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Palabras de Su Majestad el Rey en la apertura de la VII Legislatura Constitucional

Madrid, 03.05.2000

S

eñora Presidenta del Congreso de los Diputados,Señora Presidenta del Senado,Señor Presidente del Gobierno,Señoras y Señores Ministros,Señoras y Señores Diputados ySenadores:

Sean mis primeras palabras, al iniciar esta Sesión solemne de Apertura de la VII Legislatura, para expresar mi respeto hacia las Cortes Generales, representación máxima de la soberanía popular, y mi reconocimiento a su trascendental tarea al servicio de España y de los españoles.

Las recientes elecciones han sido, una vez más,  fiel reflejo de la normalidad democrática con que nuestra sociedad quiere organizar su convivencia en paz y libertad. Esto, que hoy es felizmente tan natural y tan evidente para todos, es el resultado de un esfuerzo largo y sostenido, de un continuado ejercicio colectivo de inteligencia, generosidad y buen sentido del que todos, sin excepción, podemos enorgullecernos, cuyos beneficios también todos, sin excepción, debemos poder disfrutar y al que todos, en fin, tenemos que seguir aportando nuestra diaria contribución.

Muchos de ustedes, Señorías, se incorporan ahora por primera vez al Congreso de los Diputados y al Senado; otros, han renovado en estas elecciones la confianza que ya recibieron de los electores anteriormente. A todos les expreso mi felicitación más sincera y les animo a ejercer su tarea respondiendo a esa confianza con eficacia y responsabilidad.

Su labor, en la que la sociedad deposita muchos anhelos y esperanzas, será sometida al escrutinio permanente de quienes, al votarles, han puesto en sus manos la responsabilidad de contribuir al interés general mediante el desarrollo y el perfeccionamiento del ordenamiento jurídico y su adaptación a las exigencias de una sociedad en plena evolución.                                  Junto a esta trascendental labor legislativa, les corresponde también la no menos importante de controlar la gestión del Gobierno. A él, sin duda, deberán pedirle cuentas de su actuación, pero con él también habrán de buscar puntos de encuentro en aquellos asuntos que, por su naturaleza, aconsejen o requieran acuerdo y consenso.

Son Sus Señorías los representantes del pueblo español en las primeras Cortes Generales del siglo XXI. En el último cuarto del siglo XX, España ha progresado mucho en todos los órdenes, pero nuestra sociedad es cada día más exigente y sus aspiraciones son más ambiciosas.

Creo no exagerar si digo que este siglo que ahora comienza abre al horizonte de España un gran futuro. Sé que es difícil juzgar con lucidez y objetividad el tiempo presente y que a veces creemos que vivimos momentos singulares y únicos en nuestro devenir. Pero tengo la íntima convicción de que España se encuentra hoy, en este año 2000, ante una gran oportunidad, en uno de esos períodos singulares en el que el viento de la Historia nos es favorable. No nos llega por casualidad, sino como producto de un trabajo riguroso y paciente, de todos, durante las últimas décadas.

Por eso creo también que es la hora de multiplicar todas nuestras energías y aunar nuestros esfuerzos para aprovechar esa coyuntura favorable, que no debemos bajo ningún concepto dejar escapar. No se trata de un futuro de gloria transitoria ni de grandeza aparente, sino un horizonte de avances sólidos y duraderos, que pueden y deben hacer de España ese país cada día más libre, justo y próspero que todos deseamos.

La unidad en la defensa de los valores democráticos que compartimos ha de servirnos para que desaparezca de nuestra convivencia la violencia terrorista.

El terrorismo, negación máxima del orden de derecho, de la paz social y de los más elementales derechos humanos, no tiene cabida en una sociedad democrática. Por eso, ha de ser rechazado con firmeza y sin fisuras, y combatido con todos los instrumentos de los que dispone un Estado democrático hasta su erradicación.

El interés público exige generosidad y conjugar lo particular con lo general. Sé, Señorías, que su sentido de la responsabilidad y de la solidaridad les llevará a promover y defender, por encima de sus diferencias, aquellas iniciativas y proyectos que estén en el interés general de España. Para ello, es importante que el diálogo esté permanentemente presente en su trabajo y que el respeto en la confrontación legítima de ideas e intereses sea norma fundamental de su conducta parlamentaria. La democracia es esencialmente un régimen de mayorías y minorías. La contribución de unas y otras a la labor de gobierno, legislativa y de control es fundamental para su funcionamiento y eficacia.

Vivimos en una nación plural y nuestra Constitución recoge y ampara esa pluralidad al configurar a nuestro Estado como un Estado autonómico. En nuestra Nación y en nuestro Estado hay sitio para todos. A Sus Señorías corresponde en gran medida respetar esa pluralidad, conciliar sus intereses, armonizarlos y hacer de nuestro proyecto de vida colectiva una obra tolerante e integradora que sume en lugar de restar, que a todos nos sirva y a todos nos haga progresar.

Vivimos en una España que se abre cada día más al exterior, que está participando en la mundialización, convergiendo con la Unión Europea e incorporándose a la nueva sociedad de la información.

Esta exige que hagamos un gran esfuerzo en el terreno de la educación, de la investigación y de la innovación para potenciar la incorporación de las nuevas tecnologías en el desarrollo económico y social de España.

Nuestro Estado y su sistema jurídico deben prepararse y adaptarse para no entorpecer sino, al contrario, para potenciar esta evolución social de la que depende tanto nuestra prosperidad como el bienestar de las próximas generaciones.

Nuevas demandas sociales que corresponden a una sociedad avanzada y de bienestar tienen que ser atendidas desde los poderes públicos por los representantes políticos y por todos aquellos que tienen como misión fundamental velar por los intereses generales. En este sentido, es importante que Sus Señorías, representantes electos, estén cerca de los ciudadanos y próximos a sus preocupaciones, en un esfuerzo permanente para adaptar la institución parlamentaria a las nuevas realidades, de forma que les permita ser capaces de atender en su labor a estos cambios sociales y a las nuevas necesidades que la sociedad española genera.

Señoras y Señores Diputados y Senadores:

Con una nueva legislatura se abre un período de ilusión y esperanza. Aguarda a Sus Señorías una labor apasionante y trascendente, que no tengo duda que afrontarán con dedicación y entusiasmo. Hago votos para que su trabajo en estos próximos años sea particularmente fructífero al servicio de España.

Queda abierta la legislatura.

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