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Palabras de Su Alteza Real el Príncipe de Asturias en la Clausura del XI Congreso Estatal del Voluntariado

Mérida, 05.12.2008

L

o primero que quiero deciros es que volver a Extremadura tan seguido nos alegra profundamente; por el enorme aprecio que sentimos hacia esta tierra entrañable y deslumbrante, con sus montes, dehesas, ciudades únicas y su extraordinaria riqueza histórica-artística; pero sobre todo por la enorme contribución que ha realizado -con vigor y acierto- al itinerario general de la Historia de España y a la extraordinaria modernización que juntos hemos forjado en las últimas décadas.

Precisamente, el Congreso del Voluntariado que hoy clausuramos es un ejemplo de la juventud y dinamismo de la sociedad extremeña. Como lo fue hace unas semanas el Congreso de Nuevo Periodismo, celebrado en un impresionante centro de vanguardia médica, el Centro de Cirugía de Mínima Invasión de Cáceres. Y al igual que entonces, la Princesa y yo agradecemos vuestra hospitalidad y las palabras llenas de afecto que nos han dirigido, en esta ocasión, el Presidente de la Junta de Extremadura así como el Alcalde de Mérida; ciudad milenaria, muy querida y siempre hermosa.

Quiero agradecer las intervenciones de la Secretaria de Estado y de la Presidenta de la Plataforma del Voluntariado de España, que han puesto de relieve la trascendental y necesaria aportación de los voluntarios españoles a la mayor humanización de nuestra vida cotidiana. De ahí, nuestro profundo reconocimiento a los voluntarios, reunidos en este Congreso, por su activa, ilusionada y modélica entrega diaria a los demás. A todos ellos les dirigimos un especial saludo lleno de admiración, gratitud y afecto.

Este acto de clausura incluye por segunda vez la entrega de los Premios Estatales al Voluntariado Social. Es un honor y un placer para nosotros poder entregar las Medallas y Diplomas en sus modalidades individual y colectiva, y creo que tanto los premios en sí mismo, como los que los reciben son un magnífico reflejo del espíritu de solidaridad que anima a la sociedad española. Pero también es muy significativo, o simbólico que se celebre precisamente el 5 de diciembre,?Día Internacional del Voluntariado?.

Por tanto, felicidades a todos. Pero de manera especial queremos dar nuestra enhorabuena a las personas y entidades premiadas. Reconocemos vuestros esfuerzos y el valor de vuestra entrega, y os damos las gracias de corazón por vuestro ejemplo y generosidad, verdadero acicate para todos. En vosotros también galardonamos el altruismo de ese creciente número de voluntarios españoles, a los que los premiados hoy representáis.

Vemos cómo, cada día, todo nuestro voluntariado da lo mejor de sí mismo al servicio de los demás -sobre todo de los más necesitados- tantas veces desde el anonimato, y siempre de manera libre y desinteresada. En nuestro país, y mucho más allá de nuestras fronteras, los voluntarios españoles ayudan con ilusión y entrega a las personas vulnerables en el marco de unas políticas y proyectos sociales que se definen desde las instituciones públicas y las ONGs. De ahí, el interés por los resultados de este Congreso, cuya trayectoria conozco desde sus inicios.

En efecto, hace ahora once años me brindasteis la ocasión de inaugurar el Primer Congreso Estatal del Voluntariado, recién estrenados tanto la Ley del Voluntariado, como el primer Plan Estatal en esta materia. Desde 1997 he tenido la satisfacción de venir a todos vuestros Congresos y de seguir muy de cerca el progreso que el fenómeno de la solidaridad, y sus múltiples formas de expresión, vive en España.

En aquel Primer Congreso abordamos algunos de los grandes retos que empezaban a plantearse. Hoy, la generosidad personal, la solidaridad individual y la colectiva, así como la responsabilidad social en las empresas e instituciones, han adquirido nuevo brío y formas nuevas. Nuestro tejido social, no sólo acoge, sino que promueve activamente dichos valores; y con ellos reclama de cada uno de sus miembros un compromiso altruista con los demás para ayudar a que sigamos construyendo entre todos con orgullo una España siempre mejor.

Una España comprometida con el progreso económico, social, cultural y también medioambiental de todos los ciudadanos, con la promoción de sus derechos y libertades, con la lucha contra la marginación y la pobreza, y con el fin de la intolerable barbarie terrorista que ha vuelto a manifestarse con toda brutalidad en Azpeitia al segar la vida del empresario, Don Ignacio Uría Mendizábal. Su asesinato, vil y cobarde, nos llena de dolor y merece nuestra más absoluta condena y repulsa. A su familia, a sus amigos y al personal de su empresa quiero transmitir junto a la Princesa nuestro cariñoso y sincero pésame y la mayor solidaridad hoy desde Mérida.

Queridas voluntarias y queridos voluntarios,

Nuestro voluntariado es un buen ejemplo de que la moderna sociedad española, como cuerpo democrático, vivo y participativo, desea intensificar su esfuerzo para crecer con mayor justicia y solidaridad, impulsando para ello propuestas nacidas en su mismo seno. Ese origen social de tantas actividades del voluntariado, refuerza el importante respaldo que recibe de tantos sectores de nuestro país.

Sobre esta base, el voluntariado español se ha convertido, por un lado, en una potente marea solidaria de cientos de miles de personas, que buscan dar respuesta a las necesidades más acuciantes generadas por el entorno cambiante y globalizado en el que vivimos.

Ello explica, por otro lado, que las entidades españolas dedicadas a actividades de interés general hayan experimentado un espectacular crecimiento -cualitativo y cuantitativo-, y canalicen una parte sustantiva de la variada aportación que españoles de todas las edades dedican en favor de los más desasistidos. El buen hacer de estas organizaciones de acción voluntaria ha logrado un nivel de interlocución especialmente cualificado, como colaboradores indispensables de los poderes públicos para el diseño y ejecución de las políticas sociales. Esta creciente cultura de colaboración entre las Administraciones públicas y las ONGs merece ser reconocida, aplaudida y animada.

En suma, vemos que el compromiso solidario ha sensibilizado paulatinamente a grandes colectivos de la sociedad española, y ha aportado al Tercer Sector un alto grado de madurez que resulta evidente en la reflexión que este Congreso ha desarrollado durante los tres últimos días.

Buen reflejo de esa madurez, es que este XI Congreso haya podido examinar el trabajo realizado hasta hoy, analizar los nuevos retos e introducir respuestas adecuadas o mejorar las ya existentes. Ha hecho, asimismo, un esfuerzo adicional en favor de la transparencia y la calidad del funcionamiento de las distintas entidades, en la búsqueda de una adecuada estructura de ingresos o en la modernización tecnológica del trabajo. Todo ello, sin dejar de recordar que esos progresos técnicos u organizativos son instrumentos para alcanzar vuestros objetivos últimos y primordiales: la difusión de los valores, la sensibilización solidaria de nuestra sociedad y la eficiencia de la acción social.

Vuestro quehacer como voluntarios ha estado dominado por la ilusión, verdadera síntesis entre el atractivo que inspira un objetivo y la confianza audaz para conseguirlo.

Con esa ilusión, los voluntarios y vuestras organizaciones habéis dado prueba de esfuerzo y entrega para hacer de nuestro mundo un lugar más solidario, más habitable y más humano Sois un ejemplo admirable de fe en el futuro y de grandeza de corazón en el servicio a los demás.

Gracias por vuestro ejemplo, por vuestros sacrificios y desvelos, gracias por vuestra sonrisa y por el calor que sabéis aportar para calmar el dolor, paliar el desamparo y combatir la pobreza.

La Princesa y yo queremos reiteraros de corazón nuestra cercanía y nuestro compromiso con la tarea del voluntariado, contagiados de la profunda esperanza que, en todos nosotros, despiertan vuestros valores.

Con esa esperanza, declaro clausurado el Décimo Primer Congreso Estatal del Voluntariado.

Muchas gracias.

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