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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la entrega de los Premios Príncipe Felipe a la Excelencia Empresarial.

Madrid, 15.12.2003

C

omo cada año - y ya son ocho - nos volvemos a reunir en este acto en el que me uno a todos vosotros para cumplir con un ilusionante y agradable deber; esto es, expresar y respaldar el reconocimiento institucional a aquellas empresas españolas que se esfuerzan cada día en ser mejores y más eficientes.

Los "Premios Príncipe Felipe" a la Excelencia Empresarial, convocados conjuntamente por el Ministerio de Economía y el de Ciencia y Tecnología, son unos galardones de especial relevancia entre los que se conceden en nuestro país a las empresas que se han propuesto ser más capaces y competitivas. Ponen de manifiesto la trascendencia económica y social de su esfuerzo, y nuestra admiración por su trabajo y su tesón.

Con esta nueva edición de los Premios, son ya más de setenta las empresas distinguidas por su excelencia en diversos ámbitos, y cerca de trescientas las que han sido nominadas. Evidentemente tenemos motivos para celebrar a todas ellas y a las personas que, desde dentro, las hacen crecer y mejorar cada día; pero en particular destacamos a las premiadas y nominadas este año, a las que felicito muy sinceramente y animo a perseverar en su afán. Recordemos que los Premios no sólo deben ser reconocimiento de lo logrado sino acicate para seguir por ese camino y ejemplo para los demás.

Todas las empresas hoy distinguidas nos dan su ejemplo de excelencia en aspectos muy diversos de su actividad: calidad, innovación, diseño, esfuerzo exportador, eficacia energética, información y comunicación, turismo y gestión de su marca. Las actas lo reflejan pero es la realidad la que sustenta su ejemplaridad.

Y responden a una dinámica similar, estrechamente ligada a la identidad y cultura de cada una de ellas, que tiene un denominador común: el compromiso por la innovación, las estrategias de investigación y desarrollo tecnológico, y la participación bien concertada, y la excelente formación, de muchas personas de distintos niveles y habilidades, y no sólo de sus equipos directivos.

El marco general de la actividad empresarial evoluciona al compás de una serie de factores determinantes, como el avance de la tecnología y las comunicaciones, la expansión de la sociedad de la información; la liberalización de los mercados, y la internacionalización del comercio y la producción.

En este capítulo, Europa tiene para nosotros particular importancia, al tratarse de un ámbito al que se dirige el grueso de nuestras exportaciones, y cuya próxima ampliación supone importantes oportunidades que debemos saber aprovechar.

Vivimos un tiempo de cambios demográficos y estructurales, pero lo verdaderamente nuevo es la velocidad a la que se suceden estos cambios. Esa velocidad plantea un mayor riesgo y, por tanto, una mayor exigencia para evitar que produzcan indeseables desajustes o desequilibrios económicos y sociales.

La paulatina integración de España en entornos económicos altamente desarrollados demanda continuamente a nuestras empresas la necesidad constante de modernizarse e incrementar su productividad. Muchas de ellas están dando grandes pasos en el campo tecnológico, en la calidad y el diseño de sus productos y servicios, y en la optimización de procesos y recursos humanos y naturales.

La internacionalización de las empresas españolas pone a prueba a diario su rentabilidad y su competitividad, el valor y esfuerzo de sus equipos humanos, y la necesidad de avanzar en la búsqueda de nuevos mercados.

Su creciente presencia en el mundo está transformando nuestra imagen en el exterior. España es hoy en el mundo un país que avanza y progresa, tanto por la importancia de sus inversiones a escala internacional cuanto como socio solvente y proveedor de productos originales y atractivos.

Es enormemente satisfactorio comprobar que los premiados con estos galardones, y en particular los de este año, se preocupan por estos objetivos. Y además, no quiero dejar de subrayar el protagonismo de las pequeñas y medianas empresas en este proceso, acorde con su peso en el conjunto de nuestro panorama empresarial y con su carácter de núcleos básicos de crecimiento y empleo. Celebro que el elenco de estos Premios incluya un reconocimiento expreso de su papel, y al hacerlo contribuya a su crecimiento y desarrollo en el futuro.

La búsqueda de soluciones y respuestas que exige la nueva realidad económica global no atañe sólo a nuestras empresas, sino también al conjunto de la sociedad española. Las instituciones, los trabajadores y los jóvenes que se están formando para desarrollar en el futuro una profesión, deben asimismo acumular conocimientos, habilidades y recursos para saber adaptarse a las cambiantes condiciones y a las exigencias de nuestro tiempo.

Necesitamos, por tanto, la iniciativa y el apoyo de las instituciones y la participación ciudadana. Todos, en nuestro entorno más cercano y en la parcela que a cada uno nos corresponda, sea el de la empresa, la Administración, o la enseñanza, debemos alentar el espíritu innovador, la creatividad y las iniciativas emprendedoras, para conseguir una sociedad mejor, más fuerte y en constante progreso.

Queremos que el afán de superación que nos han demostrado estas empresas sea verdaderamente contagioso; que esa cultura empresarial que entiende el éxito como la suma de muchos factores, imaginación, trabajo en equipo, tecnología y capacidad comercial, se extienda al conjunto de nuestras empresas; que ese camino por el que se abren paso los ahora premiados y nominados esté cada vez más concurrido y mejor utilizado.

Hacemos votos, en fin, por que estos Premios sigan siendo un estímulo para seguir trabajando por la excelencia y señalen una invitación y un estímulo al conjunto de las empresas españolas.

Mi enhorabuena muy cordial a cuantos hacen posible su continuidad y los alimentan con su ejemplo.

Muchas gracias.

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