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Palabras de Su Majestad el Rey en el acto de apertura del Curso Universitario 1996-1997

Madrid, 30.09.1996

U

na vez más celebramos la inauguración del curso académico universitario, que inicia una nueva y decisiva etapa en la vida de quienes por primera vez acuden a los estudios superiores, y renueva las esperanzas e ilusiones de los docentes y los estudiantes que avanzan en sus respectivas carreras.

La Universidad Politécnica de Madrid cumple este año el vigésimo quinto aniversario de su creación. Al elegirla como sede de este acto queremos honrar su trayectoria y destacar su aportación a nuestro panorama universitario.

Las enseñanzas que aquí se imparten fueron en su origen ejemplo destacado del proceso de modernización que España emprendió a mediados del pasado siglo y cuyo signo distintivo fue la preocupación por crear unas élites directivas identificadas con los procesos técnicos como motor de una nueva civilización.

Algunos de vuestros edificios más representativos siguen transmitiéndonos hoy la fe de sus fundadores en un progreso indefinido basado en el desarrollo de las ingenierías y de un renovado lenguaje arquitectónico.

La integración de estas Escuelas en la Universidad, a la que de hecho ya se asemejaban, es la culminación de este proyecto, que llega así a su madurez definitiva.

Con vosotros entran en el campus universitario los principios e innovaciones técnicas, situándose al nivel de los valores humanísticos que desde hacía siglos daban nombre y constituían la tarea principal de los más prestigiosos centros universitarios.

Más aún, la técnica pasa a convertirse en motor de un nuevo espíritu y marca una impronta indeleble en la cadena de transmisión del saber, tanto en sus áreas más tradicionales como en las de reciente implantación.

En el tiempo de renovación científica y tecnológica que vivimos, el balance de esta evolución es indudablemente positivo. Facilita el conocimiento y difusión al más alto nivel de los prodigiosos avances en este campo, así como su interpretación a través de un conjunto de profesionales altamente cualificados, cuyos servicios son cada día más solicitados.

Los nuevos descubrimientos y sus aplicaciones prácticas han pasado a ser un ingrediente habitual en nuestra vida diaria, y suscitan un sentimiento de avance colectivo sin el que no podríamos llegar a ocupar el lugar que las circunstancias exigen en un mundo en constante evolución.

La importancia de vuestra tarea es, por tanto, fundamental, y es de justicia reconocerla y alentarla.

Pero el lugar preferente que con razón asignamos a la técnica no debe llevarnos a erigirla, y menos aún en este recinto, como el centro y la única explicación de nuestra vida personal y colectiva, definiendo el saber como un conjunto de herramientas con las que manejamos las cosas e incluso las personas en un contexto de implacable materialismo.

Muy al contrario, el saber, y más el universitario, en todas sus facetas y especialidades, pertenece al mundo del ser, no al del tener; es una cualidad de la persona y no una posesión que puede llegar a desnaturalizarla.

Profesar y aprender en la Universidad es un privilegio e impone un talante, que no puede ser otro que el de la generosidad, virtud distintiva de la juventud y de quienes viven en constante contacto con ella.

Tenemos derecho a pediros que seáis generosos en vuestro trabajo, buscando siempre la satisfacción de la obra bien hecha que es el resultado de un esfuerzo constante y sostenido.

Buscad dentro de vosotros mismos la ilusión y la energía necesarias para levantar un futuro sólido y prometedor tanto para quienes lo preparáis como para toda España.

Os animo a ejercer resueltamente la responsabilidad a la que el nivel en que os halláis os compromete. Un titulo universitario no es la coronación de un curriculum bien planeado, ni una franquicia de la que prevalerse, sino un testimonio de rigor para consigo mismo y de solidaridad con quienes nos rodean.

Vuestro paso por estas aulas y la conciencia de las exigencias, siempre antiguas y siempre nuevas, que en ellas se os plantean os ayudarán a cumplir con honor y eficacia la tarea que se os ha encomendado.

Os necesitamos y confiamos en vosotros, universitarios españoles. Por eso os acompañamos en este día jubiloso y en el quehacer cotidiano que hoy comienza.

Queda inaugurado el Curso Universitario 1996-1997.

Se levanta la sesión.

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