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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la inauguración del Año Internacional de la Astronomía

Madrid, 27.01.2009

M

uy buenas tardes señoras y señores. Quiero comenzar por agradecer la intervención y la presencia con nosotros de La Presidenta de la UAI, bienvenida; gracias a nuestra conferenciante, Rosa Zapatero del IAC, por su estímulo intelectual para ponernos a tono; y a la Coordinadora Montse Villar por explicarnos las iniciativas previstas para este año. Enhorabuena por el trabajo de preparación. Y gracias al Presidente del CSIC por sus amables palabras como científico y gestor, y por la oportunidad que me ha ofrecido, con su invitación, de participar como presidente del Comité de Honor en la apertura formal en España, junto a todos ustedes, de este Año Internacional de la Astronomía.

Lo hago con enorme gusto para apoyar esta propuesta de la UAI, endosada por la UNESCO, y este esfuerzo de la comunidad científica y sus gestores que busca, por un lado, reconocer y celebrar la enorme contribución de esta rama de la ciencia al desarrollo de la Humanidad, y por otro, divulgar más sus avances en todo el mundo, emocionar con sus resultados y motivar así a las sociedades a que se comprometan más con el conocimiento y las vías para fomentarlo.

También vengo aquí como aficionado, como amante desde muy niño de la Astronomía, y con la firme convicción de la importancia que tiene para nuestro futuro, también para atender mejor las necesidades tangibles de la sociedad, la apuesta por la ciencia. Ser fuertes en producción científica, tener a nuestros científicos en primera línea mundial en muchos campos y contar con centros punteros de investigación, con el impulso público y privado y el apoyo de la Universidad es una magnífica manera de ser una verdadera potencia.

La verdad es que me emociona pensar en que hace 400 años -un tiempo extremadamente breve en términos astronómicos pero tan productivo para la aventura del descubrimiento, del conocimiento y comprensión del medio que nos rodea- Galileo hizo su primera observación celeste mediante un telescopio, con ese deseo curioso de saber más que caracteriza a los científicos, y con el afán de resolver muchas incógnitas sobre el cielo, las estrellas y los planetas que tanto habían acompañado la existencia humana durante miles de años. Por eso este año es especial y, a pesar de tantas dificultades que nos rodean, es importante darle el realce y apoyo necesario a las iniciativas y programas previstos para todo el 2009.

A partir de hoy, España tiene la satisfacción de sumarse a otros ciento treinta y cinco países, para difundir el entusiasmo por la exploración del Universo, o intercambiar ideas sobre la posición del hombre en el Cosmos y el papel de la Ciencia como instrumento del saber.

Pero mi presencia y apoyo no es solo personal: me permite también recordar que, desde una perspectiva mucho más amplia, la Corona española a través del tiempo ha alentado e impulsado la observación y el estudio científico del espacio. No voy a remontarme ahora al famoso ?Libro del Saber de Astronomía? o a las aún más famosas ?Tablas Alfonsinas? del Rey Sabio que en el siglo XIII reflejan la mejor ciencia medieval, ni a otros precedentes que iluminan nuestra Historia.

En cambio, sí creo oportuno, en presencia del Director del Observatorio Astronómico Nacional, rememorar la iniciativa del Rey Carlos III, que en 1790 encargó la construcción del Observatorio del Retiro, aquí en Madrid, para instalar aquel magnífico telescopio reflector Herschel de 25 pies, en el marco de una vasta política que hoy calificaríamos de ?Investigación y Desarrollo?.

En esa misma línea, mi bisabuelo, el Rey Alfonso XIII, ofreció todo su apoyo para instalar los dos telescopios Grubb en el mismo emplazamiento que albergó el Herschel.

En la España más moderna, SS. MM. los Reyes han estimulado el progreso de la Astronomía desde numerosos foros y han respaldado la construcción o la mejora de sedes e instalaciones tan emblemáticas como, el Observatorio de Izaña, el del Roque de los Muchachos, o la estación de Calar Alto, para seguir dotando de medios de alto nivel a los astrónomos, por cierto, no sólo españoles. Un esfuerzo al que me he sumado desde hace tiempo, y ahora también muchas veces junto a la Princesa, para ayudar a divulgar el alto nivel que han alcanzado nuestra investigación básica y nuestra tecnología en esta disciplina.

Pero permitidme recordar que tanto los telescopios de Herschel como los de Grubb, que antes mencionaba, se fabricaron fuera de nuestro país. Hoy, en cambio, el ?Grantecan? en la isla de la Palma, que inaugurarán los Reyes el próximo verano, ha sido concebido y desarrollado enteramente en España. Yo tuve por cierto el placer y el privilegio de colocar su primera piedra y presidí su ?primera luz?. Este es sin duda el acontecimiento más importante del año para la astronomía en España, pero lo verdaderamente trascendente es la ciencia que con él va a poder hacer la comunidad astrofísica y todos estamos a la espera de resultados que conmuevan nuestro conocimiento del Universo.

Al fin y al cabo, es la ciencia la razón de ser última de estas máquinas prodigiosas que la tecnología pone en las manos de los investigadores, y con ellas ?como el GTC- sabemos que nuestras empresas han logrado avances que las están haciendo más competitivas. Así, nos consta que están involucradas en los desarrollos preliminares del supertelescopio del S.XXI, el E-ELT (European Extreemly Large Telescope) que ya están en marcha. Esperamos que en su momento concurran las suficientes razones astronómicas, logísticas, culturales, y también económicas para que se haga realidad nuestra aspiración a que finalmente se ubique en Canarias, el observatorio natural europeo del Hemisferio Norte

Por otro lado, el reciente ingreso de nuestro país en el ?Observatorio Europeo del Sur?, ESO, ha supuesto otro gran paso adelante, esperado y aplaudido largamente por la comunidad astrofísica española. Quiero subrayar que nuestra presencia en ese Observatorio demuestra nuevamente, no sólo la confianza internacional de que disponen los equipos científicos formados en las Universidades y Centros de Investigación de nuestro país, sino su capacidad de añadir valor a proyectos de vanguardia.

En otras palabras, contemplamos ya los frutos de un dilatado esfuerzo individual y colectivo de los españoles en la esfera de la Astronomía.

El auge de la Astronomía en España es producto de esa eficaz fusión de dedicación profesional, ilusión, talento, enorme esfuerzo y exigencia, que define el quehacer diario de nuestros científicos, y del consecuente respaldo público con que cuentan. Una trayectoria que debe animarnos también a seguir aumentando nuestro personal investigador.

El Cuatrocientos Aniversario, que ahora celebramos, de la observación que realizó Galileo, y de la publicación de la ?Astronomía Nova? de Johannes Kepler, llega, pues, cuando los científicos españoles trabajan a pleno ritmo con sus colegas de otros países.

Todo ello nos llena de ánimo, de confianza y de satisfacción. Así, esta celebración me permite reiterar el apoyo de la Corona al progreso de la Astronomía en España, como Ciencia que, arraigada en siglos de trabajo, florece en posiciones muy avanzadas del saber. Estoy convencido, además, de que estos doce meses, no sólo permitirán disfrutar y emocionarse con la belleza del Universo a mucha más gente en todo el mundo, sino que darán un empuje adicional de ilusión al espíritu científico y dejarán un legado de descubrimientos en el estudio del espacio para las generaciones venideras.

Muchas gracias.

Y ahora, es para mí un alto honor declarar inaugurado en España el Año Internacional de la Astronomía.

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