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Palabras de Su Majestad el Rey en el almuerzo empresarial en el Castillo de Chapultepec

México D.F., 05.04.1997

S

eñor Presidente de  los Estados Unidos Mexicanos,Distinguidos empresarios mexicanos y españoles,Señoras y señores,

Me complace mucho dirigir unas palabras a este grupo de ilustres representantes del mundo empresarial de México y de España, aunados por el objetivo de engrandecer las relaciones entre nuestros dos países.

Pocos ámbitos como el de las relaciones económicas, comerciales y financieras con el exterior retratan mejor el destino que quiere darse un pueblo a sí mismo y el lugar a que aspira en la comunidad internacional.

En la antesala del nuevo siglo, México ha sabido responder a las exigencias de una sociedad cada vez más abierta y de un mercado globalizado, acometiendo un valiente proceso de liberalización y modernización de la economía.

En el plano multilateral, quiero destacar el ingreso en el GATT, el activo papel de México en la Ronda Uruguay y en las labores de la naciente Organización Mundial de Comercio y, finalmente, el ingreso en la OCDE.

En todos estos foros y negociaciones, la aportación de México ha sido constructiva y dinámica, de manera congruente con su apuesta por una superación progresiva y equilibrada de los obstáculos que aún limitan a nivel mundial la libre circulación de personas, bienes y servicios.

A nivel regional, México es más consciente que nunca de su estratégica ubicación geográfica, liderando ambiciosos proyectos de liberalización comercial con Estados Unidos, Canadá, Colombia, Costa Rica, Venezuela, Bolivia y Chile.

Esta vocación de integración regional no ha hecho sino reforzar la voluntad mexicana de diversificar sus relaciones exteriores, como lo pone de manifiesto el acercamiento de México a la APEC y el inicio de conversaciones conducentes a un acuerdo de librecambio con la Unión Europea.

Todo este proceso de apertura tiene y tendrá, sin duda, profundas implicaciones en la manera de entender las relaciones económicas en México y con México: se observa crecientemente el nacimiento de una nueva cultura empresarial que amplía día a día el horizonte de su actividad y que está explotando con éxito el nuevo escenario económico, consolidando a este país como una gran potencia exportadora. El camino que ha escogido México está, sin duda, plagado de obstáculos y dificultades, pero abre al mismo tiempo posibilidades de desarrollo económico y social sin precedentes.

España quiere recorrer con México este camino, por compartir la misma vocación y entender que el intercambio de experiencias y la colaboración entre los dos países resultará muy fructífera para ambas partes.

La presencia de una nutrida delegación de hombres de empresa españoles que se han desplazado a México con ocasión de este viaje de Estado testimonia este interés y esta vocación de manera mucho más elocuente que mis palabras.

Empresarios mexicanos y españoles intensifican cada vez más sus viajes y encuentros en uno y  otro país y creo que ésta es una condición necesaria para potenciar unas relaciones estables y consolidadas en los ámbitos económico, comercial y financiero.

Relaciones que hasta el momento han sido excesivamente tributarias de coyunturas políticas, monetarias y económicas, conformando lo que parecía un techo insalvable en la expansión de los intercambios de los dos países.

La común pertenencia a la OCDE y la apertura económica están imprimiendo un nuevo carácter al modo de relacionarse de los empresarios mexicanos y españoles.

En ambos lados del Atlántico se es muy consciente de que estamos ante una ocasión posiblemente irrepetible de consolidación de lazos económicos duraderos.

Desde la óptica española, México se contempla como un socio importante y estratégico para incrementar nuestra presencia en el continente americano.

España ha sabido valorar el duro proceso de ajuste aplicado por el Gobierno mexicano y que ha permitido una pronta recuperación de la crisis que afectó a  este país a lo largo del año 1995.

Así lo pone de manifiesto la importante presencia inversora española en México en los peores momentos de su recesión económica y, en particular, la apuesta de los Bancos españoles por el sistema financiero mexicano, tan positivamente valorada por los mercados internacionales.

Junto a estas grandes inversiones, no puedo dejar de mencionar las cada vez más numerosas pequeñas y medianas empresas que han concertado alianzas estratégicas con socios mexicanos, buscando su implantación definitiva en  México en muy variados sectores.

A su vez, también se han producido significativas inversiones mexicanas en nuestro país, con la mira puesta en el mercado único europeo.

Debe ser tarea de nuestros Gobiernos apoyar estos esfuerzos, completando el ya importante entramado de acuerdos bilaterales y favoreciendo una pronta conclusión del proceso negociador de un Acuerdo entre la Unión Europea y México, para lo que España no ahorrará esfuerzos cerca de sus socios europeos.

Señores empresarios, no quiero cerrar estas palabras sin  reiterar que los auténticos protagonistas y actores de las relaciones económicas entre México y España son ustedes.

Entiendo que el encuentro empresarial celebrado ayer ha permitido avanzar notablemente en la definición de objetivos y en el estudio de  mecanismos que permitirán intensificar las relaciones entre nuestras respectivas comunidades empresariales, y hago votos porque el reconocimiento de esta coincidencia de objetivos se traduzca en un fortalecimiento de la cooperación entre nuestros dos países.

Muchas gracias.

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