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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el acto de inauguración del monumento a Agustín de Betancourt.

Rusia(San Petersburgo), 24.06.2003

M

uchas gracias en primer lugar por sus palabras y sus hospitalarias muestras de afecto que me hacen sentirme aún más como en casa en esta magnífica ciudad. En el marco de las celebraciones del tercer centenario de la fundación de San Petersburgo, el monumento que hoy inauguramos rinde homenaje a un español estrechamente vinculado al desarrollo de esa ciudad, el ingeniero Agustín de Betancourt y Molina.

En la historia de las relaciones entre España y Rusia, Betancourt es una figura insigne de enorme relevancia, conocido y recordado hoy en día como el fundador de las primeras escuelas de ingeniería civil de ambas naciones: la Escuela de Caminos y Canales de Madrid y el Instituto de Ingenieros de Vías de Comunicación de San Petersburgo.

Aquí está enterrado y aquí dejó una parte principal de su extraordinario legado. Su recuerdo se conserva vivo en la ciudad que le acogió como lo demuestra este acto que hoy nos congrega en torno a su memoria.

Cuando se estableció en Rusia, Betancourt contaba con cincuenta años de edad, y una brillante trayectoria científica y técnica a sus espaldas, desarrollada al servicio de la Corona española. Inquieto y emprendedor, entró en contacto con destacados técnicos, profesores y sabios de la época y, a través de sus trabajos y memorias, se hizo un nombre en la comunidad científica de la Europa ilustrada. La ingeniería civil, la minería, la industria textil, la fabricación de cañones y la naciente telegrafía ilustran la variedad de sus intereses y la amplitud de sus investigaciones.

El ingeniero español que llegó a San Petersburgo en 1808, era un técnico de prestigio europeo y un ilustrado de conocimientos universales, en la vanguardia del progreso científico de su época y altamente comprometido con la difusión de los saberes teóricos y prácticos.

Sin duda su origen canario, y el talante abierto al Atlántico de su Archipiélago natal, tuvieron una importante influencia en su vocación científica e investigadora, y en su afición a lo que él llamaba ?arte de la mecánica?, incluido el dibujo, del que fue más que notable practicante.

Con ese talante se incorporó al servicio del Zar Alejandro I de Rusia en el Departamento de Vías de Comunicación y promovió, en apenas un año, la fundación del Instituto de Vías de Comunicación de San Petersburgo, del que es heredera la Universidad Estatal de Vías de Comunicación, que hoy nos acoge en su sede.

A lo largo de tres lustros de intensos trabajos, la estela de Betancourt se hizo bien visible en el vasto territorio ruso. Los amplios conocimientos adquiridos en la etapa anterior le permitieron acometer la modernización y construcción de factorías y extender su actividad constructiva a campos como la arquitectura o el urbanismo.

Es en San Petersburgo donde la huella de Betancourt ha dejado mayor impronta. Su nombre ha quedado indisolublemente asociado a edificios tan representativos de la ciudad como la nueva Catedral de San Isaac a la orilla del Gran Neva, la moderna fábrica de papel y moneda o la potente draga de vapor puesta en funcionamiento en 1812 en el puerto de Krondstadt.

La Exposición que a continuación vamos a visitar, realizada por el Centro de Estudios y Experimentación de Obras Públicas del Ministerio de Fomento de España, con la colaboración de la Universidad Estatal de Vías de Comunicación de Rusia, quiere mostrar al público de nuestros días y a los habitantes de esta bella ciudad la ingente obra del ilustre ingeniero español, que aquí pasó años fructíferos de su vida.

Estos actos son también un homenaje a la ciudad de San Petersburgo, tan ligada a él, con motivo del tercer centenario de su fundación por Pedro I el Grande, monarca cuyo impulso constructor y urbanista está en el origen de una de las ciudades emblemáticas de la historia europea.

Y significa, en fin, un encuentro entre Rusia y España, en un ámbito especialmente valorado en nuestro tiempo: el de la ciencia aplicada a la realidad, útil para promover y consolidar el progreso y la prosperidad colectivos.

Ante este momento, de tanta significación histórica para las relaciones entre nuestros Países, hago votos para la consolidación de esta nueva y prometedora etapa que vive Rusia y particularmente la ciudad de San Petersburgo a la que España tiene hoy mucho que aportar. Estoy seguro de las enormes posibilidades de avanzar juntos por este camino de progreso.

Agradezco el esfuerzo y entusiasmo de todos los que han participado en su organización, expresión del prometedor futuro de colaboración entre las instituciones de Rusia y España y, en definitiva, de la cordial amistad que une a nuestros pueblos. Muchas gracias.

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