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Discurso de Su Majestad el Rey en la cena oficial en honor del presidente de la República Helénica

Madrid, 25.09.2001

S

eñor Presidente,

Constituye un gran honor y un motivo de honda satisfacción daros hoy nuestra más cordial bienvenida a España con motivo de vuestra Visita de Estado, a la que atribuimos una importancia singular como símbolo de las muy estrechas relaciones que ligan a Grecia y a España.

Al hacerlo, la Reina y yo deseamos también recordar el cálido y generoso recibimiento que nos brindasteis con ocasión de nuestro inolvidable Viaje de Estado a la República Helénica en mayo de 1998.

Venís, Sr. Presidente, de un país amigo, aliado y socio en la Unión Europea muy querido para nosotros, que fue la tierra de la Reina hasta su matrimonio, un país por el que los españoles sentimos un especial afecto.

Son éstas más que sobradas razones para abriros hoy las puertas de España con especial ilusión, y con ello abrírselas a todos los ciudadanos helenos, ciudadanos de un gran país con el que compartimos no sólo paisajes, historia y cultura, sino también la defensa de unos mismos valores e importantes responsabilidades de futuro.

Sr. Presidente,

Han pasado tres mil años desde que los antepasados de los griegos y españoles de hoy trabaron sus primeros contactos a través del Mediterráneo. Unos contactos que hicieron posible el encuentro con Tartessos y la fundación de Ampurias -llave del Occidente griego en Iberia- por los griegos de Focia.

Al recibiros hoy en Madrid en esta visita de Estado, queremos expresaros el profundo respeto y el sincero afecto que sentimos hacia la Grecia de hoy, un país moderno y dinámico cuyos indudables avances nos llenan de satisfacción.

Representáis a una Nación con la que compartimos, como decía, la defensa de unos mismos valores y objetivos de presente y futuro como países aliados y como socios dentro del gran proyecto de integración que la Unión Europea representa.

Resulta esencial subrayar hoy nuestro común compromiso en la defensa de esos valores y principios cuando aún sigue viva en nosotros la profunda conmoción que han dejado en nuestros corazones unos atentados execrables, obra de la sinrazón de la barbarie terrorista. España, como Grecia, se siente solidaria con el dolor de las miles de familias norteamericanas, y de tantas otras nacionalidades, que han perdido a sus seres queridos en unos ataques terroristas tan espantosos como repudiables.

Estamos con los Estados Unidos de América en la lucha contra el flagelo del terrorismo que, sea cual sea su nombre y apellidos, constituye hoy en día una de las mayores amenazas a la paz, a la libertad y a la democracia.

El terrorismo representa la más genuina y reprobable expresión del totalitarismo sanguinario, al pretender imponer sus ideas por medio de la violencia, y por eso debemos dejar claro que no existe espacio para los terroristas en nuestras sociedades libres.

Para vencerlo, para erradicarlo, es necesario desde luego aplicar todos los instrumentos que nos ofrece la legalidad para perseguir a quienes lo practican o amparan.

Esa acción requiere, para ser eficaz, una respuesta solidaria basada en la estrecha cooperación entre todos los Estados democráticos que repudian los métodos violentos y los principios totalitarios del terrorismo y que consideran, a justo título, todo atentado, se produzca donde se produzca, como un crimen contra ellos mismos.

Los españoles sabemos, desgraciadamente mejor que otros, Señor Presidente, lo que el terrorismo representa como lacra cruel y amenaza brutal a la paz, la libertad y la democracia.

La lucha contra este mal, que supone en definitiva la lucha por las libertades y derechos de nuestros ciudadanos, constituye un esfuerzo en el que Grecia y España pueden y deben trabajar juntas, comprometidas cada vez de forma más efectiva en la puesta en marcha de mecanismos concretos de cooperación internacional.

Señor Presidente,

Compartimos cada vez más responsabilidades y ambiciones en el ámbito europeo y en la escena internacional.

Son muchos los proyectos comunes que vamos fraguando en el seno de la Unión Europea en los que las visiones de Grecia y España coinciden y se refuerzan mutuamente.

El Proceso de Barcelona, o la pacificación y estabilización de los Balcanes occidentales, son dos ejemplos destacados de las múltiples áreas en donde apreciamos la entrega de Grecia a los objetivos conjuntos de la Unión Europea. España está también presente en las misiones de pacificación de Bosnia y Herzegovina, o Kósovo y en la muy reciente misión de la OTAN en la antigua República Yugoslava de Macedonia.

Como Estados Mediterráneos y Europeos, tenemos que redoblar nuestros esfuerzos para conseguir, día tras día, que el Mediterráneo sea un enclave de paz y prosperidad, y no un foco de graves tensiones y, menos aún, una línea divisoria entre el Norte y el Sur.

En Barcelona, donde dentro de unos meses se celebrará un Consejo Europeo bajo la Presidencia española, se inició en 1995 un Proceso Euromediterráneo, que España y Grecia han apoyado conjuntamente y que hoy adquiere mayor importancia. En primer lugar, porque la situación en Oriente Medio se ha deteriorado gravemente y, en segundo lugar, porque la ampliación de la Unión exige iniciativas que aseguren un equilibrio nuevo y duradero.

Tenemos, evidentemente también, que aunar nuestra gestión y nuestros conocimientos para alcanzar el objetivo de un Mediterráneo más limpio, cuyos recursos naturales se exploten de forma razonable, y cuyo frágil ecosistema sea preservado de manera efectiva para las generaciones futuras.

Señor Presidente,

Grecia y España ejercerán, casi sucesivamente, la responsabilidad añadida de la Presidencia de la Unión. España desde enero próximo, Grecia justo un año más tarde. Meses decisivos en los que nuestros Gobiernos podrán, sin duda, realizar una contribución a un futuro más justo, próspero y equilibrado. Un futuro que preservando la identidad de cada uno de los pueblos de Europa, promueva las capacidades de cada una de nuestras sociedades, la solidaridad que amalgama a todas ellas y las ilusiones de paz y bienestar, seguridad y justicia, que alientan en cada uno de sus ciudadanos.

Nuestro común empeño en construir ese espacio de libertad, seguridad, y justicia, nos lleva a aunar esfuerzos en múltiples ámbitos. Desde la lucha contra el terrorismo y la renovada defensa de los derechos fundamentales, al combate contra la inmigración ilegal, pasando por la lucha contra la droga y otras formas de delincuencia organizada.

Estamos convencidos de que la próxima ampliación de la Unión Europea hacia el Sur, Centro y Este de Europa, que España apoya decididamente, revitalizará sin duda la integración europea.

En fin, cómo no aguardar ilusionados el momento de la puesta en circulación del Euro, moneda común que compartimos griegos y españoles, junto a otros diez países europeos, y que supondrá un verdadero hito en el proceso de la construcción europea.

Sr. Presidente,

Su país se está preparando, con esfuerzo y entusiasmo, para organizar los próximos Juegos Olímpicos que tendrán lugar en Atenas en el año 2004. España conoce bien ese camino porque hace nueve años tuvo la responsabilidad de organizar la Olimpiada de Barcelona.

Es mi deseo, por ello, Sr. Presidente, expresaros nuestro apoyo ante tal proyecto, convencidos de que Grecia, cuna del Olimpismo, sabrá organizar unos magníficos Juegos, que se convertirán en punto de referencia para los años venideros.

Ante ese gran proyecto, Grecia sabe que cuenta con el apoyo y con la simpatía de España y de todos los españoles.

Señor Presidente,

Concluyo mis palabras para, desde la admiración profunda y el más sincero afecto por la Nación que representáis, alzar mi copa por la prosperidad del pueblo griego, por el fortalecimiento de nuestras relaciones bilaterales, en el seno de la gran familia europea, y por la ventura personal de Vuestra Excelencia.

Muchas gracias.

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