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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de Ecuador Rodrigo Borja y al pueblo ecuatoriano

Madrid, 12.09.1989

S

eñor Presidente, a la Reina y a mí nos complace sobremanera dar a Vuestra Excelencia y a la señora de Borja la bienvenida más cordial y afectuosa a España.

Vuestra presencia permitirá reforzar y actualizar nuestras relaciones bilaterales, que se basan en lazos entrañables históricos de lengua y cultura. España y Ecuador comparten, además, los ideales de democracia y justicia social que debemos mantener con firmeza en este mundo difícil y cambiante de final de siglo.

En 1980 tuvimos la gran satisfacción de visitar vuestro país. El Ecuador, enclavado en el corazón de la América Latina, nos impresionó por su hermosa diversidad. La costa tropical, la sierra andina, la selva amazónica, el paraíso natural de las Galápagos tienen su correspondencia con una variada pluralidad de modos de vida y de entornos humanos y sociales. Así, vuestro país se encuentra plenamente inmerso en ese maravilloso crisol de culturas, que es tan propio de Iberoamérica.

Señor Presidente, sabemos de los esfuerzos que vuestro gobierno está realizando para superar la aguda crisis económica que desde hace unos años está sufriendo el pueblo ecuatoriano, como otros pueblos del continente. Es nuestro ferviente deseo que estos esfuerzos y sacrificios se vean coronados por el éxito.

También somos conscientes de que el servicio de la deuda externa representa, en los actuales términos, una carga difícilmente sostenible para los pueblos iberoamericanos. En el último año se han producido iniciativas interesantes que pueden llegar a trazar el camino para una solución satisfactoria. España no ha sido ajena a esos esfuerzos internacionales, como ha podido comprobarse en el reciente Consejo Europeo celebrado en Madrid.

España desea colaborar, en la medida de sus posibilidades, al desarrollo del Ecuador. Por ello, ha venido facilitando asistencia financiera para la ejecución de importantes obras civiles de infraestructura: equipamiento hospitalario, tendido de redes eléctricas, abastecimiento de agua potable y construcción de embalses y de vías públicas.

Con ese mismo objetivo, ambos gobiernos han comenzado a diseñar y llevar a cabo variados proyectos de cooperación técnica. Nuestro deseo es ejecutar, de común acuerdo, programas en áreas socialmente prioritarias, como educación, vivienda, desarrollo rural integrado y restauración del rico y valioso patrimonio cultural ecuatoriano.

Señor Presidente, vuestro gobierno se halla empeñado en llevar a cabo una política exterior de activa presencia y participación en el escenario internacional. Se trata de una opción cada vez más imperiosa en el mundo interdependiente de nuestros días. Vuestra reciente asistencia a la Cumbre de Países no Alineados en Belgrado, a la que España ha asistido como invitada, es una prueba más de esta vocación internacionalista del Ecuador de hoy.

Desde España contemplamos con toda simpatía vuestras acciones en pro de la integración andina y la concertación latinoamericana. En torno a esas ideas y desde la perspectiva española, quiero señalar, señor Presidente, que deberíamos partir de aquello que nos une y realizar entre todos un esfuerzo por dar vida a nuestra comunidad iberoamericana de naciones, de tal forma que se vaya escuchando y atendiendo su voz en el concierto internacional.

Ecuador y España tienen en el horizonte de 1992 un reto común, con motivo del V Centenario del Encuentro entre el viejo y el nuevo mundo. Debemos encarar con imaginación y amplitud de miras esta fecha clave, que no sólo constituirá un catalizador para impulsar múltiples proyectos que culminarán entonces, sino, sobre todo, ha de ser el punto de partida para afrontar juntos y de manera solidaria los desafíos de la sociedad del siglo XXI.

Es cierto que el año 1992 marcará también la Europa sin fronteras de los Doce países que formamos la Comunidad Europea. Razones políticas, económicas, geográficas, bien evidentes, fundamentan el compromiso europeo de mi país. Al propio tiempo, debe quedar claro que España no renuncia con ello a su dimensión iberoamericana. Por el contrario, ahora le toca hacerla valer dentro de la Comunidad Europea. Pretendemos que la relación entre la Europa comunitaria e Iberoamérica se acreciente y desarrolle, y para lograrlo necesitamos también de vuestra colaboración y apoyo.

En suma, Ecuador y España se reencuentran una vez más, señor Presidente, con vuestra visita. Hagamos votos por que nuestros países consoliden unas relaciones bilaterales acordes con sus respectivas situaciones en el mundo actual y con sus irrenunciables vínculos y raíces comunes.

Señor Presidente, al reiteraros nuestra bienvenida más calurosa, quiero, en mi nombre y en el de la Reina, invitar a todos a brindar por la ventura personal de Vuestra Excelencia y la señora de Borja y por la prosperidad del pueblo del Ecuador.

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