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Palabras de Su Majestad el Rey a la Presidente de Nicaragua Violeta Barrios de Chamorro y al pueblo nicaragüense

Nicaragua(Managua), 17.04.1991

S

eñora Presidenta, la Reina y yo agradecemos profundamente las entrañables palabras de bienvenida que nos habéis dedicado en este marco magnífico del Teatro Nacional, ventana abierta al Lago Managua y a la belleza de sus volcanes.

Vuestra cariñosa acogida y el soberbio espectáculo de danzas típicas que acabamos de presenciar en un edificio que, como éste, lleva el nombre del genio de la lengua española, son un claro exponente de la hospitalidad y generosidad nicaragüenses.

Señora Presidenta, las elecciones de febrero de 1990, significaron un hito trascendental en la evolución y la construcción política de la Nicaragua contemporánea.

Vuestra excelencia, señora Presidenta, simboliza para el pueblo nicaragüense, para la opinión pública española y para el mundo la oferta hecha a la reconciliación, el camino de la unidad de los nicaragüenses, la cicatrización de las heridas de los pasados conflictos y la construcción del futuro sobre la síntesis de los esfuerzos, los aciertos y los errores del pasado.

Atrás quedaba un conflicto que por su propia dinámica había degenerado en tensión armada, y empezaba, bajo el signo de la esperanza, con vuestro mandato, una nueva era explícitamente dedicada a la reconciliación y reconstrucción del país.

Señora Presidenta, los pueblos y naciones de Iberoamérica, España y Portugal, redescubren, a medida que nos aproximamos a la conmemoración de nuestra vieja relación, la profundidad de sus semejanzas y los lazos que los unen. La comunidad iberoamericana aparece como una realidad generadora de confianza y un punto de encuentro de infinitas posibilidades.

En el contexto de esa comunidad iberoamericana de naciones, cuyo sustrato y vitalidad propios superan definiciones jurídicas, estoy seguro de que España y Nicaragua se apoyarán mutuamente para lograr su definitiva consolidación.

Entiendo que en el proceso histórico de cada una de nuestras naciones y, en especial, en los momentos de elección de nuevas vías para profundizar la democracia en que nos encontramos, todos los demás países iberoamericanos debemos solidarizarnos con los esfuerzos de cada uno de nosotros por construir ese futuro mejor. Tened la certeza de que, en estos años trascendentales, España no faltará a su compromiso.

Me alegra grandemente que hayáis podido aceptar mi invitación para asistir a la reunión de mandatarios iberoamericanos en Madrid en el verano de 1992. Lo significativo de la fecha deberá estimularnos a diseñar un futuro más solidario para nuestros pueblos.

Todos entendemos que 1992 no deberá ser sólo un recordatorio del pasado recorrido en común, sino muy especialmente un momento de ánimo y decisión que nos permita construir una sociedad mejor para el futuro. La necesaria semilla de nuestra comunidad iberoamericana está sembrada en buen terreno. Es preciso ahora cuidar este árbol plantado bajo el que, manteniendo cada uno de nosotros nuestras particularidades respectivas, encontremos un cobijo común.Ese mismo año, tendrá lugar, en Sevilla, la Exposición Universal, donde vuestro gobierno ve una extraordinaria oportunidad para presentar de modo expresivo la nueva Nicaragua de los años noventa.

Señora Presidenta, las dificultades económicas, sociales y políticas, presentes en todos los países del mundo, deben servir de estímulo para construir, peldaño a peldaño, una sociedad mejor.

El actual momento de Nicaragua, en plena transición entre dos vías diferentes de desarrollo, no está exento de obstáculos. Quiero por ello que mis palabras sirvan de ánimo y de expresión de nuestra solidaridad. El camino emprendido por el gobierno que vuestra excelencia dirige se presenta como la vía más adecuada para hacer frente en las mejores condiciones al desafío de las dificultades actuales.

En el quehacer bien orientado de vuestro gobierno y de vuestro pueblo, contáis con tres importantes ingredientes: el expreso deseo de reconciliación, la comprensión y apoyo internacional, aun cuando éstos se hayan retrasado en su materialización más de lo deseable, y sobre todo, la capacidad de innovación, entrega y patriotismo del pueblo nicaragüense.Mi gobierno ha continuado y aumentado el proceso de colaboración que desde antiguo mantiene con Nicaragua. En los momentos actuales de particular dificultad para la reconstrucción de la economía nicaragüense, España sabrá estar a la altura de vuestras legítimas expectativas y hará un esfuerzo financiero especial para ayudar a esta nación hermana.

Tan importante como los datos económicos en sí, o incluso más, es la voluntad de los hombres y las naciones de sobreponerse a los retos que la historia les presenta y en ese noble esfuerzo podéis contar con el apoyo, el interés y el entrañable cariño de España.

Quiero también aprovechar la oportunidad que se me brinda para hacer un llamamiento a la comunidad internacional para que, con un sentimiento de respeto y solidaridad, acuda con generosidad en ayuda de Nicaragua.

Señora Presidenta, en esta nuestra primera y deseada visita a Nicaragua, con la emoción y la alegría que este encuentro nos produce a la Reina y a mí, quiero invitar a todos los presentes a levantar su copa por la ventura personal de Vuestra Excelencia, por la prosperidad y el bienestar del querido pueblo nicaragüense y por las relaciones fraternas entre España y Nicaragua.

Muchas gracias.

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