Omitir los comandos de cinta
Saltar al contenido principal
ACTIVITATS I AGENDA
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+

Palabras de Su Majestad el Rey en la Organización de Estados Americanos

EE.UU.(Washington), 02.06.1976

M

ucho agradezco vuestra amable invitación a esta Sesión del Consejo de la Organización de Estados Americanos.España, bien lo sabéis, se considera con orgullo como una nación también americana, pues una parte importante de nuestro ser pertenece a América.

Las naves españolas trajeron la sangre de nuestro pueblo para unirla en mestizaje a los antiquísimos pobladores de América. La lengua española quedó para siempre unida al destino humano y cultural de cientos de millones de seres de este continente, que la hablan hoy día enriqueciéndola con nuevos giros y con el acento feliz que en la península admiramos y escuchamos con deleite. La fe cristiana de los españoles, ganando las almas de los pueblos aborígenes, resistió con la fuerza de la teología los abusos del poder y la codicia de los hombres, dando el altísimo ejemplo de protección de los derechos humanos que Fray Bartolomé de las Casas mantuvo con ejemplar firmeza y valentía.

La Corona española sintió una acusada y constante preocupación por América, de cuyos reinos fue titular al igual que de los reinos de la península. En primer lugar, la sensibilidad, como mujer, de la Reina Isabel inspiró una legislación que habría de considerar cuestiones primordiales la condición humana y el buen trato del indígena. Luego, la concepción universalista del Emperador Carlos atendió a los planteamientos económicos que el nuevo mundo ofrecía. Más adelante, Felipe II dio a las Indias una ordenada administración estableciendo una organización política, administrativa y militar sin precedentes en su época. En el siglo xviii, Carlos III reunió el más eficaz equipo de gobernantes y colaboradores para llevar a las tierras de América todo el progreso que el desarrollo de las ciencias experimentales había alcanzado en Europa, al propio tiempo que aplicó los postulados de las nuevas corrientes económicas y mercantiles, y estableció las nuevas estructuras políticas, administrativas, navales y militares.

Cuando, después de casi trescientos años de vida política en común, llegó para vuestros pueblos la hora de la independencia, fue aquella una lucha entre hermanos. Reconocemos hoy el recio espíritu de nuestra raza que alienta en los próceres americanos, como San Martín y Bolívar, tipos egregios de virtud hispánica a los que rendimos homenaje en Madrid en estatuas que el pueblo admira como pertenecientes a nuestra común historia.

No podemos olvidar ni ser indiferentes a este nuevo mundo del que tanto espera la humanidad en su conjunto. Yo he querido que mi primer viaje oficial fuera de España se hiciera en América y para América, iniciando mi itinerario en la República Dominicana y terminándolo en los Estados Unidos, con los que también mantenemos, como con Canadá, con el Brasil y con las jóvenes Repúblicas del Caribe, estrechos y amistosos vínculos. Por todo ello me siento en esta sede de la Organización de los Estados Americanos como en casa propia, rodeado de amigos, muchos de los cuales pertenecen a la propia familia hispánica.

Para todos los que me escucháis traigo un mensaje de paz y amistad del pueblo español, que busca hoy con afán el equilibrio entre las ambiciones de una sociedad joven, pletórica de energía y de inquietudes, propias de toda juventud, y el necesario respeto a los valores morales de nuestra tradición que formaron nuestra raza y la hicieron capaz de realizar epopeyas que hoy día nos asombran por la inverosímil magnitud de los empeños alcanzados.

Fue en este continente, precisamente, donde estos pioneros y descubridores heroicos demostraron la gran verdad de que el hombre que es capaz de dominar su espíritu con el rigor de los planteamientos morales, es quien escribe en el libro de la historia las páginas de más insigne grandeza.

Sabemos que América no es sólo el mundo que reverencia la libertad, sino también el continente que ofrece la esperanza.

Sabemos que América avanza por el camino del progreso tecnológico con más audacia y rapidez que nadie, pero que no olvida los ideales del derecho y de la justicia, sin los que aquellos avances de poco servirían para el porvenir del hombre.

Sabemos que América profesa una actitud internacional que salvaguarda la paz como el supremo bien de los pueblos dentro del respeto mutuo a las respectivas soberanías nacionales.

Por todo ello, venimos a esta Organización a deciros que España, madre de muchos pueblos que viven en este nuevo mundo, ama la libertad, confía en su futuro, trabaja firmemente en el terreno del progreso industrial y técnico, se identifica con el derecho como instrumento para alcanzar la justicia, y propugna en la sociedad internacional la escrupulosa protección de la soberanía de cada Estado y la defensa de la paz como meta última de la comunidad mundial.

España ha mantenido siempre relaciones fraternales con cada uno y con todos los países americanos por encima de los avatares de la política. Somos, señores, un vínculo perenne, profundo y vital entre Europa y América. Tal es el destino de España.

Transmitid a vuestras patrias, señores Embajadores, este breve envío que os hago para vuestras naciones, a cuyos primeros mandatarios quisiera hacer llegar asimismo mi amistad y mi cordial saludo como Rey de España.

Torneu a Discursos
  • Escuchar
  • Imprimir la página
  • Enviar a un amigo
  • Suscribirse al RSS de la página
  • Compartir en Facebook
  • Compartir en Twitter
  • Compartir en Linkedin
  • Compartir en Google+