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Palabras de Su Majestad el Rey ante la comunidad Empresarial en Sao Paulo

Brasil, 12.07.2000

S

r. Presidente,Señoras y Señores,

Sean mis primeras palabras para agradecer a todos ustedes su asistencia aquí hoy y, de manera muy especial, al Señor Presidente Cardoso, cuya presencia honra y realza la importancia de este encuentro que reúne a tan distinguidas personalidades del mundo empresarial brasileño y español.

Me siento muy complacido de estar en esta gran ciudad y en este inmenso Estado, que constituyen el mayor centro comercial y financiero de Iberoamérica.

Tuve ya la suerte en mayo de 1983, con ocasión de mi primera visita oficial a este país, de conocer esta extraordinaria ciudad de San Pablo. Pero hay un hecho cualitativamente importante que diferencia esta visita de la anterior: la presencia de un número cada vez mayor de empresas y de empresarios españoles que participan en la vida económica de este país.

Brasil y su economía han dado un espectacular salto adelante en este lapso de tiempo. Este país es uno de los que más ha crecido en los últimos veinte años y hoy se encuentra entre las diez grandes economías mundiales. Estoy convencido, dadas las potencialidades brasileñas, de que pronto se consolidará como uno de los colosos económicos del mundo.

El Brasil actual presenta una serie de ventajas comparativas que han contribuído a desarrollar de forma decisiva su economía. El gran tamaño del mercado, la acertada política de privatizaciones y lo diversificado de su sector productivo y de su exportación, junto a una situación política de democracia consolidada, están en la base del dinamismo de su economía y de su sociedad.

La política económica seguida por el Gobierno brasileño, con el objetivo de asegurar la estabilidad a través de una prudente política presupuestaria y de una política monetaria acorde con las posibilidades del país, ha servido para alejar el fantasma de la inflación y mantener unas cuentas externas saneadas, después de las turbulencias del año 98 y principios del 99.

Brasil, después de un año de transición, ha regresado con paso firme a la senda del crecimiento económico. Sus variables macroeconómicas actuales apuntan hacia el afianzamiento de este éxito, que ratifica de forma continuada el Fondo Monetario Internacional.

En todo caso, es preciso resaltar la importancia de las políticas sociales, que adquieren especial relevancia en un país con una población tan elevada como Brasil. La lucha permanente para reducir las desigualdades y hacer partícipe a toda la población de las mejoras de la economía debe seguir inspirando la acción política de nuestros países, comprometidos con la extensión de la sociedad de bienestar.

Esta espectacular recuperación brasileña suscita admiración en España. Mi país fue uno de los primeros que acudió en su apoyo en aquellos momentos iniciales y difíciles de la crisis y participó de forma destacada en el paquete de ayuda financiera que coordinó el Fondo Monetario Internacional.

España no podía haber actuado de otra forma con Brasil porque nunca en nuestra historia común habíamos estado tan cerca el uno del otro. La "integración espontánea", como se ha venido en llamar, de las economías de ambos países se ha convertido en una realidad en estos últimos años. Esta relación cada vez más estrecha ha sido fruto de una política sostenida y decidida por parte de ambos Gobiernos, que comprendieron las indudables ventajas que una mayor imbricación económica, comercial y financiera podría tener para las respectivas economías. Los contactos entre los responsables económicos son frecuentes y muy productivos. La empresa privada de nuestro país, en sintonía con la política del Gobierno español, también ha aumentado considerablemente su presencia en el mercado brasileño.

Esta política ha dado plenamente sus frutos y Brasil, en tan sólo tres años, se ha  constituído en el mayor socio comercial y económico de España en Iberoamérica y en uno de nuestros principales clientes fuera de la Unión Europea. El comercio bilateral está equilibrado y se cifra ya en más de dos mil setecientos millones de dólares. España se ha erigido en los dos últimos años en el mayor inversor en Brasil. Y las empresas españolas, como consecuencia de una política dinámica, están presentes en amplios campos de la actividad brasileña, con especial relieve de las inversiones económicas en los sectores de telecomunicaciones, energía y finanzas.

Respecto de esta muy importante entrada de capitales españoles, que en estos dos últimos años ha superado los diez mil millones de dólares, quisiera resaltar que las empresas españolas acuden con visos de permanencia. En este período de tiempo, alrededor de la cuarta parte del capital español invertido en el extranjero ha tenido Brasil como destino, lo que demuestra que el empresario español tiene una gran confianza en el futuro brasileño y en su potencial crecimiento.

El cuadro descrito es muy positivo, pero queda aún lejos del techo posible. El Instituto Español de Comercio Exterior, organizador de una magnífica "Expotecnia" en 1996 en esta ciudad, continuará dedicando una notable cantidad de recursos a las actividades con Brasil. La Confederación Española de Organizaciones Empresariales también presta una especial atención a este país. En el segundo semestre del presente va a organizará en Madrid la I Cumbre Empresarial Unión Europea-América Latina, un importante encuentro dedicado a nuestras relaciones bilaterales. El Consejo Superior de Cámaras de Comercio también tiene una presencia en Brasil, siendo de destacar el Comité Bilateral de Hombres de Negocios auspiciado por él. No quiero dejar de hacer una referencia especial a la Cámara de Comercio Hispano-Brasileña. En estos dos últimos años ha realizado notables esfuerzos para modernizarse y responder así a las necesidades actuales de la presencia española en Brasil. La labor desarrollada por su directiva ha logrado más que duplicar el número de asociados, convirtiéndose en una de las principales Cámaras bilaterales en este país.

También sé que la empresa privada española va a seguir dedicando atención prioritaria a Brasil. Esta ha podido apreciar las inmensas posibilidades que aquí se ofrecen y ha sabido corresponder asimismo en los momentos de crisis con una confianza plena en el futuro brasileño. Desde esta tribuna me atrevo a vaticinar que muchas empresas con sede en España, en un futuro cercano, tomarán la decisión de incrementar su presencia en San Pablo y en otras ciudades de Brasil. Hace tan sólo cinco años nadie hubiera pensado que empresas brasileñas estarían hoy cotizando en la Bolsa de Madrid.

Desde España se ha venido asistiendo con satisfacción a la consolidación de esa realidad de asociación económica que es el Mercosur. Tengo la seguridad de que Brasil continuará impulsando de forma generosa este proceso de integración, que tanto ha contribuído a la estabilidad de la zona.

La ampliación y profundización de Mercosur deberá acompañarse paralelamente de un mayor acercamiento a la Unión Europea. Nuestro país, como es sabido, es uno de los más firmes defensores de una extensa liberalización de los intercambios entre dichos grandes bloques, así como lo es también respecto del comercio con todos los demás países de Iberoamérica.

Fue precisamente durante la Presidencia española de la Unión Europea, en 1995, cuando se firmó en Madrid el Acuerdo Marco Interregional entre la Unión y Mercosur. La aprobación el año pasado del mandato negociador por la Comisión Europea y el impulso dado en la Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de Río de Janeiro en junio, nos hacen ver con optimismo la firma del Acuerdo de Asociación Interregional  político y económico entre los citados bloques, que actualmente está siendo negociado. Esta integración es uno de los objetivos prioritarios de nuestra política exterior y España no ahorrará esfuerzos para lograrla.

España también es sensible a las preocupaciones brasileñas para facilitar el acceso a los mercados, con vistas a una próxima ronda multilateral de negociaciones, auspiciada por la Organización Mundial del Comercio. Es preciso que todos comprendan que las prácticas proteccionistas son un obstáculo para el desarrollo de los pueblos.

Para finalizar, quisiera decir que el siglo XXI, con la creciente globalización de la economía mundial, deberá evolucionar hacia una mayor integración y una decidida especialización que propicien una mejora de la eficiencia de los procesos productivos. Sin embargo, en este nuevo mundo sin fronteras no deberán olvidarse los aspectos sociales, especialmente los referentes al combate contra la pobreza y a la preservación del medio ambiente para las generaciones venideras. Ante estos futuros retos estoy seguro de que Brasil y España marcharán juntas.

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