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Palabras de S.M. el Rey en la Cena de Estado ofrecida por el Presidente de la República italiana

Roma, 28.09.1998

S

r. Presidente,

Agradecemos profundamente sus palabras y su amable invitación a la Reina y a mí para llevar a cabo esta visita de Estado a Italia, tierra tan querida para todos los españoles, que iniciamos hoy desde este marco incomparable que es la ciudad de Roma.

Este nuevo encuentro es ocasión para comprobar el positivo desarrollo de nuestras relaciones bilaterales, al igual que pudo Usted comprobar, durante su reciente visita a nuestro país, hasta qué punto la presencia de Italia en España, siempre rica y pujante a través de los siglos, es hoy una realidad sólida y llena de vitalidad.

Hace unas pocas horas he tenido la ocasión de dialogar con algunos de los máximos exponentes de la industria y las finanzas italianas, quienes me han confirmado el excelente estado de nuestros proyectos económicos y sus interesantes y prometedoras perspectivas.

En este ámbito, constato con satisfacción, por una parte, el creciente dinamismo de la inversión directa española en Italia, que tiende a reequilibrar gradualmente la importancia del inversor italiano en España, y, por otra, el hecho de que la banca española quiera estar cada vez más presente en Italia. Cabe, además, prever que de tales interrelaciones surgirán nuevos proyectos conjuntos, también en terceros países.

Españoles en Italia e italianos en España. Viajes, magisterios y aprendizajes siempre estimulados por la fascinación que cada uno de nuestros países ha ejercido en el otro.

Así ha sido durante siglos: desde Garcilaso, Cervantes o Quevedo a Unamuno, Valle Inclán, Baroja, o Alberti. Todos ellos hicieron de Italia parte de su vida y de su obra como también los grandes pintores y escultores: Berruguete, Velázquez, Goya y tantos compatriotas míos hasta nuestros días. Y los ejemplos podrían abarcar muchos otros ámbitos: la música, como manifiesta la presencia de Juan del Encina en la Florencia del 500 o de Scarlatti y Boccherini en Madrid, la arquitectura y la ciencia a través de la influencia de los numerosos premios Nobel italianos; en fin, el cine y el deporte.

Es por todo ello que nuestra visita, Sr. Presidente, tendrá ciertamente, como no podía dejar de ser, un alto contenido cultural. Así, entre otras actividades, la Reina y yo tendremos ocasión de visitar la Academia de España en Roma e inaugurar una exposición que conmemora su 125 aniversario y que evidencia la fidelidad a su tradición de acoger artistas investigadores de altísimo nivel, que ven en Italia una meta necesaria para completar su formación. En Nápoles y Palermo nuestro programa presta también una especial atención al ámbito de la cultura.

En consecuencia, hagamos todos el mayor esfuerzo para fomentar más aún nuestros intercambios culturales y científicos a todos los niveles. Hay miles de estudiantes y de jóvenes licenciados que desean proseguir o completar su formación en el otro país; démosles todo el apoyo posible, porque ellos aportan savia nueva a nuestras seculares relaciones. Creemos para ellos programas específicos que permitan dar continuidad profesional a sus estancias durante la fase de formación académica.

Estos días tendremos igualmente la oportunidad de examinar conjuntamente numerosos temas de la realidad internacional que compartimos, porque es difícil imaginar un asunto  internacional de relieve que no afecte a nuestros intereses y que en consecuencia no sea objeto de la atención de nuestros Gobiernos.

En primer lugar, nuestros dos países aportan un notable y valioso impulso a la construcción de la Unión Europea. Para ello, es evidente que España e Italia parten de la misma base: la voluntad de ampliar el espacio de libertad personal de nuestros ciudadanos, lo que se manifiesta a través de políticas de creación de empleo de amplio calado, de medidas de justicia social que lleven a la desaparición de artificiales desigualdades, mediante la mejor formación humana, intelectual y profesional.

Elementos que, al configurarse sobre valores compartidos, permitan lograr tanto una integración progresiva de la Unión como su ampliación: es decir la recuperación de aquellos países europeos al espacio del que fueron dramáticamente excluidos.

España e Italia no sólo comparten objetivos,  sino que, por ello, pueden trabajar más estrecha y conjuntamente a todos los niveles para lograr una mejor articulación bilateral de sus propias políticas.

Nos aguarda no sólo la Unión Europea, sino ese área de especial interés para nosotros y para la Unión misma que es el Mediterráneo, en el que se requiere, y es posible, acrecentar el entendimiento entre ambas orillas, entre todos los pueblos y naciones que lo habitan.

Y tantos otros proyectos que pueden ser comunes en áreas extraeuropeas, en foros en los que pueden fructificar los criterios y valores compartidos de nuestras dos sociedades.

Sr. Presidente,

Ud. sabe bien, porque ha visitado España en numerosas ocasiones durante su larga y brillante vida política, que la sociedad española, como la italiana, está pletórica de energías, dispuesta a enfrentarse a los esfuerzos  y sacrificios necesarios para su bien y para el bien de este mundo nuevo que hoy se fragua.

Sociedad tolerante y generosa, especialmente con quienes desde fuera se aproximan a ella buscando condiciones dignas de vida y de trabajo; no en balde hay en nuestra historia numerosos ejemplos de exilios y emigraciones, que  nos han hecho aprender en nuestra propia carne el valor de la solidaridad.

Son, los nuestros, pueblos bien preparados para el cambio y la innovación y que, como tales, siempre han aportado grandes descubridores y hombres de ciencia. Españoles e italianos colaboran en algunos de los más importantes proyectos científicos e industriales internacionales, fundamentales también para el mantenimiento de la posición que Europa debe ocupar en la escena mundial.

Ahora  bien, en contextos nacionales de progreso y de bienestar crecientes, hay todavía regiones en nuestros respectivos países que necesitan el apoyo de todos para no quedar relegadas respecto del resto.

Tenemos economías basadas en actividades y cultivos tradicionales que, siendo expresiones de nuestra cultura mediterránea, no podemos permitir que sean sacrificados en el altar de un bien común, definido por terceros que están libres de la carga de esos desequilibrios y ajenos a la riqueza de esas tradiciones. Se requieren, pues, enfoques específicos para que desarrollen sus notables potencialidades plenamente en el marco de una economía globalizada.

Así, España e Italia deben saber en todo momento apoyarse mutuamente para defender sus intereses, porque en caso contrario ambas resultarían perdedoras.

Signor Presidente,

Abbiamo intrapreso questo viaggio, importante per i rapporti fra i nostri due Paesi, nella speranza di ritrovare persone e luoghi a noi ben noti e molto cari, e desiderosi di avere il primo incontro con altre persone e luoghi di cui in tante occasioni abbiamo sentito parlare con ammirazione.

Grazie ancora una volta per l'opportunità che ci offrite di visitare il Vostro straordinario e caro Paese.

Signor Presidente,

Alzo il mio calice per augurare benessere e prosperità al fratello popolo italiano, e benessere personale a Voi, ed anche per esprimere gratitudine per le molte occasioni in cui l'Italia ha dimostrato di essere amica sicura e fedele della Spagna.

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