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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la entrega del Premio Príncipe de Viana de la Cultura 2001

Navarra(Real Monasterio de San Salvador de Leyre), 18.07.2001

S

eñor Presidente, Autoridades, señoras y señores:

Quiero que mis primeras palabras sean para identificarme con Navarra, aún más si cabe, en estos días en que ha sido tan ferozmente atacada por el terrorismo de ETA, en la persona del Concejal de Leiza Don José Javier Múgica. Me uno con toda firmeza a la condena de este crimen canallesco, como a la del que ha segado la vida en Leaburu a un servidor de la sociedad vasca, el ertzaina Don Mikel Uribe, y al dolor de sus familiares y compañeros.

Ahora, volvamos a la cultura, que es el tema que hoy nos ocupa.

La cultura es una aventura individual, una seña de identidad, y el termómetro del progreso de un pueblo. Renueva el pasado sin clausurarlo, asume el presente para mejorarlo y proyecta el futuro con ilusión y confianza.

Es como la savia que bulle en un organismo vivo, y que circula por los caminos en que se fragua la realidad y sus empeños, sean mayores o sean cotidianos: el lenguaje, el arte, los modos de aprender y de enseñar, las reglas con las que convivir, la ciencia y las creencias.

Navarra, histórico reino y floreciente Comunidad en el seno de la Nación española, cumple con la cultura así entendida, y la desarrolla en todas sus facetas, asumiendo y enriqueciendo las influencias de otros círculos mayores de civilización, y creando un conjunto peculiar y característico.

Estos valores son los que se propone distinguir la concesión del Premio "Príncipe de Viana" de la Cultura, que en este primer año del nuevo milenio ha recaído en el escritor pamplonés Miguel Sánchez-Ostiz, cuya obra literaria constituye un empeño singular en el paisaje de las letras españolas de los últimos años.

El empuje, la fuerza y el dinamismo que han caracterizado a tantos hijos de esta tierra, se dan con especial relieve en su figura y su amplia y variada obra, que aúna la vasta cultura del erudito con la honda pasión creadora.

La personalidad y la obra de Miguel Sánchez-Ostiz, como él mismo acaba de proclamarlo, están enraizadas en Navarra, lo que no impide, sino que más bien propicia, que su obra tenga una dimensión universal.

Como las gruesas raíces permiten al árbol elevarse hacia el cielo y extender sus ramas en el aire, las vivencias, los recuerdos y las ilusiones sentidas en este escenario de las ciudades y los pueblos navarros son el hontanar del que nace una obra de gran categoría estética, de una indiscutible solvencia literaria y con un elevado nivel de compromiso personal.

Navarra es una referencia permanente de su obra. En sus novelas, en sus poemas, en sus diarios, en sus artículos, ha sabido extraer de ella, y de Pamplona sobre todo, un interesante flujo literario y un marco en el que expresar los valores que definen su trayectoria.

Su figura de escritor se nos muestra como la de un luchador solitario, aunque con vocación pública de su oficio; como alguien que ha sabido seguir su estrella y ha sido fiel a sus sueños; como quien tiene la responsabilidad de decir y opinar sobre cuestiones y sucesos que afectan a la vida en común; como quien ejerce la vocación de contribuir con la palabra a asentar la verdad y la libertad, al servicio de la sociedad, por encima de las rutinas y los silencios del miedo y la conformidad.

Estoy seguro que a partir de hoy, cada vez con más fuerza, sus numerosos lectores seguirán renovándole, día a día, el premio de su fidelidad y admiración por la valentía, la entrega y el buen empeño que impregnan toda su obra.

Mi cordial enhorabuena a Miguel Sánchez-Ostiz por este merecido galardón, el decimo segundo de los Príncipe de Viana que desde el año 1990 viene concediendo la Comunidad Foral, que hago extensiva a sus familiares y amigos que hoy le acompañan en esta ceremonia en el marco incomparable del Monasterio de Leyre, tan cargado de simbolismo y tradición.

Muchas gracias.

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