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Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida en honor del Presidente de Uruguay, Sr. Luis Alberto Lacalle

Palacio Real de Madrid, 06.04.1992

S

eñor Presidente, deseo que mis primeras palabras sean de agradecimiento por el cariño y la hospitalidad que dispensasteis a nuestro hijo, el Príncipe de Asturias, cuando en noviembre del año pasado visitó vuestro país.

Para la Reina y para mí es ahora motivo de gran satisfacción dar a vuestras excelencias la más cordial bienvenida a España. Por múltiples razones, de nuestra historia común y de hoy en día, que están en la mente de todos, España os acoge con el sentimiento de estar recibiendo a quienes son de la familia.

Vuestra venida se produce en un momento muy significativo para los dos países.

Uruguay y España se hallan inmersos en un proceso de adaptación a las realidades políticas y económicas de nuestros días, que no tiene otro propósito que hacer sentir nuestra voz en el nuevo concierto mundial y proporcionar un mayor nivel de bienestar a nuestras poblaciones.

Uruguay y España se han adherido a sendos procesos de integración, convencidos de su necesidad en un mundo cada vez más interdependiente y, por eso mismo, más proclive a que las naciones defiendan sus intereses en conjunto.

España está empeñada en el proceso de la unión política y económica en el seno de las Comunidades Europeas. Uruguay, en su calidad de socio fundador de MERCOSUR, ha dado señales de estar dispuesto a emprender la gran reconversión que tal integración supone.

Los ajustes son siempre difíciles, pero creo sinceramente que habéis elegido el mejor modo de hacerles frente. Será para nosotros un privilegio de solidaridad el cooperar, en la medida de nuestras posibilidades, a ese objetivo integrador en que vuestro país se ha embarcado junto con Argentina, Brasil y Paraguay.

Señor Presidente, últimamente, la realidad política ha experimentado enormes cambios. En poco tiempo, hemos visto desaparecer una parte del mundo y renacer otra con el surgimiento de nuevas naciones. Todo ello va a implicar un importante reto para todos los países que deberán participar en la creación de un orden internacional más justo.

Ante el mismo, los dos países formamos parte de la misma Comunidad Iberoamericana.

Este vínculo de hoy no hubiera sido posible si ambos pueblos no admitiéramos que tenemos muchas cosas en común, tantas que permiten entendernos en la misma lengua. Prueba, asimismo, de esta afinidad es el gran número de familias españolas, procedentes de muchas regiones, que decidieron un día asentarse en Uruguay, recibiendo allí una cariñosa acogida que hizo posible que contribuyeran con ilusión a la creación y desarrollo del país.

Este cúmulo de similitudes nos permite que, juntos, con los demás países de nuestro entorno histórico, podamos ir esforzándonos por crear un ámbito iberoamericano de cooperación.

Toda iniciativa inspirada en esos principios ha de ser, en consecuencia, apoyada.

Conocemos vuestra propuesta de crear un mercado común del conocimiento que nos haga compartir los avances científicos y tecnológicos. España y otras naciones pertenecientes a la Comunidad Iberoamericana desea, como sabéis, aunar con la vuestra sus iniciativas en el mismo sentido. Creo que todos estamos de acuerdo en que, en el umbral del siglo XXI, la cooperación científica ha de tener un lugar en nuestros esquemas de colaboración.

Se trata, al fin y al cabo, de nuestra proyección común hacia el futuro, para la cual disponemos de un año muy significativo como punto de partida.

Señor Presidente, 1492 es hoy referencia obligada. Quinientos años después vemos consolidado un encuentro que cada uno de nosotros hemos de saber aprovechar con la satisfacción de comprobar que la democracia, libertad y el respeto de los derechos humanos son ya la regla general de nuestra comunidad de naciones y permiten llenar de contenido al conjunto de nuestras relaciones.

Con esta visita reafirmáis este propósito. Por nuestra parte, deseamos también aprovechar vuestra presencia para establecer un esquema ambicioso de cooperación en todos los ámbitos.

Cooperación bilateral que, siendo excelente en el diálogo político, puede y debe incrementarse en el ámbito económico, porque los dos países tienen potencial para ello, pero precisa ser encauzado.

Dentro de pocos meses, volveremos a encontrarnos en Madrid. Por segunda vez en la historia, los Jefes de Estado y de Gobierno de las naciones iberoamericanas se reunirán, en torno a la misma mesa, para dar pasos prudentes que permitan la concreción de iniciativas beneficiosas para nuestra comunidad: transferencia de tecnología, educación y cultura, cooperación para el desarrollo, medio ambiente, derechos humanos, son conceptos que han de marcar la pauta en ese sentido.

No quiero dejar de hacer referencia a los recientes acontecimientos del Perú que nos llenan de preocupación e incertidumbre. Espero y deseo que aquel querido país los resuelva cuanto antes dentro del marco de la democracia y de la libertad.

Señor Presidente, con motivo de la cita de Madrid, tendremos el honor y el agrado, de volver a recibiros como huéspedes. Ahora quiero dejar aquí, en nombre de la Reina y en el mío propio, nuestro testimonio de sincera amistad, e invito a todos los presentes a levantar su copa por la ventura personal de Vuestra Excelencia y la de vuestra esposa, así como por el bienestar y la felicidad del querido pueblo de Uruguay.

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