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Palabras de S.M. el Rey en la Ceremonia South Lawn de la Casa Blanca

EE.UU.(Washington), 23.02.2000

S

eñor Presidente,

Permitame que, en esta primera ocasión que tengo de manifestarme publicamente en territorio de los Estados Unidos, exprese mi conmoción y radical condena, que son las de todo el pueblo español, por el asesinato ayer, a manos de la banda terrorista ETA, del Portavoz Socialista en el Parlamento Vasco y de su escolta.

Este nuevo crimen horrendo pone de manifiesto el más absoluto desprecio por los derechos humanos y por el más valioso de todos ellos, el derecho a la vida, por parte de quienes pretenden imponer sus ideas totalitarias por la fuerza y combatir con ella la paz, la libertad y la convivencia en democracia del pueblo vasco y de todo el pueblo español.

Señor Presidente,

Señora Clinton,

Señoras y Señores,

Deseo agradecerles su cordial bienvenida y expresarles la profunda satisfacción que sentimos la Reina y yo por encontrarnos nuevamente en Estados Unidos, país que conocemos bien y al que tanto admiramos.

Hace casi veinticuatro años, efectué mi primera visita a este país como Rey de España. Las circunstancias de entonces eran muy diferentes de las actuales y tuve la oportunidad de dar a conocer los ambiciosos proyectos de reformas y el gran cambio político, económico y social que España se disponía a dar en aquellos momentos.

Pude comprobar entonces, como en las repetidas ocasiones en que he tenido oportunidad de viajar a este gran país, y como ahora, la gran hospitalidad que caracteriza al pueblo americano y la existencia de unas relaciones de amistad que el transcurrir del tiempo no ha hecho más que enriquecer y mejorar.

En estos años han cambiado muchas cosas. España se ha transformado en un país avanzado económica y socialmente, profundamente integrado en Europa, con un peso creciente en la escena internacional y dispuesto a asumir en ella responsabilidades cada vez mayores. Estados Unidos es hoy la primera potencia mundial política, económica y militar y, bajo el liderazgo de usted, señor Presidente, ha conocido en los últimos años una época de prosperidad sin precedentes.

El mundo que conocimos entonces ha desaparecido y, si bien ya no vivimos bajo la sombra de la guerra fría, han surgido nuevos retos que exigen respuestas urgentes.

Estas respuestas serán mucho más completas y eficaces si tratamos de encontrarlas conjuntamente los europeos y los norteamericanos. Por ello, España considera que la relación entre Europa y los Estados Unidos de América tiene una importancia fundamental.

Como miembros de la Unión Europea, conformamos y apoyamos decididamente el llamado diálogo transatlántico, con la convicción firme de que europeos y norteamericanos debemos actuar coordinadamente ante los problemas de orden global que nos afectan a ambos.

Como miembros plenos de la Alianza Atlántica, formamos parte del sistema de defensa y seguridad que busca garantizar la paz y la estabilidad en su zona geográfica, preservando el indispensable vínculo de seguridad transatlántica.

Nuestra relación bilateral se ha nutrido de todos estos elementos y ha florecido al amparo de nuestra historia común y de los valores e intereses que compartimos.

Esta relación se refuerza cuando juntos tratamos de dar respuesta a los grandes desafíos con que nos enfrentamos y a las extraordinarias oportunidades que se nos abren en este mundo global del siglo XXI.

Las posibilidades de colaboración son casi inagotables en áreas como la cultura, la educación, la investigación científica y tecnológica, la industria y el comercio.

Señor Presidente,

Cuando veo nuestras banderas aquí enarboladas, recuerdo que, de los 487 años que han transcurrido desde que Ponce de León avistase por primera vez las costas de Florida, ha ondeado la española en distintos Estados y por períodos más o menos largos, durante más de tres siglos. En muchas partes de este país se advierte la huella de la presencia española. Este es un hecho que a nosotros nos llena de profunda satisfacción y orgullo y que debe ser conocido y valorado.

Es preciso recordar también que España y Estados Unidos estuvieron juntos en el momento del nacimiento de esta gran nación. Ahora, en los albores del segundo milenio, nuestros dos países deben seguir estándolo para promover los valores de justicia, democracia y libertad en todo el mundo y los avances en los terrenos económico, cultural, científico y tecnológico.

Decía el filósofo español Luis Vives que "no hay riqueza tan segura como un amigo seguro". Nosotros seguiremos trabajando para que la profunda amistad existente entre España y Estados Unidos continúe fortaleciéndose y desarrollándose, porque con ello contribuiremos también al bienestar y a la prosperidad de nuestros dos pueblos.

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