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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en el Ayuntamiento de Lisboa

Portugal(Lisboa), 03.06.2003

M

uchas gracias por esta acogida y por sus amables palabras de bienvenida, un agradecimiento que hago extensivo a todos los lisboetas de quienes, desde mi llegada, he recibido incontables muestras de esa delicada cortesía que distingue a este país.

Siempre me llena de satisfacción volver a Portugal y, muy especialmente, a Lisboa. Permítame evocar nuevamente la circunstancia familiar que me une a Portugal y a Lisboa ya que durante mucho tiempo vivieron muy cerca de donde nos encontramos, Mis Abuelos Don Juan y Doña Maria, los Condes de Barcelona, y con ellos mi padre, el Rey Don Juan Carlos y sus hermanas las Infantas Doña Pilar y Doña Margarita gozando de la generosidad de este País. Hay por tanto una raíz íntima y familiar en mi aprecio por esta ciudad y por la hospitalidad de sus gentes.

Pero además, Lisboa me ha parecido, desde siempre, un símbolo, una metáfora urbana de esa realidad en continua transformación que caracteriza el momento histórico que vivimos.

Levantada sobre sus colinas y mirándose en el Mar de Paja, Lisboa me ha impresionado siempre por su dignidad de ciudad antigua, venerable, que hace justicia en cada uno de sus rincones a una larga y fecunda historia.

Pero, al mismo tiempo, Lisboa no es una ciudad varada en el pasado. En sus calles conviven con naturalidad realidades antiguas y nuevas y por doquier se advierten en ella?en sus gentes, en su cosmopolitismo, en su apertura al mar y a quienes la visitan, en su arquitectura? signos del esfuerzo por acompasar, siempre con éxito, lo recibido de tradiciones seculares con lo nuevo, con la creación, con la innovación.

Lisboa me ha parecido siempre un ejemplo cabal de continua renovación, de esa sabia conjunción de lo nuevo y de lo antiguo que configura su marcada personalidad y que muestra a quien quiere descifrar sus claves el orgullo de su pasado, los empeños del presente y la confianza en el futuro.

Señor Presidente

Es sin duda un privilegio, una gran responsabilidad y también un motivo de orgullo, administrar una ciudad como Lisboa, en la que la tradición y la modernidad, se entrelazan, a veces tan intrincadamente.

Son muy de alabar los esfuerzos que se están acometiendo para preservar la belleza de esta ciudad, haciéndola aún más amable para sus habitantes y más grata para sus visitantes; al tiempo que se modernizan sus servicios, como corresponde a uno de los centros políticos, económicos y culturales no sólo de Portugal sino de Europa.

Quiero desearle, a usted y a la corporación que preside, el mayor de los éxitos en esos esfuerzos para que Lisboa siga siendo un ejemplo de la riqueza histórica que posee el archipiélago de nuestra cultura europea, de las corrientes antiguas y modernas de cultura y tolerancia que impregnan todo su espíritu y para que esta capital siga siendo la suma de tradición y espíritu innovador que configura su personalidad.

Receba o meu agradecimento que reitero de todo coraçâo pelo vosso acolhimento nesta cidade tâo querida para mim.

Voltarei, sem dúvida. Estou certo de que se as cidades falassen Lisboa me pergumtaria como a todos os seus visitantes:?Terá saudades minhas?? e eu estou ainda mais do que certo de que lhe? responderia:?Todos os dias?

Muito obrigado.

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