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Palabras de Su Majestad el Rey a las Fuerzas Armadas en la Pascua Militar

Madrid, 06.01.1991

Q

ueridos compañeros, ante un nuevo año cargado de expectativas trascendentes y apenas terminado el que ha sido testigo de tan importantes e inesperados acontecimientos como los que se han producido en el mundo, me es muy grato reunirme con esta representación de las Fuerzas Armadas en la tradicional celebración de la Pascua Militar.           Os envío, ante todo, mi felicitación más cordial y os agradezco vuestra disciplina, vuestra lealtad y los servicios prestados desde que en esta misma fecha de 1990 tuve la satisfacción de dirigirme a vosotros con igual ilusión e invariable afecto.

Estamos viviendo momentos muy delicados.No hace muchos días, en mi mensaje de la nochebuena a todos los españoles, tuve ocasión de hacer referencia a dos hechos cruciales: la distensión que ha tenido lugar entre los bloques que durante un prolongado período de tiempo aparecían enfrentados, y la forma incontenible con que países sometidos a regímenes alejados de la democracia, manifestaban sus deseos de respirar nuevos aires de libertad.

De ambas circunstancias -hace poco imprevisibles- debemos alegrarnos sinceramente.Pero, al mismo tiempo, aludía también, ensombreciendo el panorama, al grave foco de tensión originado por la crisis del Golfo Pérsico, que a todos nos mantiene pendientes de sus vicisitudes, preocupados por su desenlace y sufriendo sus consecuencias.

Una crisis que, si bien presenta un indudable aspecto militar, tiene repercusiones en los más variados órdenes, porque los conflictos bélicos ya no se reducen a enfrentamientos entre los ejércitos.

Por eso, lo cierto es que en estas festividades de navidad y año nuevo, durante las cuales los hombres sienten más que nunca la necesidad de la paz, no podemos tener la seguridad de que se mantenga, aun cuando conservemos la esperanza de soluciones justas, conseguidas a través del diálogo y la negociación y alejadas de la violencia.

Pero no podemos caer en tentaciones de despreocupación y confianza excesiva, porque incluso aquellos cambios que derribaron obstáculos de apariencia inconmovible, y sorprendieron tan agradablemente al mundo, han de consolidarse todavía durante un complicado y difícil período de adaptación, al que todos hemos de prestar nuestro apoyo.

Dentro de esta variable situación internacional y de la búsqueda de sistemas políticos que tiene lugar, no sólo en los países del este y del centro de Europa, sino también en Sudamérica y en los que se encuentran en vías de desarrollo, en España podemos tener la satisfacción de haber superado, de manera ejemplar y pacífica, una difícil transición y consolidado nuestra democracia.

Como en el mundo entero se reconoce, nuestra experiencia puede servir de modelo a quienes se encuentran ahora buscando caminos adecuados para solucionar sus problemas políticos, económicos y sociales.

Debemos, pues, estar orgullosos de nuestra posición, manteniendo una actitud de colaboración permanente, en la que las Fuerzas Armadas, como integrantes de la nación en su conjunto, han de ser partícipes.

Es preciso, asimismo, que extendamos a los demás nuestros sentimientos de solidaridad, prestando -como dice el preámbulo de nuestra Constitución- la aportación de España al fortalecimiento de las relaciones pacíficas y a la eficaz colaboración entre todos los pueblos de la tierra.

El Ministro ha expuesto cuál ha sido la presencia de España en el proyecto de la nueva arquitectura de seguridad europea y la que han tenido las Fuerzas Armadas de nuestro país como elemento de esa construcción.

También, más allá del continente europeo, efectivos de nuestros ejércitos comenzaron el pasado año y han consolidado desde entonces una participación activa en la salvaguarda de la paz internacional, bajo los auspicios de las Naciones Unidas.

El valor de esta experiencia nos ha de servir a todos, pues hemos superado nuestras fronteras en una proyección exterior que no sólo enriquece a quienes forman parte de estas misiones, sino que debe atraer el general reconocimiento.

Asimismo, como consecuencia de la situación internacional y en aplicación de las resoluciones de las Naciones Unidas, tres buques de la Armada española destacados en aguas del Golfo aportan su apoyo a la defensa de la paz y al triunfo de la justicia.

La visita que les hizo el Príncipe de Asturias, fue como un símbolo, no sólo de la adhesión de la Corona, de la que es heredero, a las tripulaciones que allí cumplen con su deber, sino de la decisión de la juventud para aportar su entusiasmo a las causas justas.

Hoy renuevo, una vez más, en nombre de todos los españoles, nuestro recuerdo a aquellas dotaciones y a quienes más directamente las apoyan. La inestimable colaboración de unidades del Ejército del Aire, los esfuerzos de nuestras representaciones diplomáticas y la participación de la marina mercante constituyen el mejor ejemplo de la unión de nuestro pueblo en el respaldo de nuestros soldados.

Estoy seguro de que no necesitáis ostentar un protagonismo destacado, ni os agradan los desmesurados elogios. Pero yo deseo fervientemente que se conozca siempre vuestra labor callada y constante, para que todos los ciudadanos se acerquen con comprensión y afecto a las Fuerzas Armadas, encargadas de velar por la seguridad de todos y que proceden del mismo pueblo al que sirven.

Seamos capaces de reconocer el papel de nuestros ejércitos y sintámonos orgullosos de ellos, porque son un aspecto de la nación, en el que la nación entera está representada.Hemos dicho siempre que pueblo y ejército vienen a ser la misma expresión. La sociedad española de hoy debe saber que las Fuerzas Armadas han respaldado con generosidad, con transparencia, con entendimiento, el proceso de la transformación democrática de nuestra nación.

Ellas han sido las valedoras de la libertad que todos los españoles han asumido con alegría y satisfacción, identificándose con un pueblo moderno. La propia Constitución deposita la confianza en vosotros para que defendáis la paz, el orden democrático, la libertad y la convivencia.

No tengo duda alguna de que esa misma confianza reflejada en la ley se alberga también en el espíritu de todos los españoles. Esta es la base inalterable y firme que no puede verse afectada por situaciones circunstanciales o transitorias.El modelo de seguridad y defensa que España necesita, os exigirá mayores esfuerzos. Estáis comprometidos en un profundo y ambicioso proceso de modernización, en el que las variaciones a que antes me refería suponen dificultades de continua adaptación, pero que estoy seguro sabréis superar en cada momento.

Las Fuerzas Armadas han roto inercias que las anclaban en ellas mismas. Se han abierto a la sociedad para que pueda veros tal como sois, con vuestras clásicas virtudes; con vuestra permanente vocación de servicio, que anteponéis a los deseos personales; con esa austeridad que siempre os ha caracterizado.

Como ha señalado el señor Ministro de Defensa, sería aventurado pretender que los resultados que se derivan del planteamiento de la defensa sean permanentes en el tiempo.Por eso es preciso mantenerse en constante estudio de las situaciones para poder acomodarse a ellas con la máxima agilidad y eficacia. Así ha de proseguir la tarea de modernización de nuestros ejércitos. La vinculación a la Alianza Atlántica y a otras organizaciones internacionales, nos requiere una preparación y una potencia constantemente renovada. El mantenimiento de la paz exige esa dedicación y esas mejoras.

Tengo la esperanza de que la juventud, en la que se apoya nuestro futuro, comprenda que es preciso ser generosos y solidarios, porque una sociedad se debilita cuando deja de creer en la defensa de los valores esenciales de la libertad y la independencia, o piensa que éstos se logran sin esfuerzo y sin sacrificio.

La clara exposición del Ministro de Defensa plantea, ante el porvenir, las tareas inmediatas, complejas y necesarias a las que, con la disciplina que os caracteriza, debemos dedicarnos. De las Fuerzas Armadas ha de llegar a la sociedad su perfecta sincronización con los poderes civiles y las Instituciones del Estado.

Cumplimos quince años de democracia y podemos decir, con lúcida satisfacción, que en ese ambiente de libertad las Fuerzas Armadas han cumplido, cumplen y cumplirán su trascendental misión.

Termino con un recuerdo lleno de dolor para los que, un año más han sido víctimas del terrorismo brutal y desalmado.Y apenas comenzado el presente, un querido compañero de mi promoción, el coronel de Infantería Luis García Lozano, ha venido a incluir su nombre en la prolongada lista de los que han perdido la vida a causa de esa locura que se caracteriza por su cobardía y su inutilidad.

A todos les tenemos muy presentes en nuestra memoria y en nuestra indignación.Muchas gracias por vuestra presencia en este acto.

Mi agradecimiento también al señor Ministro por sus palabras y su felicitación.Y a los soldados cuyo mando ostentáis, a los compañeros por vosotros representados, a las distintas Unidades de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, y de la Guardia Civil, os hago llegar en estos momentos, con los mejores deseos de mi familia, la expresión permanente de mi afecto y os reitero la más cordial felicitación en esta Pascua Militar.

¡Viva España!

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