Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
ACTIVITATS I AGENDA
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Majestad el Rey al Congreso Nacional de Bolivia

Bolivia(La Paz), 22.05.1987

E

xcelentísimo señor Vicepresidente Constitucional de la República y Presidente nato del Congreso Nacional, honorable señor Presidente de la Cámara de Senadores, honorable señor Presidente de la Cámara de Diputados, honorables señores senadores y diputados, en nuestra estancia en Bolivia, tan pródiga en momentos gratos y experiencias intensas, difícilmente se puede superar la emoción de dirigirme ahora a esta Asamblea, representación genuina del pueblo boliviano.

Además de la historia que nos une, el momento presente vincula a España y a Bolivia de una manera nueva y más estrecha. Compartimos una misma concepción de articular la convivencia nacional mediante sistemas abiertos de representación popular. Ellos son la más pura manifestación de esa voluntad, en la que los componentes de nuestras respectivas sociedades renuncian a la violencia como modo de solucionar los problemas políticos.

Este honorable Congreso Nacional, expresión de esa voluntad, es uno de los símbolos de la transformación realizada en paz y con decisión por el pueblo boliviano en los últimos años, que ha conseguido, con su propio esfuerzo, restablecer la democracia.

Españoles y bolivianos convivimos diariamente con difíciles realidades y perseguimos el ideal que representa la democracia como concepción ética y no sólo como sistema político. Queremos, también, renovar y modernizar nuestras respectivas sociedades, para que nuestros pueblos alcancen los niveles de progreso y bienestar a los que legítimamente aspiran.

Este reto nos exige revisar parte de nuestros hábitos de conducta y defender, ante todo, lo que es el corazón de nuestros sistemas políticos, es decir, la decisión colectiva de avanzar juntos en libertad y en concordia, no olvidando que es la voluntad del pueblo la que tiene la legitimidad y el impulso cotidiano para organizar su convivencia.

Bolivia y España cuentan, afortunadamente, con una inmensa mayoría de ciudadanos que acatan y respetan las normas de convivencia, que ellos soberanamente se han impuesto. Esta voluntad de los ciudadanos es la mejor garantía del cumplimiento, la eficacia y el vigor de cualquier constitución política democrática. Ello explica que los pueblos de España y Bolivia hayan protagonizado, con empeño ejemplar, un tránsito pacífico de formas autoritarias de gobierno a sistemas democráticos.

Señores legisladores, en las difíciles circunstancias por las que tenemos que transitar, nuestra obligación como servidores del Estado -desde su jefatura, desde su poder legislativo, desde su gobierno y en toda la administración- ha de ser la de reafirmar la decisión democrática en los momentos de desánimo. La enorme responsabilidad, en tiempos de crisis, de todos aquellos que encarnamos al Estado, estriba precisamente en que tenemos, ahora más que nunca, que ser la representación digna, viva y alentadora de la nación.

Los fundadores del Estado boliviano estaban penetrados de la idea del servicio al Estado, Simón Bolívar dijo con su habitual inspiración: «La naturaleza me ha impuesto el deber de servir al país en que nací».

Hoy Bolivia, en este marco de convivencia democrática, ha sabido emprender un esfuerzo político y social para hacer frente a una de las crisis más graves de su historia. Crisis marcada por una situación internacional de los mercados de las materias primas en peligrosa inestabilidad y recesión, lo que impide establecer términos de intercambio equitativos, generando, asimismo, relaciones de mayor dependencia. Los compromisos de la deuda exterior ponen en peligro la estabilidad y el progreso justo de los pueblos en desarrollo. Los bolivianos se encuentran también ante un reto de trascendencia insospechada planteado por el fenómeno del narcotráfico, cuya solución no puede darse ya sino en la esfera de la comunidad internacional y con el decidido apoyo mutuo de todos los Estados afectados.

Señores legisladores, si las condiciones del mundo actual no son en modo alguno fáciles, la coyuntura histórica para americanos y españoles es, sin embargo, propicia. El desarrollo de los acontecimientos en Iberoamérica durante los últimos años ha hecho crecer y vivir una nueva conciencia de unidad y vocación continental.

La mayoría de los países comprueba que sus problemas son en muchos casos similares y que la solución no se puede conseguir por separado. Es la propia envergadura de los problemas la que hace palpable la necesidad de la solidaridad iberoamericana.

Este es, pues, un momento decisivo. Seamos solidarios en el presente y hacia el futuro, ya que fuimos partes de un pasado común y compartimos hoy los mismos anhelos, los mismos ideales, vivificados por una misma savia cultural. «La sangre de mi espíritu es mi lengua», dijo con palabras eternas Miguel de Unamuno.

Por estas profundas razones son múltiples los ámbitos en que España viene trabajando con Bolivia, especialmente en el campo de la cooperación técnica, con aportaciones en la formación profesional, en el desarrollo agrícola y en la restauración de monumentos. Asimismo, España está cooperando, en la medida de sus posibilidades, en el campo financiero.

Es propósito firme de España, desde su condición de miembro de las Comunidades Europeas, vigorizar e impulsar las relaciones de Europa con Iberoamérica. Somos conscientes de que estos dos continentes, a los que tantas cosas unen, han vivido de espaldas, desconociendo profundamente sus realidades. No cejaremos en nuestro empeño de ver instaurado un diálogo franco y extenso, que se traduzca en un incremento de los intercambios de todo tipo y en proyectos concretos de cooperación.

España y Bolivia colaboran también mediante las respectivas Comisiones Nacionales para la Conmemoración del V Centenario, Encuentro entre Dos Mundos, en iniciativas que darán realce a la efemérides que, en 1992, estrechará, más aún si cabe, los vínculos entre las naciones de nuestra comunidad iberoamericana. Esperamos que esta conmemoración suponga no sólo un reexamen de lo que fue aquel descubrimiento mutuo, con sus aciertos y sus errores, sino también un estímulo para una mayor presencia de este continente en la realidad internacional de nuestro tiempo.

La reflexión sobre el pasado y la propia identidad, que requiere la situación presente, debe nacer del efecto liberador de la verdad. El conocimiento de nuestra historia nos hace más libres y nos ayuda a conocernos mejor.

A siglo y medio de la Independencia de Bolivia y con la serenidad que nos da esta perspectiva, podemos apreciar la obra de los españoles en estas tierras, desde su llegada, hace ya casi cinco siglos: la creación de centros académicos y universidades, cabildos y alcaldías populares, la fusión con las razas autóctonas, dando lugar a una cultura enriquecida; la aportación del idioma y la conservación, en diccionarios y escuelas, de las ricas variadas lenguas autóctonas. Toda esta actividad diversa y plural fue el acervo en el que los hombres y mujeres de América se inspiraron a la hora de la independencia. Saber cómo han sido los que nos precedieron nos ayuda a conservar aquello que hemos de mantener y a modificar lo que nos impide vivir en armonía en estas nuevas circunstancias. Dirijámonos, pues, al pasado con ánimo socrático, no para tener razón, sino para llegar a la verdad.

Honorable Congreso Nacional, como Rey de España quiero rendir en nombre de mi pueblo un fervoroso homenaje a los próceres bolivianos y a todos aquellos que, llegada la hora de la plenitud histórica de la independencia, fundaron esta República como Estado libre y soberano.

De las luchas civiles entre hermanos salió el abrazo fraterno en que debe encontrar su fundamento nuestra comunidad de naciones, libres y soberanas. Por este reencuentro definitivo miramos hoy los españoles a las grandes personalidades indias, mestizas o criollas, de vuestra historia política, intelectual, científica o artística con ojos de afecto familiar.

En el camino hacia el futuro de paz y bienestar para nuestros pueblos, España apoya con hondo convencimiento los esfuerzos en marcha para la integración de las naciones Iberoamericanas.

Los países del Pacto Andino, esa gran esperanza en el campo de la integración en el hemisferio sur americano, comparten un proyecto histórico y un modelo político similares, consideran que la democracia y la sociedad abierta son la mejor respuesta a la crisis, en la medida en que permiten la adhesión voluntaria de los ciudadanos al Estado. Y esta adhesión voluntaria a los pilares que sostienen el Estado es la que abrirá nuevas y mejores vías de solución a los problemas que aquejan a estas sociedades. España se ha declarado solidaria con este proyecto de integración y presta su concurso a los países andinos en la medida de sus fuerzas.

Señor Presidente, honorables senadores y diputados, éste es el sentido fraternal con el que me he permitido traer a consideración algunas cuestiones que nos son comunes, las exigencias similares del momento histórico y nuestras posibilidades como gran comunidad humana. Me he detenido también en los problemas por que tengo la convicción de que de nuestra reflexión en común podemos extraer fuerza y esperanza. En la medida en que sepamos aunar esta condición particular y universal al mismo tiempo, honraremos lo mejor de nuestras diversas tradiciones y aportaremos luz al ideal del porvenir, que es la convivencia de todo el género humano, sin excluidos ni condenados.

Deseo a este Congreso Nacional que prosiga sus trabajos en beneficio del pueblo boliviano, guiado por las ideas de libertad, justicia y progreso.

Muchas gracias.

Torneu a Discursos
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+