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Brindis de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la cena con personalidades del mundo de la Cultura

Madrid(Real Casa de Correos), 06.06.2001

Q

uiero deciros que vuestra presencia aquí me brinda una grata ocasión para celebrar la creatividad y el esfuerzo de los artistas, los escritores y las gentes entregadas a la cultura en la Comunidad de Madrid. Es justo reconocer que los madrileños os ven como intermediarios entre mundos diversos, como a guías que, partiendo de Madrid, os adentráis por la geografía sin fronteras de la imaginación para descubrirnos sus caminos.

Lo expresó con acierto Juan García Hortelano: "quien tenga la oportunidad de vivir en Madrid", escribió, "tiene la posibilidad, con tal de que sea algo cosmopolita, de habitar en la capital del universo mundo". Así se refería al torniquete del Museo del Prado, al que veía como la puerta que permite acceder a todas las geografías reales y simbólicas de ese "universo mundo" que es Madrid.

Pero lo cierto es que Madrid guarda muchas otras cancelas que dan acceso a un sinfín de riquezas artísticas, que es tanto como decir de experiencias, de reflexiones, de ideas poderosas sobre el hombre y la vida, en definitiva, de todo aquello que hace que hoy podamos hablar de ésta como de una de las grandes capitales culturales del mundo.

Se da aquí una positiva confabulación de museos, teatros, academias, galerías, editoriales, auditorios y muchos otros espacios singulares, donde la primera virtud de esta región, que es la apertura de mente y de ánimo, se ejercita en las manifestaciones múltiples del pensamiento y el arte.

Así ha sido tradicionalmente en una ciudad de mentideros, corralas y tertulias, donde el teatro es una pasión antigua y lo popular ha sabido convivir con las variantes más depuradas de la creación. Así ha sido, igualmente, en una región que se afana en preservar un rico patrimonio arquitectónico, artístico, paleontológico, que, en el caso más venturoso de Alcalá de Henares, y gracias a la colaboración de las Administraciones y la sociedad civil, ha sido declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad.

Ya fuera en los lamentos metafísicos de Segismundo, ya en la crítica ilustrada del "Pobrecito Hablador", ya en el retrato sereno de los lienzos velazqueños o en el humanismo erasmista de los filósofos complutenses, el trabajo de los escritores y los artistas estuvo siempre en Madrid inspirado por inquietudes universales, que transcendían el motivo local y en todo caso hacían de él pretexto para una reflexión sobre los grandes problemas y esperanzas de su tiempo.

Si hay una imagen ocasional de Madrid que abunda en un castisicmo autosuficiente, es preciso advertir que hay otra mucho más veraz y actual, que es la de las vanguardias sucesivas que, de Quevedo a la Generación del 27, conducen a la vitalidad presente de la ciudad y la región. Y en la que participáis todos vosotros.

Pero la cultura no es un entretenimiento ni un cenáculo, sino una tarea y una responsabilidad. A vosotros os toca principalmente enraizarla en la vida y horizonte de todos los madrileños, destacar su fuerza y su estímulo, aclarar sus respuestas, y suscitar sus nuevas empresas y vocaciones.

Madrid tiene que seguir siendo foro y espejo de la cultura en todas sus formas, y tiene que abanderar esta empresa de libertad abierta y disponible para todos, que es a la vez marca de calidad y diálogo permanente, entre los madrileños y quienes vienen de fuera, entre las instituciones y las iniciativas y entidades privadas, mutuamente comprometidas en el fomento y apoyo del esfuerzo creador, y de sus repercusiones sociales y ciudadanas.

Sé que aceptáis con orgullo llevar a cabo esta tarea, tan noble, de servir a la cultura sin servirse de ella. Os felicito y os animo a que, cada uno en su ámbito propio, extendáis e intensifiquéis vuestro respaldo a las estructuras e iniciativas culturales, no solo en la capital, sino también en todos los municipios de la región y fuera de ella, contribuyendo así a elevar su nivel en todos los órdenes y a vencer las tensiones que, lamentablemente, también conviven en nuestras sociedades.

Sois a un tiempo la expresión natural de nuestra riqueza cultural y los artífices de ella. Gracias a vosotros, los madrileños pueden descubrir los caminos y las claves del mundo que viven, y también construirlo y mejorarlo. En este camino, que juntos compartimos, os acompaño y os expreso mi apoyo y todo mi afecto.

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