Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
ACTIVITATS I AGENDA
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Majestad el Rey en la cena de gala ofrecida en honor del Presidente de Israel, Sr. Haim Herzog

Palacio Real de Madrid, 30.03.1992

S

eñor Presidente, concluye con esta cena la jornada inicial de vuestra visita, la primera que oficialmente realiza al Reino de España un Presidente del Estado de Israel, cuando se han cumplido seis años desde aquel 17 de enero de 1986 en que procedimos al establecimiento de las relaciones diplomáticas entre nuestros dos países. Cerramos entonces una página del pasado y abrimos plenamente las puertas a un renovado espíritu de los antiguos lazos entre Sefarad y el pueblo judío y a los de la España actual con Israel.

Vuestra presencia hoy aquí adquiere además un especial significado por la efemérides con la que viene a coincidir vuestra visita.

Estáis en Sefarad, a la que la tradición judía identificó desde sus más lejanas raíces con España, voz cuyo origen es incierto, aunque pudiera proceder de los fenicios y de la lengua sirio-caldea, heredada del antiguo hebreo.

Esta posibilidad nos recuerda las influencias que desde los albores de la historia han tenido en España los pueblos y culturas del Mediterráneo oriental.

La presencia judía en España dataría del siglo II de nuestra era según los vestigios que nos han llegado, aunque para algunos se remontaría, incluso, a la época de la destrucción del primer templo. Lo cierto es que esa presencia milenaria hizo que participasen, al filo de los siglos, en las mismas vivencias que el resto de los habitantes españoles desde el plano político hasta el lingüístico.

Yehuda Halevi podría, con justicia, ser considerado el primer poeta conocido que llegó a expresarse en primitivo español. Por su parte, también a los traductores judíos de reyes como Alfonso X el Sabio, les correspondió en buena medida el desarrollo de la prosa científica y técnica en castellano.

No fue, por lo tanto, una presencia dilatada de extranjeros más o menos adaptados. Aunque conservasen su identidad y patrimonio judío fueron plenamente hispanos y contribuyeron a fraguar lo que habría de ser la personalidad de España como nación.

Tras su obligada salida de España, trasplantaron su herencia como sefardíes a todas aquellas comunidades de las ciudades y países de acogida. Y ese patrimonio de la edad de oro afloraría de nuevo, siglos más tarde, como referencia e inspiración.

Cuando el Príncipe de Asturias tuvo el honor de entregar el Premio de la Concordia, de la Fundación que lleva su nombre, a las comunidades sefardíes, en la ceremonia celebrada en Oviedo, el 18 de octubre de 1990, se vivió un momento entrañable.

Las palabras pronunciadas en aquella ocasión por el heredero de la Corona de España y por quien lo recibió en nombre de esas comunidades, sellaron un abrazo espiritual, cuyo trascendente sentido y emotividad para ambas partes quedó bien patente.

La sinceridad del sentimiento de la España de hoy hacia los sefardíes, que a pesar de la dramática separación de hace cinco siglos supieron conservar su lealtad a la familia y herencia hispana, tuvo expresión y contrapartida, que nos llegó al alma, en aquellos versos a ti Espanya Bienkerida, recitados por el Rabino Gaon.

Como bien solía decir David Ben Gurión, la historia como pasado, con los aciertos y errores humanos que la conforman, no se puede reescribir, ni por el mismo Supremo Hacedor, y debemos asumirla. Pero el hombre labra a diario su destino y trata de escribir su futuro con los mejores renglones posibles. En ello reside su grandeza espiritual. Es algo a lo que los españoles hemos sido particularmente sensibles y que, en alguna de las circunstancias más dramáticas para el pueblo judío en este siglo, tuvo un manifiesto reflejo.

Mañana asistiremos, en una Sinagoga de Madrid, a un acto relevante en el contexto de esa cita con nosotros mismos y nuestra historia, que los sefardíes, el conjunto del pueblo judío y los españoles, tenemos en este año 1992. Bajo la evocación del V Centenario, no puede haber mejor expresión de esa voluntad de reencuentro.

Trascendiendo lo que fue la profunda huella de la separación, su superación nos ha de servir de cauce y aliento para profundizar en lo bilateral y contribuir a la tarea de construir para nosotros mismos y todos los pueblos, en primer término los de nuestro entorno, un futuro de paz con justicia y seguridad.

Señor Presidente, España, se ha dicho muchas veces, no puede entenderse sin esa confluencia de pueblos que estuvo presente en el crisol de nuestra entidad. Nos lo ha vuelto a recordar el propio hecho de la celebración, en este mismo palacio, de la Conferencia de Paz para Oriente Medio. Entre estas paredes se reunieron por vez primera y pública los representantes de todas las partes implicadas en los conflictos de vuestra región. Nos satisface haber podido contribuir con nuestra hospitalidad al lanzamiento de un proceso que, con dificultades, parece ir abriéndose camino poco a poco.

Es una iniciativa acorde con el convencimiento expresado por España, en el momento de establecer relaciones diplomáticas con Israel, de que era posible afrontar el futuro con la esperanza de que una paz justa para todos es una meta alcanzable en esa región que ha sido el origen de tantas cosas trascendentes en la historia de la humanidad.

Nos va en ello el interés como europeos y mediterráneos, la propia filosofía rectora de nuestra actitud como país, los valores en que creemos y, lo que no es menos, un sentiminto de amistad hacia esos pueblos a los que nos sentimos vinculados por los lazos de un largo pasado común y cuyo enfrentamiento nos desgarra.

Nos encontramos en un momento clave para todos: lo que se ha llamado una ventana de oportunidad probablemente irrepetible, que debe ser aprovechada hasta sus últimas posibilidades.

Las partes implicadas en el conflicto tienen que ser las protagonistas de la solución negociada directamente en la vía bilateral. Pero esos esfuerzos cuentan con un importante respaldo internacional que esperamos se haga sentir particularmente en la continuación de la vertiente multilateral.

Como bien sabéis, para que la paz y la seguridad alcancen la plenitud, no basta el simple fin de la beligerancia: se requiere la confianza, el respeto mutuo, la buena vecindad y un soporte de entendimiento basado en una cooperación mutuamente provechosa entre quienes, en su día, fueron contendientes.

Para ello, los pueblos y los gobiernos tienen que alumbrar unas decisiones que no son ciertamente fáciles y cuya negociación puede ser inevitablemente larga y dolorosa, pero que cada vez sería más costoso y difícil postergar.

Es un llamamiento que está en el sentir general de quienes desean el bien y la prosperidad de la región.

Valoramos el esfuerzo que las partes vienen realizando y esperamos que adopten las decisiones apropiadas, con imaginación, generosidad y empeño, que conduzcan a una paz global.

Compromiso territorial, seguridad y paz, son la base de las resoluciones 242 y 338 del Consejo de Seguridad de la ONU para establecer el marco de una solución permanente del conflicto, que debe permitir también al pueblo palestino la realización de sus legítimos derechos nacionales.

Pero todo ello requiere, igualmente, un clima apropiado, una superación de la violencia, una creación de confianza, con gestos que reafirmen la voluntad de encontrar los compromisos necesarios y con el rechazo de aquellos actos que impidan el desarrollo de un proceso de paz.

Señor Presidente, en España hay una actitud de sincera amistad por Israel; de preocupación por su seguridad, desde luego; pero también por su futuro y prosperidad.

Estos años, breves como prisma temporal, pero dilatados en contactos bilaterales, nos han permitido avanzar sustancialmente en la tarea de dotar a las relaciones de un marco político y convencional, así como de un contenido concreto en áreas importantes.

Tenemos las miras puestas en el futuro, que deseamos encarar con la ilusión propia de unos pueblos de largo pasado y, que al mismo tiempo, están animados por un espíritu joven y emprendedor. Esta visita es un hito de ese a la vez dramático y enriquecedor ciclo histórico de encuentro, separación y reencuentro con el continuado diálogo en el que estamos seguros se ha de seguir cimentando el desarrollo de nuestros lazos.

Con ese espíritu quiero brindar por vuestro bienestar personal, el de vuestra esposa, por la prosperidad de Israel y por amistad entre nuestros pueblos y la paz en nuestro entorno mediterráneo.

Torneu a Discursos
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+