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Palabras de Su Majestad el Rey al Presidente de El Salvador Carlos Humberto Romero y al pueblo salvadoreño

El Salvador(San Salvador), 14.09.1977

S

eñor Presidente, la ofrenda floral que hemos depositado en el monumento al Primer Grito de Independencia de Centroamérica, nos ha recordado ese Cabildo Abierto del 5 de noviembre de 1811, del que arranca el proceso político que conduce a la realidad centroamericana de hoy.

El presbítero patriota que en aquella ocasión dio su grito, José Matías Delgado, lo hizo ante un Cabildo que juró el amor debido al monarca, mi antepasado, entonces en exilio forzado. La legalidad, por tal razón, recayó en los ayuntamientos.

Esta noche, habéis tenido la deferencia de concederme las insignias de la Orden que lleva el nombre de José Matías Delgado, por lo que soy el primer Jefe de Estado extranjero que recibe la Gran Cruz con placa de brillantes. Como veis, la historia y la actualidad se unen, en cordial intimidad, con los hechos y los símbolos más caros al corazón de esta entrañable República hermana de El Salvador. La Reina se suma a mi emoción, para agradeceros estas pruebas de afecto.

Pero si, como Rey de España, me siento por la historia y por la descendencia directamente ligado al momento germinal de El Salvador como Estado independiente, la vinculación que me une a esta hermosa geografía y a vosotros, los ciudadanos salvadoreños, arranca desde ese ya lejano momento del primer tercio del siglo xvi, en que se inicia por estas tierras la fantástica aventura que ha dado origen a tantos pueblos de este continente.

La fusión de los pueblos americanos y de los pueblos ibéricos ha ofrecido al mundo moderno occidental un modelo único de mestizaje cultural, racial y vital que, superadas las tensiones iniciales, ofrece vías de entendimiento y convivencia probadamente fecundas.

Vuestra población, vuestras letras, vuestro folklore y vuestras costumbres hunden sus raíces en esa simbiosis que hoy reconocemos como gloria y característica de Iberoamérica.Sentimos con gran convicción que hay un futuro importante para los pueblos iberoamericanos, que se acercan a su más decisivo momento histórico de vigencia internacional, a medida que el mundo, cada vez más interconectado, requiera de intérpretes y actores que tengan la sensibilidad y la idiosincrasia nacional ancladas en el mestizaje. España aguarda con impaciencia, pero con total certeza, ese momento crucial, porque entiende que, a la luz de todos, supondrá de alguna manera la coronación de su obra en América, que ha estado tan desenfocada en el pasado.

Señor Presidente, nadie nos podrá quitar la convicción de que Iberoamérica es el continente del futuro. Con esa idea inicié el año pasado mis visitas a los países hermanos. Cada nueva ocasión de contacto con la realidad americana me confirma en ese convencimiento. A El Salvador he venido con la misma curiosidad que mostrara el Emperador Carlos, cuando pidiera, en 1533, a su adelantado Pedro de Alvarado, toda clase de detalles sobre la geografía, los habitantes, las religiones y las costumbres de esta tierra tan singular y tan bella.

Gracias a vuestra amabilidad y a vuestra acogida, he podido empezar a saciar esa curiosidad mía. La Reina y yo os agradecemos tan feliz oportunidad y aprovechamos esta solemne aunque entrañable ocasión, para desearos la prosperidad que el pueblo salvadoreño se merece.Muchas gracias.

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