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Palabras de Su Majestad el Rey en la apertura de la V Legislatura Constitucional

Madrid, 14.07.1993

S

eñor Presidente del Congreso de los Diputados, señor Presidente del Senado, señor Presidente del Gobierno, señoras y señores Ministros, señoras y señores diputados y senadores, al inaugurar hoy esta V Legislatura, deseo dirigiros mi saludo y mi felicitación más cordial por vuestra elección por el pueblo español como sus representantes para ejercer las altas funciones que nuestra Constitución asigna a las Cortes Generales.

Accedéis al supremo órgano legislativo de la nación tras un proceso electoral que ha estado marcado por dos características que merecen ser destacadas: normalidad y responsabilidad.

El pueblo español ha votado, una vez más, en estas elecciones con la conciencia de quien ejerce un derecho que está ya sólida y regularmente arraigado en la vida de nuestra sociedad libre y democrática. Pero además, el alto índice de participación registrado resalta el firme sentido de responsabilidad y de compromiso de los ciudadanos con el correcto funcionamiento de las instituciones de la monarquía parlamentaria.

Estoy seguro de que sabréis responder con vuestra diaria dedicación en ambas cámaras legislativas a las esperanzas así depositadas en vosotros por un electorado que ha dado muestras inequívocas de saber ser exigente consigo mismo. Su comportamiento ejemplar en las pasadas elecciones debe serviros de pauta para conducir con renovado impulso los trabajos de esta legislatura.

Se inició la anterior en un momento en el que apuntaban trascendentales cambios en el mundo, cambios que generaron a la vez incertidumbre y esperanza. Hoy, tres años y medio después, alguna incertidumbre se ha despejado pero también alguna esperanza se ha frustrado.

El avance de la libertad se ha visto empañado por el rebrotar de la violencia, la intolerancia, el fanatismo y la xenofobia, que creíamos alejados de nuestro entorno. Nuestros Estados sufren una crisis económica que está produciendo graves consecuencias sociales, la más dramática de las cuales es el desempleo que afecta a un número considerable de ciudadanos y a sus familias.

Más que nunca, en estas circunstancias, hay que aunar esfuerzos y buscar compromisos entre las fuerzas políticas y sociales. Con el diálogo y la colaboración de todos debemos defender la causa de la libertad, del progreso, de la justicia y de la solidaridad.

Ningún país puede hoy sentirse dueño absoluto de su destino al margen de los demás. En nuestra sociedad interdependiente, el imperio de la ley, la paz, el respeto de los derechos humanos y las libertades fundamentales, así como el desarrollo armónico son patrimonio de todos y es responsabilidad de todos hacerlos realidad.

España asume de forma cada vez más activa compromisos internacionales al servicio de estos valores. Todos nos sentimos especialmente orgullosos de los españoles que de una u otra forma colaboran, en el marco internacional, en acciones de paz.Rendimos homenaje a los soldados que han perdido su vida en nobles y valiosas tareas humanitarias en el territorio de la antigua Yugoslavia.

Los españoles hemos apostado por una opción integradora y solidaria que debemos continuar y profundizar en los próximos años. La construcción de Europa, aún con todas las dificultades que conocemos, debe seguir siendo un objetivo firme en el que empeñarnos con ilusión. Objetivo importante de nuestros esfuerzos ha de ser también ampliar y reforzar las estrechas relaciones que mantenemos con los países que forman la Comunidad Iberoamericana de Naciones, sin olvidar aquellos otros países que también están vinculados a nuestra historia.

La legislatura que hoy se inaugura se anuncia de gran importancia y significado.

Lo que hemos hecho todos los españoles, trabajando juntos, desde que en 1978 nos dotamos de un nuevo marco constitucional de libertades, ha sido mucho. Nuestra natural y saludable inclinación a la autocrítica no puede llevarnos a ignorar la realidad de lo que es y donde está la España de hoy. Realidad que, lejos del optimismo imprudente pero también del pesimismo fatalista, considero alentadora.

La coyuntura actual es particularmente idónea para la profundización de nuestras instituciones democráticas y del Estado de derecho en el que vivimos.

A vosotros, diputados y senadores, os corresponde continuar, desarrollar y perfeccionar en esa dirección la labor normativa de las anteriores legislaturas.

En vuestras manos está el atender a través de la tarea legislativa la satisfacción de los intereses generales de los españoles a los que representáis. Corresponderá, tanto a las mayorías como a las minorías, encontrar el mejor camino para alcanzar ese objetivo y procurar la integración y coordinación de intereses y opiniones.

La creciente complejidad de nuestra sociedad obliga a los parlamentos modernos a una evolución en sus prácticas y procedimientos que significa un gran desafío para todos los responsables del quehacer parlamentario, a menudo condicionado por un lenguaje impregnado de una gran dosis de tecnicismo.

Es una evolución natural. Sin embargo, esta complejidad cada vez mayor de la tarea legislativa no puede alejar a los parlamentarios de la necesaria sintonía con la sociedad a la que representan ni hacerles olvidar los intereses generales a cuya defensa y promoción están llamados.

Pero la sociedad debe también, por su parte, respeto y acatamiento a las leyes que emanan del parlamento. La igualdad ante la ley es la garantía suprema del ciudadano y el pilar fundamental de su seguridad. Cualquier otra forma de conducir las relaciones sociales, y en especial el uso de la violencia, deben ser tajantemente rechazadas porque, en un sistema basado en la primacía de la ley, cualquier objetivo político tiene cabida en el marco constitucional.

El rechazo generalizado de la cobarde violencia terrorista se fundamenta en ese convencimiento. Por ello, con las armas pacíficas de la ley y de la razón, debemos continuar arrinconando al terrorismo hasta su segura eliminación.

La sociedad española de hoy afirma valores de progreso, en modo alguno contradictorios o incompatibles con la asunción de nuestra propia historia y con el respeto de aquellas características y peculiaridades que han forjado lo mejor y lo más valioso de lo que somos. Esos valores se traducen en compromisos concretos como solidaridad, tolerancia y diálogo, ética y transparencia.

Solidaridad a todos los niveles entre los españoles. Una España moderna es una España que todos debemos sentir como nuestra, en la que nadie quede relegado del camino del progreso, que sepa ser generosa para poder llegar a ser cabalmente justa.

Una España en la que desde la rica diversidad de las Comunidades Autónomas que la componen todos nos sintamos integrados en un ilusionado y auténtico proyecto de vida en común.

Tolerancia y diálogo, para comprender las diferencias, para respetar otras razones distintas de nuestra razón, para construir y crear no sólo con el amigo sino también con el adversario. Tolerancia para acercarse al otro, diálogo para aprender del otro.

Etica, como norma de conducta en las relaciones individuales y sociales, en la actividad profesional y en la actividad política. Etica como dignificación del imperativo moral que debe presidir la vida en común.

Transparencia, porque la democracia florece a la luz del día, porque sólo en una sociedad abierta e informada los ciudadanos se saben actores, y no meros espectadores, de su destino.

Señoras y señores diputados y senadores, en vuestra tarea legislativa estoy seguro que os guiará la dedicación, la generosidad y la ilusión del servicio a España.

Queda abierta la legislatura.

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