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Palabras de Su Majestad el Rey en la clausura del Curso Académico de la Escuela Diplomática

Madrid, 30.06.1999

U

na vez más venimos a presidir la clausura del curso de la Escuela Diplomática, con el interés que merece la formación que aquí se imparte y el ánimo de glosar la significación de este acto.

Vivimos un año singular, en el que han ocurrido acontecimientos relevantes en el ámbito internacional, cuya evolución y sentido afectan muy directamente al contenido de vuestra función.

Parece que el mundo en que nos movemos comienza una nueva etapa, y prueba a organizarse de un modo y en una dirección distintos, que tenemos que comprender, asumir y, en la parte que nos corresponde, organizar.

España ocupa hoy en el escenario mundial un lugar alcanzado con el esfuerzo de muchos de nuestros compatriotas y que os obliga especialmente. No sois la única avanzadilla de la patria en lugares distantes y cometidos complejos. Os acompaña un conjunto de investigadores, empresarios, trabajadores y personas o grupos comprometidos con nuestras expresiones culturales y la ayuda humanitaria.

Contáis con ellos, y ellos cuentan con vosotros, para abrir camino a la promoción de nuestros intereses y el despliegue de nuestras posibilidades.

Constantemente se nos presentan nuevas oportunidades que es preciso gestionar, y en ocasiones descubrir. A las funciones tradicionales de representación y negociación, se unen otras distintas, que van a definir un estilo diplomático más abierto y polivalente.

Como miembros de la Unión Europea y de la Comunidad Iberoamericana asistimos también al nacimiento y desarrollo de ideales y conceptos que hemos de compartir y defender, y que se expresan en la planificación y ejecución de políticas de solidaridad, tanto en el ámbito de los derechos humanos como en el de la asistencia material y la cooperación al desarrollo.

Para afrontar los requerimientos de este vasto escenario es fundamental la labor de preparación que realiza la Escuela Diplomática. Del saber y de la formación de los diplomáticos  dependerán  en gran medida los éxitos que se logren en la misión, siempre difícil y delicada, que tienen encomendada.

Hoy, además, vuestra tarea de profesionales de las relaciones internacionales os va a exigir una más amplia perspectiva de vuestras obligaciones y una mayor disponibilidad para asumir las innovaciones que van a jalonar, y aun definir, de aquí en adelante vuestra carrera.

Os animo a iniciar vuestra andadura con la ilusión y el entusiasmo que siempre han caracterizado la vocación diplomática, y que os harán dignos sucesores de los que en ella os han precedido.

Quiero asimismo expresar mi satisfacción y agradecimiento a los alumnos del Curso de Estudios Internacionales, por haber elegido España y este Centro para ampliar y profundizar su formación.

Y termino mis palabras con mi sincera felicitación, en primer lugar a la Dirección, Claustro de Profesores y personal de esta Escuela por su dedicación y eficacia, y muy en particular a los diplomáticos españoles y a sus compañeros de tantos países amigos, por haber finalizado con éxito esta fase de su preparación.

Queda clausurado el Curso Académico 1998-1999 de la Escuela Diplomática.

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