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Palabras de Su Majestad el Rey a la Comunidad Científica al entregar los Premios de Investigación

Madrid, 06.03.1989

N

os reunimos en este acto solemne para poner de relieve los méritos de unos investigadores ejemplares y para subrayar la importancia que nuestra sociedad concede a la labor creadora en uno de los ámbitos más trascendentales de las sociedades desarrolladas.

Sin el dominio del conocimiento científico, no es posible contemplar con confianza y optimismo el futuro.Este reconocimiento que hoy expresamos alcanza a las distintas vertientes científicas y singularmente las humanidades, las ciencias de la naturaleza y la tecnología. Desde una consideración del avance del saber como un bien en sí mismo, tenemos que contemplar a la ciencia como expresión del trabajo y de la inteligencia del hombre, cuyo cultivo nos desarrolla como personas y nos permite mejorar nuestro entorno social.

En una sociedad de paz y bienestar hemos de apoyar y estimular la creación científica, siempre que ésta sea de calidad. Ello no impedirá sino que más bien permitirá dar preferencia a aquellas cuestiones cuya resolución concreta demanda la sociedad actual.

A los poderes públicos, pero también a los hombres de ciencia, les corresponde establecer esas prioridades de forma ordenada.

En este mundo marcado por el desarrollo tecnológico, que tiende frecuentemente a ser excesivamente pragmático, el científico, el humanista, tienen el deber de recordarnos que debemos poner la ciencia y la tecnología al servicio del hombre.

Además de aumentar el conocimiento sobre nosotros mismos y sobre el mundo que nos rodea, han de ayudarnos a solucionar nuestros problemas de salud, de calidad de vida, de respeto del medio ambiente. Han de ayudarnos también a alcanzar, para nosotros y para nuestros hijos, cotas más altas de desarrollo y bienestar.

Es cierto que ese trabajo que hoy les demandamos no ha sido fácil en el pasado. Tres de los científicos que dan nombre a los premios que hoy entregamos, desarrollaron su labor en circunstancias erizadas de notables dificultades.

Ramón y Cajal, Torres Quevedo y Menéndez Pidal vivieron en medio de estas dificultades, pero, a pesar de ello su genio y su tenacidad les permitió hacer contribuciones excepcionales en sus respectivos campos científicos.

Sus continuadores encuentran hoy un clima crecientemente favorable para su labor. Contamos con instrumentos jurídicos, presupuestarios y administrativos para avanzar de forma decidida. La ley de la ciencia, el plan nacional, permiten una mayor coordinación de todos los esfuerzos, propician la participación de los distintos sectores, potencian los aspectos que debemos abordar con mayor prontitud y permiten el apoyo a la investigación de calidad. Nuestros investigadores están respondiendo con creces a los esfuerzos de todo orden que están realizando los poderes públicos y las empresas.

Quiero prestar decididamente mi apoyo a este clima renovado, ya que entiendo que lo que nuestra sociedad invierta en todo tipo de medios y en el reconocimiento de esta actividad científica, redundará, con el tiempo, en el engrandecimiento y mejora de esa misma sociedad.

Por ello me siento firmemente comprometido con toda iniciativa de desarrollo cultural y científico-técnico que conduzca a nuestro país a la posición que por su cultura, por su historia, y por la potencialidad de sus hombres, le corresponde en el ámbito internacional.

Los Premios Nacionales de Investigación que hoy entregamos, se han otorgado en un ambiente de recuerdo y de reconocimiento al esfuerzo de un ilustre monarca, Carlos III, que participó decisivamente en el asentamiento de las bases de un progreso intelectual, científico y tecnológico que transformó a España.Con frecuencia, y con motivo de ésta y de otras efemérides, hemos contemplado cómo iniciativas que nos causan asombro por su calidad, por la antelación con que abordaron los problemas, no tuvieron, con demasiada frecuencia, continuidad temporal.

No debemos escatimar ningún esfuerzo para que el futuro de nuestro desarrollo cultural y científico-técnico esté libre de escollos y para que el mundo de la investigación pueda, definitivamente, contribuir en forma decisiva a nuestro enriquecimiento material y moral.

Los investigadores que hoy galardonamos han dado prueba fehaciente de su fructífera labor. Unos lo han hecho a lo largo de una dilatada carrera investigadora, que sirve de ejemplo a nuestros jóvenes. Otros, por su juventud, por la brillantez de sus aportaciones, corroboran nuestra confianza en el brillante futuro de nuestra investigación y en la continuidad de la tarea que este país ha emprendido con más fuerza que nunca.

Por último, deseo agradecerles en nombre del pueblo español su generosa contribución. El premio es un tributo, un homenaje, un reconocimiento y como tal me siento orgulloso de entregárselo.

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