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Palabras de Su Majestad el Rey a la comunidad internacional en la Conmemoración del V Centenario del Descubrimiento de América

Sevilla, 11.10.1992

T

al día como mañana, hace quinientos años, Cristóbal Colón protagonizó el que sin duda ha sido uno de los grandes acontecimientos de la historia de la humanidad, el descubrimiento de América, el encuentro entre dos mundos.

Como diría el autorizado comentario de Humboldt, «desde la fundación de las sociedades humanas, nunca se había ensanchado tan repentinamente y de modo tan maravilloso como entonces, el círculo de las ideas en lo que respecta al mundo exterior y al sistema de sus relaciones en la dilatada extensión del espacio».

En este acto de conmemoración de aquel primer nexo de España con América, de Europa con América, quisiera hacer especial hincapié en la evidencia de que el descubrimiento no fue un hecho unidireccional, de ese lado del mar hacia el otro. El surgimiento de un nuevo continente supuso un enriquecimiento colectivo y, por ende, un trasvase recíproco.

Si Europa se fundió con América en aquel inmenso crisol, América nos ha devuelto un influjo riquísimo que, hoy, quiero subrayar especialmente. Los españoles, en concreto, debemos a América la ampliación de nuestros horizontes; el hallazgo de oportunidades vitales; el impulso artístico de movimientos literarios que, por su envergadura, han dado a la literatura en español nueva trascendencia universal.

Esta fecha del 12 de octubre, esta conmemoración solemne del V Centenario, no son, pues, protocolarios recuerdos de un viejo acontecimiento histórico; son el recuento de medio milenio de caminar juntos, con nuestros lógicos encuentros y desencuentros familiares, en pos de un destino común determinado por nuestro sentimiento de comunidad. Iberoamérica, Hispanoamérica, Latinoamérica, no es un concepto artificial sino una realidad pujante, que en este medio milenio ha adquirido consistencia y forma.

Ahora estamos en el camino de edificar de verdad una comunidad iberoamericana que, mediante una paulatina integración de nuestros intereses comunes, dé solidez y potencia a nuestra área geopolítica. Las cumbres de Jefes de Estado y de Gobierno de Guadalajara y Madrid, que en el futuro tendrán continuidad en encuentros semejantes, constituyen los pilares sobre los que asentar el largo trayecto de institucionalización de un ámbito político, étnico y cultural que echó a andar hace precisamente cinco siglos justos y que está destinado a adquirir un creciente peso relativo en el mundo.

La conmemoración del V Centenario, cargada de saludable polémica, nos ha servido a todos para reflexionar sobre nuestra realidad, para recapitular aquello que nos une, y que es sin duda mucho más de lo que nos separa. Rebasado este hito y perdida la referencia cronológica, los iberoamericanos debemos preocuparnos por no rebajar la nueva intensidad de nuestra relación. Si así lo hiciéramos, cometeríamos sin duda un grave error, y de ahí el interés de España por afirmar, con el V Centenario, una serie de proyectos perdurables que nos garanticen el futuro.

El esfuerzo de la cooperación entre nuestros países, la voluntad -puesta de manifiesto en la Cumbre de Madrid- de llevarla a cabo mediante proyectos concretos, será sin duda lo que nos mantenga próximos y nos facilite proseguir en el camino que nos hemos trazado.

Por tal motivo, y al llegar a esta fecha señalada, quiero agradecer muy especialmente a las Comisiones Nacionales del V Centenario de todos los países iberoamericanos su incansable labor para dar sentido y realce a esta conmemoración, que ha servido para vincularnos todavía más entrañablemente.

Desde que Martínez de la Rosa estableciera por primera vez relaciones diplomáticas entre España y las Repúblicas iberoamericanas, entonces recién emancipadas, nunca nuestra comunidad ha podido exhibir tan grande acopio democrático como ahora. Felizmente, este V Centenario se conmemora en un marco de libertad fructífera, que nos permite alentar una esperanza en nuestras potencias y en la calidad del futuro en común que nos aguarda.

Deseo especialmente, en esta fecha singular, enviar a todos los pueblos iberoamericanos un mensaje de amistad. Creo, con don Miguel de Unamuno, que «con nuestras raíces tenemos que buscar, buceando en nuestras honduras, las raíces de los pueblos hispanoamericanos, que son las nuestras».

Y estoy seguro de que ese día de mañana, largo tiempo esperado, será la confirmación de una relación mucho más fecunda que antaño, de un cúmulo de empresas en común, de una sociedad real entre nuestros pueblos, que son los que marcan a los gobernantes, espontáneamente, las pautas de una fraternidad a toda prueba. Entre todos hemos de construir el edificio de Iberoamérica.

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