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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el Congreso Conmemorativo del VIII Centenario de la muerte de Averroes

Sevilla, 14.10.1998

C

omienzo estas palabras expresando mi agradecimiento por la invitación para presidir la inauguración del Congreso "La Huella de Averroes". Agradecimiento que es doble debido a que, por un lado, me da la oportunidad de venir a Sevilla y a este Monasterio de Santa María de las Cuevas. Y por otro, me permite vincularme al recuerdo y revalorización del legado Andalusí, del cual forma parte muy importante el filósofo cordobés que hoy centra nuestra atención.

Este Congreso y la Exposición que se inaugura esta tarde, conmemoran el VIII Centenario de su muerte. Su puesta en marcha refleja el buen hacer y la meritoria colaboración de varias instituciones: El Ministerio de Asuntos Exteriores a través de la AECI y del Comité Averroes, La Junta de Andalucía, la Fundación El Monte y las Universidades andaluzas. A todos ellos, y a los que individualmente también han contribuido a su consecución ofrezco mi felicitación por favorecer el conocimiento de nuestro pasado, tan rico y diverso, que tuvo en el intercambio y fusión cultural uno de sus mayores logros que hoy empezamos a valorar y que serán sin duda nuestro mejor activo para afrontar el futuro. 

El Comité Averroes, desde el momento de su constitución en el año 1996, ha asumido su participación en los actos conmemorativos de este octavo Centenario a través de un programa conjunto hispano-marroquí que materializa la voluntad de conseguir un mejor conocimiento recíproco y promover el entendimiento entre los dos pueblos y sus respectivas sociedades.

Por esta razón me complace especialmente dar mi más cordial bienvenida a nuestros amigos marroquíes, que aceptando la invitación de los organizadores españoles, se asocian a estas conmemoraciones.

El Congreso, como ustedes ya saben, desarrollará la etapa final de sus trabajos en Marruecos, donde también se presentará la Exposición; que por otra parte, cuenta con diversas piezas provenientes de este país. No podía ser de otra manera pues nuestro Averroes pasó diversas épocas de su vida en Marraquech y fue allí donde falleció.

Si en su momento el nombre de Averroes surgió de forma unánime como personaje histórico de referencia para las actividades que pretendemos impulsar desde esta plataforma hispano-marroquí, lo fue, sin duda, por su constante búsqueda de un conocimiento integrador, independiente de los condicionantes de la época, y superador de barreras ideológicas que entorpecen el diálogo con otras culturas. El gran filósofo cordobés es hoy para nosotros, ante todo, uno de los más eminentes protagonistas de la civilización hispanomusulmana, que compartimos, y que sigue siendo una de las claves culturales de nuestros dos países y pueblos.

Lo fue por la universalidad de sus conocimientos, pues además de la historia cultivó el derecho, la medicina, la política y las matemáticas. Y también, quizá sobre todo, por la ambición con que escribió su obra principal, los "Comentarios a Aristóteles", que era la de construir un puente entre la filosofía antigua y la tradición y la sociedad islámicas, entre los pensadores griegos y los de la Europa de su tiempo.

Fue un precursor, lo que le acarreó no pocos inconvenientes por parte de los universos culturales que pretendía reconciliar. Pero, por eso mismo, al cabo de los tiempos, su obra se afianza y aparece hoy a nuestros ojos como un ejemplo de comprensión y encuentro, capaz de alumbrar fuerzas y suscitar iniciativas en las áreas específicas que son fundamentales para nuestro progreso común.

La exposición que ahora se presenta y el congreso que inauguramos hoy, muestran aspectos fundamentales de su personalidad, del entorno socio-cultural andalusí y de la profunda huella de su obra filosófica en el renacer europeo, así como de su proyección en el pensamiento y la filosofía árabe y musulmana contemporáneas.

Estoy seguro de que los investigadores que se dan cita en esta primera sesión del congreso en Sevilla, y los que lo harán en los meses próximos en Málaga, Córdoba y Marraquech, van a enriquecer el conocimiento de la inmensa obra de este pensador,  así como de su visión del sentido de la vida del hombre y del universo que le rodea y condiciona.

Para los visitantes y los participantes en las sesiones científicas del Congreso, estoy seguro de que esta oportunidad de descubrir la personalidad de Averroes será la ocasión más adecuada para revalorizar la figura y revivir el recuerdo de un personaje excepcional de nuestra común historia.

En su persona rendimos homenaje a quienes, como el polígrafo cordobés, hicieron de su vida un proyecto de acercamiento a la sabiduría que une en lo fundamental, que acerca los entendimientos y abre horizontes para todos aquellos que se interesan por el perfeccionamiento del ser humano.

Como decimos los españoles con una palabra que tomamos del árabe, ojalá, Dios quiera que esta semilla prenda y fructifique, ahora y en el futuro que buscamos.

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