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Palabras de Su Majestad el Rey en la celebración del Día Mundial de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja

Madrid, 10.05.1995

L

a Reina y yo sentimos una especial satisfacción al poder sumarnos, con nuestra presencia hoy aquí, a la celebración del Día Mundial de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja.

A lo largo de su historia, Cruz Roja ha sabido encarnar los ideales de generosidad y conciencia social que han hecho posible atender con éxito situaciones de penuria y necesidad en innumerables circunstancias y lugares del mundo.

La abnegada labor de la Cruz Roja y de la Media Luna Roja, y de las organizaciones humanitarias en general, sigue representando hoy para muchas personas la esperanza de acceder a unas condiciones de vida dignas.

Una esperanza desgraciadamente ensombrecida por las situaciones de violencia y pobreza, de miseria y marginación en que vive una buena parte de la población mundial.

Lejos de caer en el desánimo ante la evidente complejidad de los problemas que nuestras sociedades tienen planteados, debemos buscar, entre todos, soluciones de carácter global, imaginativas y valientes.

Los logros en el campo de la cooperación de organizaciones comprometidas en el desarrollo integral de personas y regiones desfavorecidas desmienten, cada vez con mayor rotundidad, las percepciones conformistas o pesimistas de que poco o nada puede hacerse.

No hay razón alguna para renunciar a la posibilidad de alcanzar unas condiciones de vida más justas y más dignas para todos, pero es preciso extender la convicción de que en la práctica de la solidaridad está la garantía de una convivencia pacífica duradera.

En esta ocasión, la Cruz Roja invita a reflexionar sobre las trabas añadidas que todavía encuentra la mujer para su desarrollo personal y sobre su especial vulnerabilidad en los momentos en que las relaciones humanas se vuelven inestables y conflictivas. Para asegurar el progreso deseado, resulta imprescindible concienciar a nuestras sociedades de la necesidad de evitar cualquier forma de discriminación.

No permanecer ajena a la angustia o al padecimiento ha sido el impulso constante que ha guiado la acción de la Cruz Roja desde su origen.

También en España, desde los comienzos de nuestra Cruz Roja, en 1864, sus voluntarios han sabido canalizar la respuesta de la sociedad española a las calamidades ocurridas en otros lugares del mundo.

Ese esfuerzo se ha volcado, del mismo modo, con gran generosidad en la tarea de atender aquellas carencias humanitarias que han surgido en cada momento, aquí, entre nosotros.

Cruz Roja ha mantenido y ampliado su presencia en nuestras ciudades y pueblos, llevando su ayuda social y sanitaria a las personas con necesidad urgente de ella.

Su presencia, cada día más viva y activa en nuestra sociedad, concentra hoy su principal empeño en evitar la marginación de los que se enfrentan a situaciones difíciles y al desinterés o incomprensión de la comunidad.

Quiero animar a todo el voluntariado de Cruz Roja y a todos los que comparten el compromiso de no desentenderse de la desventaja de otros, a seguir aportando su generoso esfuerzo para que ningún caso de sufrimiento humano sea ignorado ni desatendido.

Vuestra callada pero eficaz labor, en la que podéis contar con el apoyo más entusiasta de la Corona, es un ejemplo admirable y una constante llamada a la conciencia de nuestra sociedad para construir, con el esfuerzo de todos, un mundo definitivamente reconciliado.

La Reina y yo queremos, por último, felicitar a todos los premiados con las distinciones de Cruz Roja, con un recuerdo emocionado para los que ya no están entre nosotros.

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