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Palabras de Su Majestad el Rey en el almuerzo ofrecido al Patronato del Instituto Cervantes

Madrid(Palacio de La Quinta de El Pardo), 10.10.2001

S

e ha convertido ya en un hábito que el Patronato del Instituto Cervantes celebre por estas fechas su reunión anual.

Todos los que compartimos la lengua española estamos implicados en la labor que desarrolla el Instituto Cervantes, y por eso es natural que los representantes de la Comunidad Iberoamericana de Naciones acudamos, año tras año, a esta cita.

El valor de las instituciones reside en que desarrollan y dan estabilidad a las ideas a las que sirven. En este sentido, el Instituto Cervantes ha convertido lo que fue un notable designio político, promocionar el español y la cultura expresada en lengua española, en una tarea perdurable.

Vivimos tiempos turbulentos. Pareciera que el siglo XXI abre una de esas épocas, como diría Alejo Carpentier refiriéndose al Siglo de las Luces, "hechas para diezmar los rebaños, confundir las lenguas y dispersar las tribus". La evidente licencia literaria resalta la sensación de caos que puede producir un mundo en el que fuerzas sin rostro desatan el terror en el corazón mismo de la civilización que compartimos.

Es este un signo más, y sin duda el más condenable, de los cambios que desde hace ya algún tiempo están alterando profundamente nuestras vidas, cambios cuya esencia consiste en convertir los hechos internacionales en sucesos domésticos y a la inversa: hechos fundamentalmente domésticos adquieren inevitablemente alcance y consecuencias mundiales.

Algunos conceptos del siglo XX como "territorio" o "frontera" o "soberanía", irán adquiriendo un valor distinto, ante su evidente incapacidad para explicar un mundo donde no hay espacios reservados para nadie, donde la sociedad de la información nos levanta a todos con las mismas noticias; la economía nos sacude con ciclos periódicos que afectan a todos; los movimientos de personas mezclan razas, lenguas y culturas en todos los países, y el terror se hace también universal y nos golpea con una violencia que jamás hubiéramos imaginado.

En estos tiempos críticos es importante compartir cosas, resaltar lo que nos une, mostrar que estamos unidos. Dentro de la comunidad de valores que la humanidad comparte, las naciones se agrupan por su pertenencia a una u otra de las grandes culturas que conviven en el planeta y, dentro de éstas, algunos pueblos tenemos el privilegio de contar con un vínculo aún más fuerte: la comunidad de lengua.

Es la lengua y lo que la lengua transmite lo que nos une en una hermandad distinta de esa otra a la que pertenecemos los seres humanos por el hecho simple de serlo. Debemos resaltarla, debemos ser deudos de ese vínculo, exhibirlo con orgullo, materializarlo en actos, en solidaridad iberoamericana.

Este año ha sido pródigo en acontecimientos que han afectado a nuestra Comunidad. Algunos felices, otros no tanto. Pero en todos se ha manifestado la solidaridad de nuestros pueblos. En el Perú, una brutal sacudida de la naturaleza llegaba en medio de una crisis constitucional que el país ha sabido resolver impecablemente con elecciones trasparentes y libres. Es justo rendir un tributo de admiración al pueblo peruano y a sus dirigentes, que han gestionado esa crisis con tanta prudencia y sabiduría. Todas las naciones hermanas han apoyado en estas circunstancias difíciles al Perú, que también encontrará apoyo en la Comunidad Internacional con la que en breves fechas se reunirá en Madrid.

El próximo mes de noviembre, invitado por el Presidente Alejandro Toledo, visitaré oficialmente, junto con la Reina, ese querido país.

Otros países iberoamericanos que han atravesado o atraviesan circunstancias económicas difíciles han encontrado la solidaridad de nuestros pueblos y el apoyo de España y de Portugal ante la Unión Europea y la comunidad internacional, dando prueba así de que la Comunidad Iberoamericana de Naciones es algo más que retórica, algo más que un propósito; es una realidad que va poco a poco haciéndose en los afanes de cada día.

Tras diez años de Cumbres Iberoamericanas, los Jefes de Estado y de Gobierno nos reuniremos este año en Lima para hacer un breve alto en el camino, reflexionar sobre lo que somos y sobre lo que hemos hecho, e interrogarnos sobre lo que queremos hacer en el futuro. No será un ejercicio de introspección sobre nuestro ser colectivo. Será, debe ser, una reflexión para la acción.

Las Cumbres Iberoamericanas son la expresión política de esa corriente de afectos e intereses que une a nuestros pueblos y que se expresa a través del español y el portugués.

Partimos de lo que nos une, lengua y cultura, para extender juntos la mirada sobre lo que pasa entre nosotros y sobre lo que pasa en el mundo, y compartir, desde esas bases, una interpretación y, en lo posible, un programa de acción.

En ese foro debemos hablar de todo, pero en particular de lo que preocupa a nuestras sociedades, del futuro que ellas mismas, con su dinamismo, están construyendo. Somos una comunidad lingüística y cultural, pero también, cada vez más, una comunidad de intereses, debido a la creciente interrelación económica de nuestros países.

Mención especial merecen las grandes empresas españolas que, en los últimos años, han apostado valientemente por el continente iberoamericano. Han sido apuestas estratégicas, realizadas fundamentalmente en los servicios públicos y en el sector financiero, apuestas que demuestran la voluntad de quedarse.

Tanto si vienen tiempos prósperos, como es nuestro deseo, como si vienen tiempos de incertidumbre, las empresas españolas, y con ellas los ciudadanos españoles, compartirán la suerte de Iberoamérica y lucharán con todos los iberoamericanos por la prosperidad y el bienestar comunes.

El año que viene tendrá lugar un importante acontecimiento para Europa y para Iberoamérica. Coincidiendo con la Presidencia Española de la Unión Europea, se celebrará en Madrid la II Cumbre Unión Europea-América Latina y Caribe.

Es propósito español aprovechar esta circunstancia para que Europa, que comparte cultura y valores con toda América, se interese más y se implique más en Iberoamérica. Quizás sea la ocasión de cerrar un Acuerdo de Asociación con Chile y de evaluar los progresos que, a pesar de las dificultades, van haciéndose en las negociaciones con el MERCOSUR. Poco a poco, Europa e Iberoamérica van trenzando los lazos que las vinculan al porvenir. Debemos perseverar en esta línea, en interés de ambas partes.

Iberoamérica constituye una comunidad de naciones con vocación de estar en el mundo, de participar, de influir en él. Su principal capital para asegurar su presencia es, precisamente, su lengua. Cuanto más peso tenga la Comunidad Iberoamericana en la escena internacional, más peso tendrán sus lenguas en el mundo.

Por eso, al tiempo que perseguimos un mayor protagonismo como Comunidad de Naciones, debemos mejorar las posibilidades de nuestra mejor arma, la lengua.

La semana que viene se reunirán en Valladolid representantes de las 21 Academias de Lengua Española en el Segundo Congreso Internacional de la Lengua, en torno al tema "El español en la sociedad de la información". El Instituto Cervantes ya ha emprendido un Plan de Actualización del Español en la Sociedad de la Información, y ahora este Segundo Congreso continuará el debate sobre esta cuestión, absolutamente crucial para el porvenir de nuestra lengua y, al tiempo, una manifestación más de su empuje y su vitalidad. Hago votos por que los trabajos de ese Congreso arrojen los frutos que todos esperamos.

No quisiera concluir estas palabras sin mencionar con afecto a tantos compatriotas iberoamericanos que viven y trabajan en España, contribuyendo a nuestra prosperidad y a la de sus países de origen. Aquí encuentran un mundo en el que tienen una parte importante de sus raíces, con el que comparten muchísimas cosas. Aquí confío en que encontrarán una prolongación de su patria, precisamente porque continúan hablando su propia lengua.

Señoras y Señores Embajadores, os agradezco vuestra presencia y hago votos por vuestra ventura personal y por la prosperidad de los países que representáis.

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