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Palabras de Su Majestad el Rey a los participantes en la VIII Conferencia Iberoamericana de Comisiones Nacionales para la Conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América-Encuentro de Dos Mundos y la II Conferencia Internacional de Comisiones

Santiago de Chile, 18.10.1990

S

eñor Presidente de la República de Chile, señoras y señores, es para mí muy grato saludar, en nombre de la Reina y en el mío propio, a los representantes de los países participantes en la VIII Conferencia Iberoamericana de Comisiones Nacionales y en la II Conferencia Internacional de Comisiones Oficiales V Centenario, así como a los observadores e invitados.

A todos, mi más sincero agradecimiento por su acogida.

Si con ocasión de una pasada reunión de la Conferencia Iberoamericana de Comisiones V Centenario, celebrada en Puerto Rico, ya tuve la oportunidad de dirigirme a este foro, cierto es que hoy mis palabras caen en terreno abonado por una labor ya hecha.

Y buena prueba es que en esta ocasión clausuramos también la II Reunión de la Conferencia Internacional de Comisiones Oficiales, que ha abierto la conmemoración del V Centenario a nuevos países, a cuyos representantes quiero saludar de una manera muy especial.

Cuando la vocación americana de mi país y de los países aquí representados se ve reforzada por el progreso de los derechos humanos, la democracia y la libertad, como ha ocurrido en Chile, nuestra esperanza crece y se reafirma. Metas que años atrás parecían muy lejanas, hoy son tangibles realidades.

En estos momentos en los que la comunidad internacional se ve amenazada por una crisis, en la que hay que destacar los esfuerzos que se llevan a cabo para asegurar la paz y la estabilidad en el mundo, deseo renovar mi profunda convicción de que sólo por medio de la cooperación y el respeto al orden internacional, pueden alcanzarse las metas de progreso y paz a las que la humanidad aspira.

Nuestra satisfacción está en comprobar cómo una comunidad de naciones tan amplia como la iberoamericana está utilizando la cita de 1992 para establecer entre sí una base más sólida de relaciones y de vínculos, por medio de estos foros de trabajo en torno a proyectos concretos que, edificados sobre nuestro pasado común, buscan para el futuro la ampliación de todo aquello que nos une.

Estoy convencido de que, sin un conocimiento profundo de la realidad iberoamericana, es difícil entender el mundo en el que vivimos. En este sentido, utilizaría, ampliándolas, las palabras de Pablo Neruda, quien dijo que «quien no conoce el bosque chileno, no conoce este planeta».

Para ello, es importante que en estas Conferencias de Comisiones V Centenario se hayan utilizado como temas de debate los tres elementos que definen el pasado, el presente y el futuro de este continente.

«La significación de los pueblos indígenas en América», es un aspecto que fue ya objeto de debate en la pasada Conferencia de Guatemala. Allí y acá se ha contribuido al reconocimiento y mejor comprensión de las culturas indígenas como elemento imprescindible de la identidad americana.

«La presencia de Africa en América» ha puesto en evidencia, una vez más, la aportación incuestionable y enriquecedora de hombres y culturas, que también vinieron del otro lado del Atlántico y que contribuyeron con su sangre y esfuerzos a la construcción de América.

Y, en tercer lugar, la emigración llegada de Europa, que en los últimos siglos ha venido encontrándose y fundiéndose con este continente.Es opinión de todos que nuestro trabajo no puede quedar en la mera conmemoración de una fecha.

Para nosotros, 1992 es ante todo una atalaya para divisar el futuro. España así lo ha entendido y, desde hace unos años, su esfuerzo se concentra en participar en programas que favorezcan la cohesión iberoamericana, así como una mayor vinculación de América con los países europeos más próximos a su identidad y cultura.

Por ello, nos congratulamos particularmente de que el Presidente de los Estados Unidos Mexicanos haya tomado la feliz iniciativa de convocar para el próximo año un encuentro de mandatarios iberoamericanos en el que España ha aceptado inmediatamente participar.

Para dar continuidad a este primer paso y con objeto de dejar constancia de nuestra firme voluntad de avanzar conjuntamente hacia esa comunidad iberoamericana, fraterna y solidaria, he convocado un encuentro similar en España para 1992.

Hoy, en esta tierra americana, quiero ante todos ustedes reiterar oficialmente esta invitación. Contamos ya con la calurosa acogida de todos los países y sé que Chile tendrá una activa participación para el éxito de esta empresa.

Debemos esforzarnos porque el calor con el que se acogen estas iniciativas no se limite sólo a las fechas inmediatas, y asumir que estamos inmersos en un proceso abierto y flexible cuyos frutos se irán acrecentando con el paso de los años, tenemos la seguridad, más que la esperanza, de que todas las naciones de este gran continente contribuirán con renovado interés a dar vida a lo que ayer era un sueño y hoy es ya un ambicioso proyecto.

Señor Presidente, señoras y señores, en mi nombre y en el de la Reina, quiero expresar nuestra gratitud por esta acogida, nuestra enhorabuena por los trabajos realizados y nuestra profunda satisfacción por haber tenido la oportunidad de asistir a la clausura de estas fructíferas conferencias.

Muchas gracias.

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