Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
ACTIVITATS I AGENDA
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega del Premio Cervantes a Augusto Roa Bastos

Madrid(Alcalá de Henares), 26.04.1990

D

e nuevo, como ya es tradición anual, la figura de don Miguel de Cervantes nos reúne en este insigne paraninfo de la Universidad de Alcalá de Henares. El acto de entrega del Premio que lleva tan universal nombre, vuelve a concitar en todos nosotros la idea de una comunión lingüística entre dos mundos, celebrada ahora por el lazo de la literatura.

Y hay que decir «gran literatura» o «literatura con proyección en el tiempo», pues este año, el máximo galardón literario en lengua española ha sido concedido a un gran y emblemático escritor, Augusto Roa Bastos, hombre de letras e ideas, de palabras y conciencia. Un escritor que nunca ha deslindado su obra, destinada, como arte, a todos los hombres, de su condición de demócrata y amante de la libertad, destinado a su pueblo, el Paraguay.

Porque no es fácil privarnos de esta óptica al hablar de la obra de Roa Bastos. Una obra, conviene recordar, no muy extensa, pero imprescindible, capital para entender lo que Eduardo Galeano llamó, con bello y dramático título: «Las venas abiertas de América Latina».

Y conviene recordar, igualmente, que Roa Bastos ha fraguado su literatura desde el exilio, un largo exilio de cuarenta años. No hay que olvidar nunca esa situación de tantos escritores hispanoamericanos que no han podido ni querido apartar de sus libros, por justicia, un principio moral al que han apostado su vida.

Tanto en el repertorio de sus notables cuentos, como en sus dos grandes novelas, Hijo de hombre y Yo el supremo, Roa Bastos trata de ser el escrutador en voz alta de la voz colectiva, callada, de unos pueblos que narran su historia. Ya en Yo el supremo, gran novela, o libro cifrado, o documento, o ingenio monumental, el autor hace decir a ese personaje oscuramente quijotesco que es Gaspar de Francia esta frase: «Memoria de uno solo no sirve para nada».

Es ésta la esencia de lo que nos quiere dejar Roa Bastos, la huella de una mediación: su prosa al servicio del recuerdo de un pueblo, de la historia, en definitiva. En su obra maestra, tal y como la calificó Carpentier, está toda la novela hispanoamericana, pero también una suerte de análisis de los años libertadores de hispanoamérica. Esta voluntad de Roa Bastos por recrear la memoria colectiva, nutre y enriquece la identidad de los pueblos americanos, rescatando del olvido sus raíces y su ser.

Por eso, la literatura de nuestro galardonado, dotada de una creatividad exuberante, admirada y reconocida como pieza clave en las letras de habla hispana, posee el don de servir, a la postre, a un alto fin: el reencuentro del hombre con la democracia. Quiero citar una vez más palabras suyas, claras y alentadoras: «No acabará esta especie maligna de la sola-persona hasta que la persona-muchedumbre suba a imponer todo su derecho sobre lo torcido y venenoso de la especie humana.»

Con todo esto, en Roa Bastos confluye, a través de tan importante galardón, algo que es el espíritu mismo de los premios Miguel de Cervantes: el vínculo, mediante la lengua, de unas culturas amplias y diversas, la española y las hispanoamericanas, en continuo diálogo.

Un diálogo encarnado en los relatos de El Trueno entre las Hojas o Moriencia, y en los ensayos siempre inteligentes de Roa Bastos. Porque Roa, ciudadano de dos continentes, concilia una manera de ver, que no ha de ser dispar, entre los dos lados del Atlántico. Tal vez en ello radique la razón de esa búsqueda constante que es su prosa: un punto común de culturas.

Roa Bastos ha ido siempre al corazón de los conflictos, con integridad. Su obra, construida con precisión y lentitud de orfebre, ha quedado ya como la creación de un mundo que refleja la realidad de los hombres y las mujeres de un continente esperanzado. Y de su fecunda literatura todos admiramos la sólida unión entre belleza y verdad.

Cuantos aquí y ahora se sienten honrados en su compañía así lo reconocen con gratitud. Como lo reconocemos y agradecemos la Reina y yo al entregar este Premio a Augusto Roa Bastos, creador, por la palabra, de una literatura dirigida al sentir y al actuar de los hombres.

Se levanta la sesión.

Torneu a Discursos
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+