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Palabras de S.M. el Rey en la Academia General Militar

Zaragoza, 20.02.1977

S

iento una gran satisfacción siempre que vuelvo a la Academia, pues aquí fue donde viví los primeros años, los que nunca se olvidan, de mi vocación militar, donde experimenté las primeras impresiones del amor a la patria, del culto al honor del valor del sacrificio y del calor del compañerismo.

En esta ocasión la satisfacción se incrementa por celebrarse hoy el L aniversario del nacimiento de este Centro, cuya creación resolvió en forma definitiva algo que, entonces, constituía un importante problema y que hoy es una espléndida y vital realidad: la unión íntima y estrecha entre todas las armas y los cuerpos del ejército.

Resulta de justicia rendir en este momento tributo al esfuerzo de dos grandes soldados que pasaron ya a la Historia y que fueron los artífices del acontecimiento que festejamos: el general Primo de Rivera, creador de la Academia General Militar, y el Generalísimo Franco, su primer director.

Otra gran alegría para vuestro Rey es comprobar, al veros aquí reunidos, que en la oficialidad del ejército no hay fisuras generacionales ni quiebras espirituales. Que, con las naturales diferencias de edad y de responsabilidad, la misma emoción patriótica nos embarga a todos y el mismo espíritu de servicio anima al general y al cadete.

Las promociones que se suceden cada año se sueldan a las anteriores, formando un solo cuerpo, en cuya homogeneidad juegan un importante papel los recuerdos juveniles del campo de San Gregorio, de las calles de Zaragoza o de las oraciones ante el Pilar.

Ahora que vosotros, cadetes y aspirantes, dais los primeros pasos de una vida militar, que os deseo larga y fructífera, os animo y os exhorto a que aprovechéis bien estos años de formación, de esfuerzo, de estudio y de maduración humana. Sea cual sea el puesto que os corresponda el día de mañana, estoy seguro de que España os va a exigir cada vez más y os reclamará una mayor eficacia.

Estoy convencido de que superaremos estos años de prueba, y también que entre todos seremos capaces de ofrecer a la nación española el ejército que necesita en cada ocasión histórica y que responderá a la heroica y honrosa tradición a la que tenéis obligación de ser fieles.

A quienes, con más o menos años de vida militar, con unos u otros uniformes, os habéis unido a este importante acto, quiero subrayaros que esta unión y este compañerismo logrado en la Academia General Militar debe servir de ejemplo y de guía a la íntima compenetración existente entre las Fuerzas Armadas, y que ha de desarrollarse cada vez en más aspectos humanos y organizativos. Esta nuestra unión es indispensable para lograr la debida fortaleza de nuestros ejércitos.

Que la bandera de la Academia, símbolo de nuestros ideales, nos una y dé fuerzas en esta tarea apasionante de entrega sin reservas al servicio de la patria.

¡Viva España!

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