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Palabras de Su Majestad el Rey en el homenaje a la Lengua Española

La Rioja(San Millán de la Cogolla), 27.10.1992

N

o podía faltar en las conmemoraciones de 1992, cuya profunda universalidad ha quedado patente dentro y fuera de España, esta cita en San Millán de la Cogolla.

Rendimos así homenaje a nuestra lengua común, que se escribió por vez primera hace algo más de mil años en este monasterio, donde más tarde trabajó el primer poeta de la literatura castellana cuyo nombre nos es conocido.

Este acto responde también perfectamente al objetivo del Aula Permanente de la Lengua Española, que es investigarla y estudiarla, con el aire renovador que tanto conviene a la espontánea y constante evolución propia de toda lengua viva.

Es deber de justicia reconocer y alentar el trabajo de las instituciones y personas que asumís, sin fatiga y con ánimo a veces superior a los medios con que contáis, la noble tarea de profundizar, explorar y actualizar las posibilidades de la lengua como instrumento de comunicación y vehículo de cultura.

El idioma no sólo expresa la realidad, sino que la interpreta dándole aquella forma determinada que mejor manifiesta los valores e ilusiones de quienes la hablan. La cultura es el estadio superior y el fin último a que toda expresión lingüística naturalmente tiende, y la lengua misma es cultura.

Quienes rompieron las barreras del mundo hace quinientos años, llevaban también en su modesto equipaje este gran tesoro, que iluminó el descubrimiento y es, con el concurso de todos los que hablan, escriben y piensan en español, el eje fundamental y distintivo de una de las principales comunidades del mundo, como afirmación de vitalidad, y prenda y presagio para el futuro.

La vocación universal que por esta razón adorna nuestra lengua no excluye, sino que reconoce y valora sin esfuerzo, las de todas las lenguas que hablan los españoles, cuya diversidad nos enriquece y es parte de nuestro patrimonio cultural, como acertadamente dice la Constitución.

Todas conviven normalmente en esta España unida en una sola Monarquía, que asume la variedad con naturalidad y con orgullo, como algo que nos distingue de cara a los procesos de integración en comunidades más amplias, y nunca como una dificultad o una rémora.

Convivir no es tolerarse, sino integrarse, dando y recibiendo lo mejor de cada uno, sin imposiciones ni violencia, siempre inoportunas y más en este tiempo que debemos dedicar a multiplicar nuestras energías y nuestra cohesión interna para resolver los retos del presente y poner los cimientos de nuestro futuro.

Cuando el humilde Gonzalo de Berceo, deslumbraba con sus versos a los peregrinos, a los habitantes de estos hermosísimos enclaves de España, no sabía, seguramente, que junto a los Milagros de Nuestra Señora, él estaba haciendo el milagro de una lengua universal. Ella nos abraza y es nuestra mayor riqueza.

El espíritu de generosidad y mutuo reconocimiento que preside este acto es, por ello, para los que aquí estamos, y para todos los españoles, motivo de especial satisfacción, y constituye el mejor bagaje con el que empezar a recorrer los próximos mil años de nuestra lengua.

Se levanta la sesión.

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