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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la cena ofrecida por el Presidente de la República Portuguesa

Portugal(Palacio de Queluz. Lisboa), 02.06.2003

D

eseo que mis primeras palabras sean para expresarle mi más profundo agradecimiento por su muy amable y siempre grata invitación para visitar Portugal, por su calurosa acogida y por sus afectuosas palabras hacia mi persona y por su sincera amistad hacia España.

Me siento particularmente feliz de encontrarme de nuevo en Lisboa, donde ya tuve en 1991 el honor de ser recibido por el Señor Presidente en su entonces calidad de Alcalde de esta hermosa capital europea.

En aquella primera ocasión, también en vuestra toma de posesión como Presidente de la República, y en las sucesivas oportunidades en que he tenido el honor de encontrarme con Vuestra Excelencia en Portugal, y en muchos lugares del mundo ha ido forjándose una relación personal marcada por una amistad y un afecto que he recibido siempre de Vuestra Excelencia y que no puedo olvidar. He disfrutado de vuestro profundo conocimiento de la realidad portuguesa, de España y de nuestras relaciones bilaterales, así como de vuestra entrega y visión al servicio de Portugal. Un Portugal cada vez más dinámico y moderno, comprometido con el futuro y orgulloso de su pasado, cuya proyección universal nos enriquece a todos los europeos.

Regreso a Portugal con gran ilusión y con una doble misión: trasmitirle un mensaje de afecto de mi padre, Su Majestad el Rey de España, que tiene siempre a Portugal en su corazón, y seguir profundizando en mi conocimiento de Portugal, de su historia, de su cultura y de su presente, para así poder contribuir mas y mejor al reforzamiento de nuestras relaciones.

Estoy convencido de que el mayor conocimiento mutuo es, sin duda, el mejor instrumento para ahondar en la amistad, para comprenderse mejor, y para trabajar juntos con mayor eficacia. Algo esencial también para poder desarrollar todo el potencial que encierra nuestro entendimiento bilateral, así como para superar los retos que plantea una relación tan rica e intensa como la que nos liga como vecinos y amigos.

Compruebo con gran satisfacción que en los últimos años nuestras relaciones han progresado de forma sustancial. Tanto la casi coincidente recuperación de la democracia en nuestras dos Naciones, como nuestra incorporación simultánea a la construcción europea, forjaron un nuevo marco más propicio para impulsar nuestra cooperación, abriendo nuevas oportunidades de modernización, crecimiento y bienestar en beneficio de nuestros respectivos países. Sobre esa base seguiremos trabajando para proyectar esta era de fructíferas relaciones hacia un futuro prometedor.

Los contactos a nivel político se han multiplicado en número y en intensidad, en un clima de amistad, comprensión y cooperación y se han traducido en un rico entramado de nuevos acuerdos, áreas de entendimiento y de realizaciones que, año tras año, se van fraguando en las Cumbres bilaterales. En la última Visita de Estado de Sus Majestades los Reyes a Portugal en el año 2000 quedó patente la calidad e intensidad de las relaciones hispano-portuguesas. Y en cada ocasión que nuestro trabajo nos trae nuevamente a Portugal nos sentimos enormemente satisfechos con el progreso continuo de nuestras relaciones.

Pero también son cada vez más numerosos los contactos e iniciativas que emanan del dialogo entre nuestras respectivas sociedades civiles.

En política exterior existe una estrecha cooperación entre España y Portugal, fundamentalmente en el seno de la Unión Europea, y respecto de Iberoamérica y del Mediterráneo, ámbitos en los que compartimos muchos puntos de vista en común.

Trabajamos, asimismo, en gran sintonía para abordar los grandes retos del momento actual. Mención especial, en este sentido, merece el terrorismo que debemos afrontar desde nuestra profunda fe en la convivencia democrática y el rechazo mas absoluto a quienes recurren a la violencia para intentar imponer sus ideas, conculcando los derechos mas elementales del hombre y despreciando los sentimientos de tantas familias cuyo dolor compartimos como propio todos los ciudadanos que amamos la paz, la democracia y la libertad.

Por otra parte, Portugal es hoy un importantísimo socio económico y comercial para España. Las exportaciones portuguesas han crecido mucho en los últimos años, y estoy convencido de que los empresarios portugueses sabrán aprovechar cada día mejor la cercanía de un mercado de 40 millones de habitantes que ve con simpatía a Portugal.

Crecen también significativamente las inversiones portuguesas en España y el volumen de las inversiones españolas es una clara muestra de la confianza de los empresarios españoles en el futuro de Portugal.

Sería de enorme interés que nuestros empresarios se asocien con mayor frecuencia para desarrollar proyectos conjuntos en otros mercados. Ya hay algún ejemplo en Iberoamérica y estoy convencido de que podremos cooperar en otras regiones.

Creo oportuno resaltar también el interés creciente, aunque todavía no plenamente satisfecho, por la cultura portuguesa en España y por la española en Portugal. Es evidente que también en esto hemos cambiado y estoy convencido de que es en el ámbito cultural en donde más tenemos que esforzarnos para estrechar nuestras relaciones, haciendo realidad ese objetivo de un mejor conocimiento mutuo.

Señor Presidente,

Puede estar seguro de que siempre encontrará en mí a alguien dispuesto a trabajar con entusiasmo e ilusión para que nuestras relaciones sean cada vez más sinceras y profundas.

Como vuestra Excelencia se encarga de evocar con cariño en cada encuentro, mi Familia mantiene estrechos vínculos con Portugal. Nunca olvidamos que su país y sus gentes, Señor Presidente, acogieron a mis Abuelos, a mi Padre y al resto de mi Familia con una enorme generosidad. Aquí pasaron días familiares y de amistad que fraguaron unos recuerdos imborrables que siempre les unirán a este país.

Yo también he sido educado en el agradecimiento y en el cariño hacia Portugal, así como en el respeto y en la admiración hacia un país con muchos puntos en común con el mío, y con una gran personalidad propia como corresponde a una Nación que se formó hace más de 850 años.

Por todo ello, Señor Presidente, puedo decirle con toda sinceridad que también en mi persona tendrán siempre a un amigo de Portugal. Cuenten por ello conmigo como sincero valedor de la amistad hispano-portuguesa, desde el especial afecto, respeto y admiración que siento por Portugal y por sus gentes.

Termino as minhas palavras con este compromiso de fidelidade para a amizade hispano ? portuguesa pedindo ? lhes que me acompanhem neste brinde por Portugal e pelo povo português e para desejar a vossa Excelência Senhor Presidente, a sua mulher e a toda sua família as maiores felicidades.

Muito obrigado.

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