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Palabras de Su Majestad el Rey con motivo de la Pascua Militar

Palacio Real de Madrid, 06.01.1995

Q

ueridos compañeros, me es muy grato reunirme de nuevo con todos vosotros, que representáis a las Fuerzas Armadas en esta celebración de la Pascua Militar, para transmitiros los mejores deseos y esperanzas en el nuevo año que comienza.        Debo agradeceros, una vez más, vuestra lealtad, vuestra disciplina y vuestra profesionalidad, que reflejáis en los servicios que habéis realizado como testigos y actores de un mundo que intenta progresar hacia una paz estable y duradera.

Agradezco también la felicitación que en nombre de todos vosotros acaba de expresarme el Ministro de Defensa, a la que correspondo de todo corazón.

España se ha incorporado plenamente al sistema internacional de seguridad colectiva. La idea tradicional de la identidad nacional aislada, que dio origen a las defensas autárquicas orientadas exclusivamente a sostener la integridad del propio espacio de soberanía o a la participación en alianzas coyunturales, ha sido ya superada. Formamos parte de instituciones de seguridad que se basan en los ideales democráticos y en la cooperación entre todos los pueblos para evitar riesgos de conflicto.

Quienes analizan la realidad de nuestros días afirman que estamos entrando en una era en la que el hombre aspira a pertenecer a un mundo único.El camino más fructífero se encuentra, sin duda, en el fortalecimiento del sistema de relaciones internacionales, aunque todavía parezca complicado. Para ello es imprescindible armonizar el viejo concepto de soberanía nacional y el nuevo de un único orden mundial, al igual que en otros tiempos fue necesario conciliar libertad individual y autoridad para construir los Estados.

Los compromisos que hemos adquirido con Naciones Unidas, con la Alianza Atlántica y en el seno de la Unión Europea Occidental, constituyen la expresión de nuestra voluntad de edificar este mundo con una seguridad común y de compartir, dentro de nuestras posibilidades, esfuerzos singulares para impulsarlo día a día.

Esta voluntad atiende no sólo los cambios conceptuales en las relaciones internacionales sino también la configuración de una nueva política de seguridad que requiere doctrinas militares y despliegues diferentes de las Fuerzas Armadas.

Los ejércitos siguen siendo una institución esencial en la acción exterior de los Estados democráticos, y sus capacidades, sumadas en unidades multinacionales, son determinantes para prevenir el desencadenamiento de conflictos o contribuir a su arreglo pacífico.

Los ejércitos de España, que desde el comienzo de la Edad Moderna estuvieron presentes, muchas veces como protagonistas, en la acción exterior que configuró la Europa actual, no participaron en ella durante el último siglo. Hoy podemos decir que a través de la OTAN, la UEO y el Cuerpo de ejército europeo, los Ejércitos españoles han vuelto a Europa.

Uno de los momentos más emotivos del año 1994 fue, precisamente, veros desfilar el 14 de julio en los Campos Elíseos de París, junto a unidades francesas, alemanas y belgas, en un desfile que tuvo un profundo sentido de reconciliación histórica entre los europeos antaño adversarios.

Estas nuevas responsabilidades de nuestros Ejércitos se asumen en momentos delicados en lo económico que nos convierten a todos y a cada uno de nosotros en gestores de recursos limitados. En este terreno habéis decidido tomar la iniciativa y proyectar y poner en práctica planes para obtener la máxima eficacia de los medios que tenéis. Lo habéis hecho con voluntad firme y con optimismo, movidos por la convicción de que todo lo hacéis en beneficio de los intereses de España, que anteponéis siempre a los vuestros propios.

En este día de la Pascua Militar debo recordar con todo mi afecto a los compañeros que vienen desempeñando misiones de protección y ayuda humanitaria en el escenario de guerra de Bosnia-Herzegovina; a quienes navegan en sus mares adyacentes o están destacados y actúan desde bases aéreas o zonas fronterizas. Extiendo este recuerdo a las representaciones diplomáticas que cumplen una importante y delicada misión en aquel conflicto.

Felicito, también a los que llevan a cabo misiones de paz en El Salvador, Guatemala, Mozambique y Ruanda; así como a las representaciones militares españolas que, con tan alto nivel, desarrollan actuaciones en el concierto internacional como componentes de las comisiones de seguimiento de acuerdo de desarme, representantes en organismos internacionales de seguridad o mandos en unidades militares supranacionales.

A todos ellos mi reconocimiento por su labor de ayuda y cooperación desinteresada que honra al pueblo español y a sus Fuerzas Armadas, ya que sólo desde un hondo sentimiento de solidaridad y desde un firme deseo de aliviar el dolor ajeno se llega a asumir el esfuerzo personal que ello conlleva, y sobre todo, cuando se sufre la pérdida irreparable de nuestros compañeros.

Quiero dirigirme expresamente en este acto a quienes adquieren cada vez más importancia en nuestros ejércitos: los soldados profesionales. Hombres y mujeres que con un tiempo de permanencia superior al del servicio militar, reciben una formación y especialización que les permite después una mejor promoción en la vida civil o la permanencia en las Fuerzas Armadas como militares de carrera. Ellos constituyen un conjunto joven de nuestro pueblo que juega un papel importante en su seguridad y defensa.

Con especial afecto me dirijo a los más jóvenes de nuestros ejércitos, a los soldados y marineros de reemplazo, pues quiero reconocer y agradecerles, en nombre de todos los españoles su voluntad de servicio a la comunidad nacional, al asumir el derecho y el deber constitucional de todo ciudadano de estar preparado y colaborar a su defensa, como elemento básico de la seguridad de todos los españoles.

Al felicitar a todos en esta Pascua Militar, quiero concluir con un especial recuerdo para aquellos que en nuestros corazones y en nuestro afecto ocupan un lugar preferente. Me refiero a todos los compañeros que perdieron la vida víctimas del terrorismo, en el cumplimiento de misiones humanitarias o en el quehacer diario de su actividad castrense.

También tengo presentes a sus familiares y hago mía la pena que les embarga, que se acentúa en estos días tan hogareños. Desde aquí les envío mi abrazo más afectuoso.

Recibid y haced llegar a todos nuestros compañeros, con los mejores deseos míos y de mi familia, la expresión de mi permanente afecto.

Muchas gracias por vuestra presencia.

¡Viva España!

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