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Palabras de Su Majestad el Rey a los participantes en la Exposición Universal de Sevilla 1992

Sevilla, 12.10.1992

L

a historia de los pueblos y de las naciones, aquella que cuenta de verdad y que se transmite de generación en generación, tiene, de vez en cuando, fechas muy significativas que los escolares aprenden y jamás olvidan.

Estoy convencido que si preguntáramos a los niños españoles una fecha, una sola fecha de la historia de España, la respuesta más generalizada sería el 12 de octubre de 1492. Y es que, con independencia de los juicios que quieran emitirse, ese día y ese año tienen una importancia decisiva para la configuración de la actual realidad española.

Por ello, es muy lógico que quinientos años después tengamos la capacidad de rememorar aquel acontecimiento celebrando el día de España en la Exposición Universal de Sevilla como singular cierre alegórico en un día festivo para todos los españoles.

Nuestro país, con la mira puesta en este día de hoy, se planteó hace ya algunos años unos objetivos muy ambiciosos que podían parecer entonces excesivamente arriesgados: la Cumbre Iberoamericana de Madrid, los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla.Era una apuesta valiente para calibrar y poner a prueba las capacidades de los españoles. Era un ejercicio complejo de inversión en caudal político, en sistemas de organización, en desarrollo de infraestructuras y en recursos humanos.

Ha sido un gran esfuerzo de movilización y de solidaridad, una constante prueba de la voluntad colectiva por dar lo mejor de sí mismo y presentar al mundo entero la imagen de una España moderna y dinámica.

Hoy podemos decir que ha valido la pena. Que el trabajo y el sacrificio de tantas personas han dado un resultado que honra a los españoles y por ello la Corona, que quiere estar siempre unida a los ciudadanos, siente la misma profunda satisfacción.

Ahora tenemos ante nosotros una tarea si cabe más apasionante: la de consolidar lo realizado y proyectarlo hacia el futuro. No podemos darnos por satisfechos sino que debemos perseguir nuevas metas que confirmen a España como un país moderno, capacitado para trabajar con las demás naciones en la construcción de un orden internacional justo y en paz.

Vivimos en Europa momentos de inquietud que sacuden los cimientos de un edificio construido, paso a paso, con gran dedicación. La España de hoy, que ha dado ejemplo en este año 1992 de solidaridad y coordinación internas, puede y debe ahora aportar su contribución decidida al gran proyecto de la integración europea.

Por encima de aciertos o de errores, de discrepancias concretas, tiene que persistir ese gran impulso nacional que, a lo largo de este año de 1992, ha mostrado la fuerza de este país. Hay que canalizarlo para poder afrontar con garantía los retos de esta década.

Quisiera con este espíritu invitarles a brindar, sencillamente, por España y por un futuro de bienestar y prosperidad para todos.

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