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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la inauguración del I Congreso Internacional de Empleo Juvenil

Madrid(Aranjuez), 06.05.1999

S

aludo con sincero afecto a los organizadores y participantes que se reúnen aquí para abrir a los jóvenes la ventana de este Congreso Internacional dedicado al empleo, que tiene la virtud de dirigir su atención al sector que más necesitado está de soluciones para paliar su situación crítica en cuanto a la búsqueda con éxito de trabajo:  la juventud.

Analizar este tema, y procurarle vías de solución, es una responsabilidad que a todos nos atañe y en la que todos, poderes públicos, agentes sociales y empresariales, líderes de opinión y, desde luego, los mismos jóvenes, debemos sentirnos conjuntamente comprometidos.

Por eso debemos alegrarnos por esta iniciativa de la Confederación de Jóvenes Empresarios y por eso celebro también encontrarme aquí con representantes de la Comisión Europea, el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, la Comunidad de Madrid y el Ayuntamiento de Aranjuez, así como con directivos y expertos españoles, europeos e iberoamericanos.

Mi enhorabuena a la Confederación y a la Asociación de Jóvenes Empresarios de la Comunidad de Madrid por convocarnos aquí y organizar este encuentro, y a todos por venir a participar y contribuir en la búsqueda de soluciones y en la comprensión del problema del Empleo Juvenil.

El reto más importante de las sociedades modernas, y en concreto de la nuestra, es el de ayudar a los jóvenes a tomar conciencia de su fuerza transformadora en un escenario de cambio continuo y a saber administrar esa cambiante status quo.

Afortunadamente, los jóvenes de la década actual comienzan a ser conscientes de que pueden ser protagonistas de este proceso y contribuir a cambiar la realidad con su esfuerzo y compromiso.

Lo importante es, por tanto, facilitar los cauces por los que sus circunstancias específicas puedan convertirse en palancas de renovación, que les permitan acotar un campo propio, en el que desplegar sus ilusiones y, sobre todo, convertirlas en hechos concretos, en proyectos y programas efectivos. La juventud es en sí misma, según la moderna sociología, un proceso de transición sujeto a un cambio incesante. Se halla, pues, en las mejores condiciones para comprender y manejar la rápida sucesión de situaciones y necesidades que caracterizan su entorno vital, a aceptar como algo positivo las novedades que van surgiendo en esta secuencia, y a asimilar una constante revisión de las medidas y fórmulas necesarias para resolver y dar respuesta a los interrogantes que plantean.

En el ámbito que directamente se va a tratar en estas reuniones, tenemos que ayudar a los jóvenes a extraer las consecuencias y aprovechar las ventajas del modelo de relaciones sociales y laborales hacia el que nos dirigimos.

Porque, en efecto, este nuevo horizonte es consecuencia de la extensión de las nuevas tecnologías que imponen inevitablemente pautas nuevas en el mundo de la producción y del empleo, y se manifiestan en hechos como la robotización de los procesos productivos, la informatización de los servicios, el dominio de las autopistas de información , el teletrabajo, conceptos cada vez más próximos a los ciudadanos, a su ámbito doméstico y familiar, y, respecto de los cuales, los jóvenes denotan mayor interés, comprensión, flexibilidad y capacidad de adaptación.

No podemos desperdiciar la energía juvenil sin poner en cuestión nuestro porvenir colectivo. El modo mejor de prevenir este peligro es empeñarnos desde ahora en procurar la integración socio-económica de la juventud a través de su inserción en el mercado laboral. Eso si, sin olvidar la progresiva asunción de responsabilidades que deben realizar también los jóvenes.

El desempleo masivo es, hoy por hoy, el problema más importante que padece nuestro sistema de economías de mercado. Es un problema de las instituciones y poderes, que salpica todos los ámbitos de nuestra sociedad, y especialmente el de la juventud. El desempleo juvenil significa principalmente una pérdida de recursos económicos, pero sus efectos no se dan solamente en este campo, sino en mayor medida, si cabe, en el propiamente social, en la estructura y funcionamiento de nuestro sistema de convivencia.

La demora en la emancipación de los jóvenes, su dependencia económica familiar y el progresivo deterioro de la autoestima y de la motivación en la búsqueda activa de empleo son sólo algunas de sus consecuencias. Y es que, de forma contraria a lo que muchos creen, la juventud está ansiosa por trabajar, ya que tener un empleo es condición indispensable para acceder a la independencia personal, la vida adulta, la seguridad vital, las perspectivas de futuro y la integración social.

Difícilmente conseguirán los jóvenes liderar el futuro de Europa si no somos capaces de remover los obstáculos al primer escalón de su socialización. Con toda razón, los jóvenes de hoy se preguntan por qué las posibilidades de empleo son cada vez menores en Europa, cuando es mayor que nunca el nivel de preparación y formación de quienes buscan su primer empleo, y si esta situación obedece a un fallo estructural de nuestro sistema económico o puede resolverse mediante un ajuste de las mentalidades y situaciones concretas que favorezcan una solución adecuada a este problema.

Aunque es cierto que el problema no afecta solamente a nuestro continente, y aquí han venido nuestros amigos iberoamericanos a confirmarlo, a las puertas del siglo XXI, con un mercado único y una moneda única, el gran reto de la Unión Europea es crear una mayor competitividad, un mayor crecimiento y, en consecuencia, mayor empleo. Europa en general y España en particular deberán demostrar que poseen la capacidad suficiente para permitir un desarrollo equilibrado y sostenible de la economía que propicie más empleo.

Los jóvenes empresarios, y en particular los españoles, a quienes agradezco las ocasiones que me ofrecen para tratar este y otros temas, tienen mucho que decir en este campo. Por ser jóvenes y porque se han movido con éxito por los entresijos de un mundo competitivo, cuyas dificultades y posibilidades conocen de cerca y por propia experiencia.

Vuestras actividades, de las que tengo buen conocimiento, demuestran el compromiso del movimiento juvenil en la transformación social, suponen una clara apuesta de futuro desde el presente más inmediato y ofrece a los jóvenes en general expectativas fiables y respuestas reales a sus problemas e intereses.

Muchos de vosotros sois también creadores de empleo, y conocéis a fondo o seguís con atención los programas y experiencias que van a tratarse en estas sesiones. A ellas vais a añadir vuestra experiencia innovadora en el área del autoempleo y la creación de medianas y pequeñas empresas, una solución que se abre paso en el mundo laboral y es objeto de una creciente atención de los medios de comunicación.

Termino estas Palabras animandoos y animando también a los poderes públicos, a la iniciativa privada y a los agentes sociales, a aunar sus esfuerzos para aplicar soluciones a este problema, actuando selectivamente sobre los elementos capaces de crear riqueza y generar empleo, y promoviendo las fórmulas que permitan a los jóvenes desarrollar su iniciativa personal y su capacidad profesional, y los afanes de libertad, justicia y solidaridad que sienten como propios.

Con esta esperanza declaro inaugurado el Primer Congreso Internacional de Empleo Juvenil.

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