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Palabras de Su Majestad el Rey en la recepción al Cuerpo Diplomático

Palacio Real de Madrid, 22.01.1990

S

eñores Embajadores, es un motivo de satisfacción para la Reina y para mí reunirnos con Vuestras Excelencias otra vez, como todos los años, para desearos un año nuevo lleno de venturas.

Agradecemos las afectuosas palabras que el Nuncio de Su Santidad, en calidad de Decano del Cuerpo Diplomático, nos ha dirigido en su nombre y en el vuestro.

Este año nuevo coincide con un momento lleno de esperanza en la superación de enfrentamientos y divisiones en el mundo que han caracterizado buena parte de nuestro siglo.

España alienta el proceso de reformas democráticas y pacíficas en la mayoría de los países del centro y del este de Europa. Estos cambios deben contribuir a que la división que ha vivido nuestro continente desde la II Guerra Mundial se vea sustituida no sólo por una mera convivencia pacífica, sino por intensas relaciones de cooperación en todos los campos que estimulen y enriquezcan el conocimiento mutuo. Mi gobierno ha manifestado por ello su voluntad de participar activamente, en la medida de sus posibilidades, en el esfuerzo, coordinado por las Comunidades Europeas, de ayuda económica a los países en vías de reforma y apertura.

España se felicita también en la continuación del proceso de distensión, ratificado en la última Cumbre de Malta entre los Presidentes de Estados Unidos y de la Unión Soviética. Este clima de buen entendimiento impulsará sin duda las negociaciones de desarme, tanto nuclear como convencional, que España espera que culminen con la próxima firma de tratados equilibrados y verificables.

Es de suma importancia, para la consolidación de este nuevo clima, que las grandes potencias den muestras de entendimiento y colaboración entre sí, pero también de respeto y consideración por todos los demás Estados que componen la comunidad internacional y que son iguales en derechos conforme a los principios de las Naciones Unidas.

Señores Embajadores, la superación de las tensiones militares, políticas e ideológicas entre el este y el oeste deben contribuir, y de hecho lo está haciendo ya, a la solución de conflictos regionales en diversas partes del mundo.

Las recientes elecciones en Namibia abren un horizonte de paz y libertad para aquel pueblo y muestran toda la potencialidad del cambio pacífico y democrático en el Africa austral. Nos congratulamos por haber tenido el honor de participar en el esfuerzo internacional para conseguir un arreglo pacífico en este conflicto, mediante la presencia de soldados españoles en las fuerzas de pacificación de las Naciones Unidas.

Seguimos con gran atención el desarrollo de los acontecimientos de Oriente Medio y esperamos que en el año que comienza puedan ponerse las bases a fin de que en un futuro próximo todas las partes implicadas se sienten para encontrar un acuerdo justo que respete el derecho de cada uno de los pueblos de la región a vivir en paz y en seguridad.

España desea fervientemente que consigan frenarse los últimos episodios violentos que han golpeado de nuevo Centroamérica. Mi país estará siempre dispuesto a contribuir a los esfuerzos pacificadores y a apoyar, tanto en el ámbito bilateral como comunitario, las iniciativas tendentes a la superación de los problemas económicos de la región y a la consolidación definitiva de la democracia. Así lo está ya demostrando con su participación activa en el Grupo de Observadores de las Naciones Unidas para Centroamérica, al mando, precisamente, de un general español.

Quiero también recalcar la alegría y la emoción con que hemos contemplado cómo las recientes elecciones en Chile van a significar la definitiva consolidación de la democracia en aquella parte del mundo tan próxima a nuestro corazón.

Señores Embajadores, estos próximos años nos presentan unos retos apasionantes.

La progresiva superación de la división este-oeste va a hacer más patente una división no menos trágica: la llamada división norte-sur entre países ricos y países pobres. Es necesario por ello un esfuerzo coordinado de los países industrializados para propiciar un desarrollo armónico que consiga un nivel de vida digno para esa gran parte de la humanidad que ahora viven en la pobreza.

El problema del medio ambiente se presenta asimismo como uno de los protagonistas de nuestro tiempo. Hay que aunar esfuerzos, concitar voluntades, poner en marcha recursos hasta ahora inexplorados para detener y enmendar este proceso que pone en peligro las condiciones mismas de la vida en nuestro planeta.

Señores Embajadores, durante el primer semestre del año 1989, que acaba de terminar, España ha asumido la presidencia de las Comunidades Europeas. Mi país ha sabido mostrar con esa ocasión su vocación europeísta, impulsando los procesos que conducen a la consecución del mercado único en 1993 y a la superación de los desequilibrios regionales en la Europa comunitaria. Por ellos nos felicitamos de la reciente convocatoria de la Conferencia Intergubernamental sobre la Unión Económica y Monetaria a fines de este año que ahora comienza.

Mi gobierno está empeñado en la profundización de la integración europea para conseguir una Europa más justa y solidaria, más homogénea, más propiamente fiel a sí misma.

Nuestra identidad europea no entra en ningún momento en contradicción con nuestra profunda vocación iberoamericana, sino que antes bien esas dos dimensiones se complementan y enriquecen mutuamente.

Faltan sólo dos años para 1992, un año jubilar en tantos aspectos, en el que España será triplemente anfitriona del mundo en Sevilla, Barcelona y Madrid.

El año 1992 verá la culminación del proceso diseñado por el Acta Unica Europea y, a la vez, el V Centenario de aquel momento estelar en que el mundo tomó conciencia cabal de sí mismo, en el consiguiente comienzo de la Edad Moderna.

Esta efeméride, además de conmemoración, debe ser sobre todo una proyección hacia el futuro. Debe, pues, estar presidida, más que por el recuerdo, por la imaginación creadora.

Señores Embajadores, de nuevo en nombre de la Reina y en el mío propio, quiero agradecer a Vuestras Excelencias su cariño y dedicación a España.

Os rogamos que hagáis llegar a vuestros respectivos pueblos y Jefes de Estado nuestros mejores votos de paz y prosperidad y os deseamos personalmente un año 1990 lleno de venturas.

Muchas gracias.

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