempre con cariño, de Vuestras Majestades a España, hace cuatro años.

Sin duda, aquella visita primera abrió nuevas miras en las relaciones entre nuestros dos países, estrechando los lazos de una amistad que está felizmente marcada por la cordialidad y la mutua comprensión de las aspiraciones de nuestros pueblos, así como por la cooperación entre nuestros gobiernos.

Nepal, en su devenir histórico, ha asumido las herencias de una diversidad de pueblos y civilizaciones, habiendo cristalizado este legado en un rico acervo cultural. El nacimiento en estas tierras del Gautama Buda, hace más de dos milenios, y también el de Sita, heroína del épico Ramayama, sitúan en Nepal los orígenes de dos influyentes religiones, la budista y la hindú, que han aportado algunas de las más fecundas inspiraciones espirituales de la historia del hombre.

Hoy en día, este conjunto de ideas de tolerancia, no violencia, paz y comprensión siguen conservando toda su vigencia en un mundo que, desgraciadamente, no vive aún a la altura de estos nobles principios.

Nepal ofrece, junto a su sorprendente combinación de culturas y creencias, una relevante colección de monumentos y obras de singular interés arquitectónico y artístico que convierten al país en vivo y abierto museo. A ello se añade la majestuosidad de sus montañas y la belleza de sus valles y ríos, que estimulan la imaginación e inspiran la meditación de los visitantes del país.

Majestades, bajo vuestro activo liderazgo, Nepal practica una política exterior de paz, con un profundo respeto a los principios de la Carta de las Naciones Unidas y a los postulados básicos del Movimiento de Países No Alineados.

Bajo su persona también, Nepal acaba de asumir las responsabilidades de la Presidencia de la Asociación de Cooperación Regional de Asia del sur, tras la exitosa Cumbre que los líderes de los siete países miembros recientemente han celebrado en esta ciudad. España desea felicitaros por ello y auguraros todo género de éxitos en el desempeño de esa alta misión.

En plena coherencia con esa línea política, vuestro país viene reafirmando su propuesta de constituirse en «zona de paz» y ha buscado activamente el apoyo internacional para ese proyecto. Hoy han reconocido ese deseo casi un centenar de países.

España, en consonancia con los principios rectores de su acción exterior, de reconocimiento del derecho de todos los países a la independencia y a la soberanía, renunciando al empleo de la fuerza como medio para dirimir los conflictos, acogió favorablemente en 1983, esta propuesta de Vuestra Majestad de declarar a Nepal «zona de paz».

El gobierno de mi país reiteraba así la disposición de España en pro de toda iniciativa de paz, más aún si comporta, como es el caso, una definición de prioridades nacionales que centra en el desarrollo la tarea primordial del Nepal de hoy.

Estamos seguros, además, que la aceptación de esta «zona de paz» por los países de vuestro entorno constituirá un importante elemento para la estabilidad y el equilibrio de esta región.

España, que ha culminado su incorporación a las instituciones que definen en nuestros días el mundo europeo y occidental, pretende mantener una estrecha vinculación en todos los países de la tierra.

Por razones geográficas, históricas y culturales evidentes, nuestras relaciones con Iberoamérica y con los países del Mediterráneo se han fraguado en una sensibilidad y un entendimiento fraternales. Al propio tiempo, el gobierno de mi país se esfuerza permanentemente en impulsar y profundizar las relaciones con todos los países del mundo y, cada vez más, con el continente asiático. Fruto de esta disposición es este viaje que con gran interés realizamos ahora la Reina y yo.

Esta voluntad de entendimiento nos hace sentirnos solidarios en la búsqueda de justas soluciones para los problemas de desarrollo político, social y económico de todos los países, sin cuya superación no es posible construir una paz duradera y global.

Majestad, en el año 1992, punto de referencia importante en tantos aspectos para mi país, se celebra el V Centenario del descubrimiento de América. Me complace invitar a Nepal a participar en la conmemoración de aquella empresa que, propiciada por la búsqueda por parte de los navegantes españoles de una ruta a oriente distinta de las conocidas hasta entonces, marcó una nueva era para España y para el mundo.

La presencia de Nepal en esta cita contribuirá a enriquecer este acontecimiento del que forma parte primordial la Exposición Universal, que tendrá como sede Sevilla, hermosa ciudad del sur de España que Vuestras Majestades tuvieron ocasión de conocer durante su visita a mi país.

Permítanme, Majestades, que formule, en nombre de la Reina y en el mío propio, los mejores votos por las relaciones entre nuestros dos países y levante mi copa por vuestra ventura personal y por la prosperidad presente y futura del pueblo de Nepal.

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