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Palabras de Su Majestad el Rey en la entrega de los Premios Nacionales de Investigación 2005

Palacio Real de Madrid, 26.01.2006

L

a Reina y yo sentimos una honda alegría al poder presidir este acto de entrega de los Premios Nacionales de Investigación.

Estos Premios simbolizan el gran valor que la sociedad española otorga a la Ciencia, elemento decisivo de su progreso y prosperidad futura.

Con estos Premios, expresamos el reconocimiento a la valiosa y esforzada labor de los hombres y mujeres que dedican lo mejor de sus vidas a la búsqueda de nuevos descubrimientos científicos, y a su aplicación mediante innovaciones tecnológicas de diversa naturaleza.

En las últimas décadas la Ciencia española ha progresado notablemente en su conjunto, ha mejorado su impacto en las distintas disciplinas y ha situado a muchos de sus investigadores en un lugar destacado a nivel mundial.

2005 ha sido un año de resonancias positivas para la Ciencia española. Un año marcado por el recuerdo a ese español universal, modelo y prototipo de investigador, que fue Severo Ochoa.

Con motivo del homenaje que le dedicamos el pasado mes de noviembre, reiteré el firme compromiso de la Corona a favor del desarrollo de la investigación en España; una investigación que, como subrayé entonces, debe estar a la altura que demanda una sociedad moderna y dinámica como la española, en pleno siglo XXI.

Por ello, mucho me satisface  constatar que tanto el Gobierno de la Nación, como las Comunidades Autónomas y la iniciativa privada, han incrementado su compromiso económico con la investigación, el desarrollo científico y la innovación.

Me complace poner de relieve este esfuerzo, y la generación de iniciativas promotoras de la actividad científica como, entre otros, el programa INGENIO 2010.

Nuestras instituciones públicas y privadas han reiterado, asimismo, su aspiración para que la actividad investigadora aumente exponencialmente en calidad, de modo que nuestra Ciencia  no sólo sea  excelente -que ya lo es?, sino que se reafirme como indudable punto de referencia a nivel internacional.

Para alcanzar tal objetivo, como se ha puesto de relieve en 2005, resulta esencial que cobremos mayor conciencia sobre la necesidad de incrementar nuestra capacidad en materia de transferencia tecnológica.

Para poder contribuir a reducir la distancia que nos separa de otros grandes países europeos en cuanto a productividad e innovación, debemos promover iniciativas empresariales que tengan su origen en proyectos de investigación científica y desarrollo tecnológico.

Otro asunto crucial sigue siendo el de la debida incorporación de los jóvenes investigadores a  nuestras universidades, institutos y laboratorios. 

La Corona valora muy positivamente esta demanda de las más jóvenes generaciones, común a todos los países de la Unión Europea, y apoya y estimula cuantos esfuerzos puedan llevarse a cabo para atenderla.

No permitir que se pierdan capacidades científicas demostradas, y ayudar al desarrollo de las vocaciones científicas en los jóvenes, es una responsabilidad que nos incumbe a todos.

Los Premios de este año revisten un valor singular. Hoy distinguimos a disciplinas fundamentales como la Física, la Química y las Matemáticas,   y ponemos de relieve el papel de las ciencias y tecnologías de los recursos naturales en la comprensión y conservación de nuestro medio ambiente.

Nos acercamos también a las tecnologías de la información y la comunicación, claves en el mundo de hoy.

Distinguimos, finalmente, la transferencia de tecnología, tan necesaria para toda sociedad como salto definitivo hacia su  modernización.

Felicito calurosamente a  los galardonados por su brillante labor investigadora, que los ha traído desde su abnegado y admirable trabajo en cátedras y laboratorios, hasta este merecido lugar de honor y reconocimiento: los Doctores Don Pedro Miguel Echenique Landiribar, Don Miguel Valcárcel Cases, Don Miguel Delibes de Castro, Don Manuel de Hermenegildo Salinas y Don Ignacio Fernández de Lucio.

Sabed que vuestra obra es un motivo de orgullo para todos, y que vuestro ejemplo engrandece a la sociedad española.

Con estos Premios, unís vuestras trayectorias a las grandes figuras históricas que dan nombre a los galardones que hoy, tan justamente, habéis recibido. Vuestro trabajo, junto al de vuestros colaboradores, es motivo de honda satisfacción y estímulo para toda la comunidad científica española.

Agradezco vuestra vocación y dedicación científicas, así como lo que comportan de  compromiso con el afán de mejorar el mundo y de servir a nuestra sociedad.

Os aliento a proseguir en vuestra meritoria labor, en la seguridad de que vuestro ejemplo redundará en beneficio de España y de todos los españoles.

Ésta es, sin duda, la más alta recompensa a la que podemos aspirar: formar parte de la memoria de lo excelente y  haber contribuido al bienestar de nuestros conciudadanos.

Muchas gracias.

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