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Palabras de Su Alteza Real la Infanta Doña Elena en el acto de apertura del Curso Escolar 1999-2000

Orense, 16.09.1999

T

res son los motivos por los que me resulta especialmente grato estar presidiendo este acto.

El primero es mi afecto a Galicia, de una de cuyas capitales llevo el título. El segundo, su coincidencia con la celebración del Año Xacobeo, donde se pone de manifiesto los sentimientos y el carácter de los habitantes de estas tierras. Y, por ultimo, el hecho de que este curso escolar se abra en un lugar tan significativo como Orense, que no en vano ha sido llamada la Atenas gallega.

Al dirigirme a los componentes de la comunidad educativa del Instituto "Otero Pedrayo" lo hago también a los de todos los centros docentes de España que hoy abren sus puertas a las tareas académicas.

A todos os saludo y os invito a emprenderlas animosamente deseando que alcancéis los objetivos propuestos para este curso. Quizá algunos conozcan mi interés por la educación, a la que dediqué mis estudios universitarios y en la que trabajé algún tiempo como profesora.

A esta doble experiencia se une hoy mi condición de madre, que hace que me sienta muy próxima a vosotros y preste una atención aún más especial a las cuestiones relacionadas con vuestra formación.

Por eso me alegro de tener ocasión de transmitir a la totalidad de los miembros de la comunidad educativa, la necesidad de favorecer el desarrollo personal y colectivo en esta etapa tan importante de vuestras vidas.

Esta meta no puede alcanzarse si no se logra conectar con los alumnos, principales protagonistas del quehacer educativo. A ellos, a vosotros,  corresponde responder a esta actitud   sacando  partido de los medios que la sociedad pone a vuestra disposición.

Enseñar y aprender no es siempre tarea fácil, exige un interés y esfuerzo constante de comunicación y entendimiento mutuo, que os animo a realizar con entusiasmo y convención. La formación y los conocimientos alcanzados en este período serán las bases de vuestro futuro, el de vuestra Comunidad y el de nuestra Nación en un contexto mundial cada vez más especializado.

El entorno escolar es especialmente adecuado para aprender, desde muy joven, las reglas de la vida, con ellas se adquieren criterios y actitudes que fundamentan la convivencia y la hacen más atractiva.

El respeto a los demás, la práctica de la tolerancia y la oportunidad de formarse un juicio propio sobre los acontecimientos y situaciones que rodean nuestra vida y que no figuran en ningún programa os ayudarán a madurar, individual y colectivamente.

La ayuda generosa a quienes nos necesitan y esperan recibirla de nosotros, el uso adecuado y respetuoso de los bienes y recursos comunes, la atención a las nuevas tecnologías y el cuidado del medio ambiente, son otros temas que estoy segura os interesan, y os harán alcanzar grandes satisfacciones en lo personal y en lo profesional. Contáis por ello con la inestimable ayuda de vuestros profesores y de su  experiencia como educadores. A ellos os confiamos, con la seguridad de que sabréis sacar las consecuencias de su trato directo y contínuo.

Finalmente no quiero despedirme sin acordarme de vuestros padres, que  os ayudan y apoyan en el planteamiento de un diálogo que os complemente y fortalezca como personas.

Con el afecto y la confianza que me inspiráis, os invito a recorrer este año, con la espontaneidad y la alegría que os caracteriza, los objetivos de este curso.

Declaro inaugurado el curso escolar 1999 - 2000.

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