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Palabras de Su Majestad el Rey en la inauguración de la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa sobre ecosistemas del Mediterráneo

Islas Baleares(Palma de Mallorca), 24.09.1990

E

s para mí una satisfacción y un motivo de esperanza inaugurar esta reunión de la Conferencia para la Seguridad y la Cooperación en Europa sobre ecosistemas del Mediterráneo.

Satisfacción por dar la bienvenida a los señores Ministros y a las delegaciones de los Estados participantes, a los señores Ministros y delegaciones de los Estados no participantes, y a los representantes de las organizaciones internacionales.

Esperanza por un doble motivo. No sólo porque la reunión constituirá sin duda un aviso solemne a nuestra responsabilidad colectiva en la protección del Mediterráneo, sino porque estará presidida por el espíritu de cooperación que la CSCE ha hecho triunfar en Europa.

La elección de esta isla como sede ha sido un acierto. Palma de Mallorca es un paradigma del Mediterráneo, un símbolo de todo lo que este mar ha representado en el pasado y queremos que vuelva a representar con nuevo vigor en el presente. Cruce de rutas y culturas, unidad original bajo la diversidad, sentido del equilibrio, ánimo de tolerancia, voluntad de convivencia.

Como por azar, el olvido de estas virtudes antiguas han coincidido con la degradación progresiva de nuestro mar. Creo que ha llegado la hora de que todos concurramos a restaurar la salud de sus aguas y la de nuestra solidaridad; de que nos consagremos a restituir la vida al mar y la vitalidad a nuestra convivencia.

El Mediterráneo, que ha sido cuna del espíritu de conciliación, está obligado a encontrar un compromiso nuevo entre progreso y medio ambiente. Tiene que demostrar que la contradicción entre técnica y naturaleza es un conflicto falso que puede superarse con una cultura responsable.

El Mediterráneo recibió su nombre de Roma por encontrarse en medio del mundo entonces conocido. Es un título afortunado que con el paso del tiempo se ha convertido en una concepción de la vida, en símbolo de entendimiento, en sinónimo de interdependencia.

Este es el legado que debemos recuperar, el talante al que hemos de apelar para superar los desacuerdos del presente. Nuestra convivencia en el pasado se nutría de la conciencia de nuestra comunidad de intereses. Hagamos de este mar, otra vez, el centro de nuestro interés común para que podamos de nuevo reencontrarnos.

De nuestra tradición común podemos extraer lecciones para el futuro.

Si somos coherentes con el espíritu mediterráneo, seremos capaces de construirnos un espacio de convivencia que sea ejemplo para la reconstrucción de un mundo más sano, más solidario y más pacífico.

A la vez que mi enhorabuena, expreso a todas las delegaciones los mejores deseos de acierto y éxito en los trabajos que van a realizar durante esta reunión.

Muchas gracias.

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