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Palabras de Su Majestad el Rey en el almuerzo ofrecido por las Cámaras de Comercio y el ICEX

EE.UU.(Miami), 02.04.2001

S

eñoras y Señores,

Quisiera que mis primeras palabras sean para expresar nuestro agradecimiento a todos ustedes por su presencia hoy aquí y nuestra satisfacción al comprobar la dimensión creciente del conjunto de empresas españolas establecidas en este Estado.

La presencia empresarial española en La Florida, que tan dignamente ustedes representan, resulta extraordinaria por muchos aspectos, aunque quisiera señalar dos: su significado y ubicación. El Estado de Florida es un núcleo centrífugo de desarrollo dentro de otro aún mayor como son los Estados Unidos de América y, a la vez, antesala de Iberoamérica, la región del mundo prioritaria en nuestra acción.

La creciente presencia de nuestras inversiones y empresas a este lado del Océano Atlántico y en este condado en particular, es un hecho que se nos antojaría imposible hace tan sólo 15 años. No ya por su magnitud actual, sino como objetivo en sí mismo.

La realidad y la voluntad política nos han dirigido afortunadamente hacia un modelo de crecimiento orientado hacia el exterior y que ha discurrido por dos raíles: la integración y la globalización.

La presencia aquí de empresas españolas es una perfecta síntesis de los resultados de nuestra integración monetaria en Europa, así como del proceso de globalización en el que se encuentra inmersa nuestra economía y sus agentes desde hace años.

Nuestro ingreso como miembro fundador del euro desde enero de 1999 supuso la asunción irrevocable de una sola disciplina monetaria compartida con otros diez Estados miembros de la Unión Monetaria. El vértigo que producía aquella transformación generó temores e incertidumbres. La realidad demostró que cada vez que España experimenta un proceso de apertura hacia el exterior sus resultados económicos a medio plazo son muy positivos.

La disciplina y el rigor que imponen nuestra pertenencia al privilegiado grupo de países creadores del euro, son aplicables a todos los agentes de nuestra sociedad, Administraciones Públicas y empresas.

Son precisamente estas últimas, las que han cosechado los beneficios de la aplicación de esa disciplina, a través del mantenimiento de la competitividad, la mejora de la calidad, la introducción de nuevas técnicas de gestión y la aplicación de nuevos sistemas y tecnologías de la información.

A un nivel más amplio, la competencia en el continente europeo, y en la zona euro en particular, ha exigido la búsqueda de una dimensión óptima, que trascienda el tradicional concepto de nuestro mercado doméstico.

Nuestras empresas han hecho frente al reto de la competencia y del gran mercado adquiriendo dimensión y cuota con inteligencia. Quiero decir con ello, que no se han limitado a adquirir dicha dimensión tan sólo en Europa, sino que han comprendido que la dinámica del mundo y de la economía global significa que invertir en Estados Unidos o en Iberoamérica es invertir también para España y por tanto, para la Europa del euro.

De ahí el profundo significado de su presencia aquí en La Florida, como también lo es en el caso de otras muchas empresas españolas que operan en Iberoamérica, donde las inversiones españolas representan el 62% del total de los capitales dirigidos al exterior de nuestro mercado. Conjuntamente con Estados Unidos, los dos hemisferios del continente americano han absorbido el 75% de la inversión directa española en el exterior. El significado de esta apuesta sobre nuestra economía es claro si se pone de manifiesto que este flujo de inversión se aproxima al 6% de nuestra riqueza nacional medida en términos de Producto Interior Bruto.

Por ello, quiero reiterarles que, en su conjunto, su implantación empresarial en este Estado no es independiente del proceso de apertura y liberalización que han emprendido con éxito nuestros compatriotas en el continente europeo.

Así, la integración y la globalización han sido y serán las dos caras de una misma moneda denominada internacionalización. En nuestro caso, la internacionalización de nuestra economía por medio de nuestras empresas ha supuesto una transformación radical de nuestra sociedad. Esta transformación tan positiva es un elemento valiosísimo que se encuentra depositado en el haber de la clase empresarial.

Permitidme que comparta ahora algunas consideraciones sobre el significado de Miami y del Estado de Florida en el contexto de este acto.

No me referiré al significado histórico pese a que la tentación es grande y los recursos numerosos, sino fundamentalmente a la Florida del siglo XXI, en la vanguardia del país que ejerce el liderazgo económico y tecnológico mundial.

Florida no es -como pudiera contemplarse de forma equivocada hace más de 20 años- un objetivo de inversión caprichoso cuya justificación pudiera radicar en la existencia parcial de una lengua común.

Desde España se conoce bien lo que Florida representa, tanto en términos estáticos como dinámicos. Una rápida observación de sus principales datos impresiona. Particularmente el comprobar cómo en términos absolutos el Producto Interior Bruto de Florida la situaría como la decimoquinta economía del mundo, o cómo su renta per cápita, de 27.000 dólares, le colocaría en segundo lugar de la Unión Europea tras Luxemburgo, la nación más rica del continente europeo en términos relativos.

Estos datos son suficientemente elocuentes de la dificultad intrínseca del establecimiento en un mercado tan desarrollado y competitivo, y nadie mejor que ustedes ha calibrado los costes y los beneficios de esta decisión.

Entre estos últimos, se encuentran no solamente los puramente financieros, que contribuyen a mejorar los resultados de explotación de sus empresas a corto plazo, sino otros cuyos resultados en términos de mejora estructural de productividad y, por lo tanto, de la economía española veremos en un plazo breve.

Esta gran Nación que es Estados Unidos, se encuentra indiscutiblemente a la cabeza de un modelo económico que en Europa y en España compartimos, si bien con los matices que constituyen nuestra herencia social irrenunciable.

Estamos asistiendo a una tremenda aceleración en este modelo económico, que tiene su origen aquí, merced al espectacular proceso de innovación tecnológica y a su aplicación al desarrollo. La era de las nuevas tecnologías representa para nuestra sociedad una transformación equiparable a las de las dos anteriores revoluciones industriales.

El Gobierno español ha otorgado al desarrollo y divulgación de las nuevas tecnologías una prioridad máxima, no solamente con la creación de un Ministerio específicamente consagrado a la Ciencia y la Tecnología, sino a través de la progresiva incorporación de esta materia en los planes de estudio de las escuelas.

Pero la aportación de las empresas debe ser complementaria con la de los poderes públicos en este proceso de divulgación tecnológica. En el siglo XX los economistas de entreguerras proclamaban que entre los beneficios del libre comercio se encontraba la difusión de la innovación tecnológica. Hoy en día, nadie duda en afirmar lo propio en relación a la inversión directa y al establecimiento de empresas.

Les invito a que sigan desempeñando ese papel de correa de transmisión, aunque, en este caso, en dos direcciones, no solamente hacia España, sino hacia Iberoamérica, región prioritaria para nuestro país, y cuya prosperidad, desarrollo y estabilidad constituye un objetivo en el que España y Estados Unidos se encuentran hermanadas.

Quisiera antes de finalizar, compartir algunas reflexiones sobre el papel que aún nos corresponde desempeñar respecto de las generaciones venideras. Creo que esta tierra, testigo respetuoso de la presencia de nuestros antepasados es un lugar idóneo para hacerlo.

Les animo a que no nos instalemos en la complacencia ante lo conseguido, pese a que sea mucho, bueno y en muy poco tiempo.

Sabemos, porque hemos luchado por ello, que el futuro se gana con el esfuerzo diario. Y el país en el que nos encontramos, y Miami en particular, constituyen un magnífico ejemplo. La riqueza creada por vuestra actividad empresarial y el conocimiento técnico adquirido en ella deben ser elementos precursores que estimulen la inquietud y el talento futuros.

El fruto del esfuerzo empresarial de vuestra generación, así como de las venideras, debe servir de "testigo" para que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos sigan construyendo una España aún más dinámica, más próspera, más solidaria con los que menos pueden, más integrada en el continente al que pertenecemos y más unida al mundo al que nos debemos.

Muchas gracias.

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